sábado, 27 de enero de 2018

SOLENOIDE. UN VAJE ONÍRICO ALREDEDOR DE LOS YOES DE CĂRTĂRESCU

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Cărtărescu en las jornadas Leteo
Solenoide es una novela compleja, ambiciosa, rizomática, la obra magna de Mircea Cărtărescu. Estamos ante una enciclopedia vital y literaria que resume su biocosmos, su filosofía literaria, y revela la poética tan particular que posee el autor rumano para reescribir la realidad más trivial desde las lindes de la ficción fantástica. En este sentido, Solenoide, como otras de sus anteriores novelas –“REM”, Cegador, Lulu– solapa elementos extraídos de la realidad gris de Bucarest (una ciudad mitificada por el autor y transformada en espacio onírico-cósmico) y visiones alucinantes que escenifican un submundo extraordinario poblado de seres monstruosos, museos de horrores, criaturas deformes, cultos misteriosos y espacios indescriptibles llenos de cegadora belleza, pero que se enclavan fuera de las coordenadas geográficas y cronológicas de nuestro mundo.  Esta novela se puede leer como una autobiografía imaginaria que participa del relato fantástico, el diario, la novela realista –recordemos que recurre a episodios en los que la sociedad y el tiempo histórico de la Bucarest comunista y postcomunista son reflejados con insólita viveza– pero que, hibridando géneros, traspasa los límites de la mera obra para construir un artefacto lúdico de invención inusitada. Lo grotesco y lo hermoso conviven en la mente del autor. En efecto, es paradójico el contraste que se establece entre la ruinosa arquitectura de Bucarest, una urbe gris, sucia y vieja de que parece haber sido construida ya en su actual aspecto decadente, según se reitera en numerosas ocasiones a lo largo de la novela, y la luminosa vida interior que emana de la mente cósmica del narrador y que funciona como puerta de acceso a ese mundo fantástico que existe paralelo al real.
Escrita en primera persona, pero sin mencionar en ningún momento el nombre del narrador-protagonista, suponemos que el héroe del relato encarna al autor, no al autor biográfico pero sí un avatar ficcionalizado. De hecho, el propio Cărtărescu ha aclarado en una entrevista al periódico ABC que “El personaje de «Solenoide», en realidad, es el protagonista de mi vida imaginaria. Hasta los veintidós años el narrador que aparece en el libro soy yo mismo, y a partir de ese preciso momento se convierte en una persona completamente diferente a mí”. Es decir, es un yo bifurcado. El narrador confiesa, en este sentido, que tan solo ha escrito sobre sí mismo, que durante treinta años ha reunido un “estudio completo sobre mi mundo interior, pues no alcanzo ni a  imaginar haber escrito alguna vez sobre otra cosa” (p. 41). En efecto, la novela se puede leer como una peculiar ucronía autoficcional, una deriva autobiográfica del yo por un mundo paralelo diferente al factual; y tan autoconsciente es el autor de esta paradoja que incluso se plantea un improbable encuentro entre los dos yoes: el fracasado narrador de esta ficción y el Cărtărescu extratextual, quien ha triunfado en su carrera literaria y que, nosotros los lectores, asimilamos con el autor del libro que estamos leyendo. David Roas y Ana Casa han examinado esta tipología de doppelgänger en la literatura fantástica contemporánea, un tipo de doble que lo que “encarna es una alternativa, como si la vida del personaje en cierto momento se hubiera dividido en dos caminos que se habrían desarrollado independientemente”. El narrador revela que en una ocasión tuvo la oportunidad de leer unos versos en público de su poema La caída, pero el fracaso le impidió ser escritor. De este modo, en el relato se reitera su condición de autor frustrado, es decir, de no-escritor, proyectando una anti-identidad, una realidad paralela y contrafactual en la que el fracaso temprano le hubiese privado de una vida de gloria literaria. En definitiva, una realidad alternativa, de la que duda constantemente, en la que se cuelan reflejos desde el otro lado de esta realidad nuestra, un trayecto “por el cual avanzamos en la telaraña de la vida, como en un sueño (…) y se transforma en historia, es decir, en memoria”, mientras los sosias alternativos giran en otra dirección, que como espectros “se nos revelarán en los espejos y en los sueños, los fantasmas con nuestro rostro” (p. 471). No obstante, otros atributos personales se conservan en el avatar de ficción y permiten establecer un juego de identificación entre el narrador-protagonista y el autor: profesor de rumano en una escuela, su apego a Bucarest, además de otras señales recurrentes en otros de sus libros y que configuran su universo privado.
Los hilos de la historia de este mediocre profesor se entrelazan con otras historias, con libros maravillosos, como el manuscrito Voynich y con personajes estrambóticos. La vida está descrita con gran realismo, lo que contrasta con los episodios fantásticos, casi pertenecientes a lo maravilloso, según la clasificación todoroviana. Además, la prosa del autor rumano empareja todos estos elementos tan dispares con su habitual hálito de melancolía y tristeza, que hacen de este “Evangelio, según Mircea” un libro conmovedor, místico y complejo, que reverbera los textos de las religiones antiguas, Kafka, Arthur C. Clarke o su compatriota Max Blecher.

El mundo novelístico de Mircea Cărtărescu, en general, es  una selva profusa, como el lenguaje que lo describe, un entramado textual gótico y saturado de neologismos y referencias, un universo de sedimentos biográficos, fantásticos, históricos, filosóficos,  que describe (más bien funda) la ciudad de Bucarest y por cuyo circuito de venas-avenidas viajan seres de otras dimensiones que giran en espiral en torno al yo alucinado de su narrador. Un libro despegado de lo terrenal, con un final apoteósico, que tiende a la alegoría y que confirma a Cărtărescu como el último gran escritor onírico de nuestra era.

lunes, 15 de enero de 2018

EL ARTE COMO FAST-FOOD

PUBLICADO EN LIBROS, LA OPINIÓN DE MURCIA 13 enero de 2018

Vivimos en la era de la abundancia, no tener es más un defecto personal que un fracaso del sistema. Todo nos sobra en Occidente: el arte, los libros son residuos de una sociedad bien alimentada. Se ofrecen novelas a 0 euros en Amazon, en la red la música y las películas se despachan al ritmo hay más escritores que lectores. Este estribillo resume nuestra sociedad de consumo cultural, es el reflejo de una subversión macabra de los elementos comunicativos: muchos hablan y pocos o ninguno escuchan. Las posibilidades para editar un libro son tan numerosas y hacen tan accesible imprimir y encuadernas tomos rellenos de párrafos que cualquiera con un mínimo interés puede convertirse en un autor publicado. Lo importante no es decir algo nuevo, porque todo está dicho. Lo importante es decir, ser visible y que la gente te escuche. Los libros son cifras, no mensajes. Los más vendidos, cuántas páginas tienen, a cuántos idiomas se han traducido, cuántos ejemplares, el número 1 de la lista de Navidad. Los youtubers, escritores sin libro, son los nuevos autores, los más seguidos/leídos porque han roto la barrera fatigosa del texto, ya no hay que molestarse en pasar páginas, tan solo cliquear y permanecer catatónicos frente a la pantalla del ordenador. El pago es un “megusta”. Cualquiera puede ser youtuber, es decir, escritor sin texto. La cultura, por tanto, ha sido despojada de su placer sensual, ya no cotiza en la bolsa de valores en la que participabas con algunas acciones tras un período de formación y sacrificio. Ver la televisión es la nueva “cultura de masas”, el folletín contemporáneo. Todo está en la televisión, desde la vida del famoso hasta el partido de fútbol. Se ha vuelto un artilugio interactivo que te conecta con el mundo y te regala la sensación de no estar solo en tu salón. Y ahora también las series. Hay en las series esa atracción que nos hace vibrar porque oscilan entre la obra de arte premeditada y la inmediatez, entre el artefacto elaborado y rebosante de genialidad y la pantomima del directo que se controla con un mando a distancia, en pijama, sin salir de casa. Los primeros espectadores de las obras de Shakespeare posiblemente se sintieron del mismo modo. Perplejos ante un arte nuevo que no sabían explicar pero que fascinaba por igual a campesinos y nobles. Un espejo que les ofrecía, como a nosotros la televisión, una imagen mejorada de ellos mismos. Un “entremés” que se consumía con la voracidad y la inconsciencia con la que un joven devora hamburguesas con cola.


El arte de ahora ya no se disfruta con la lentitud de una novela o una pintura barroca. El arte se consume. Se mastica y se regurgita a la velocidad del video-clip, se expulsa y se olvida rápidamente para dejar paso el siguiente capítulo, a la próxima novedad editorial, al nuevo pop star de la academia de canto televisado.  El nuevo arte se consume y se vomita en las redes con comentarios y twitters que sirven para retroalimentar la cadena de montaje de este arte fast-food. ¿Es mejor o peor que hace unos años? La pregunta es trampa porque toda comparación adolece de una anacronía. ¿Con qué compararlo, con el teatro del Siglo de Oro o con los entornos de realidad virtual del próximo milenio? Somos hijos de nuestro tiempo. Lo consumimos en silencio o gritando, mientras esperamos que pronto, muy pronto, salga la próxima temporada de nuestra serie favorita.

miércoles, 10 de enero de 2018

LIBROS TRADUCIDOS


 

En los últimos meses tres de mis libros se han traducido a otros idiomas gracias a la plataforma editorial Babelcube. Los huéspedes (Gli Ospiti) y El absurdo fin de la realidad (L`asurdo fine de la realtà) al italiano  traducciones de René Eduardo Galindo). Hijos de un dios extraño (Filhos de um deus estranho, traducción de André Barroso).
Hay en marcha una traducción al francés de El absurdo fin de la realidad .

sábado, 2 de diciembre de 2017

PROSA DE LA DESOLACIÓN.

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La literatura del siglo XX hasta nuestros días parece vindicar una poética de la desolación. Desde Joyce, Beckett o Kafka, pasando por Blanchot, el hombre está aislado en el centro de la ficción. Muchos son los autores que han bebido de esta tendencia basada en la degradación paulatina del ser humano hasta convertirlo en objeto, entidad desarraigada de su entorno y por tanto, desolado. A esta corriente secreta de la Prosa de la Desolación han contribuido escritores como Vila-Matas, cuyos protagonistas, aunque felices, están enfermos de literatura  y viven aislados de la realidad; Bellatin, oscuro prosista cuya característica principal consiste en abandonar a sus narradores en espacios herméticamente cerrados y cercenados por el dolor, la mutilación o el estupro; o Hidalgo Bayal, escritor que recuerda a João Gilberto Noll en el procedimiento tan hábil de transformar, mediante la supremacía de la prosa, un entorno cotidiano en un ámbito desolador y asfixiante. No obstante, la prosa de Noll es llana y se aleja de los destellos poéticos del escritor extremeño.
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En Hotel Atlántico narra desde su habitual primera persona una historia sencilla pero tan oscura como cotidiana. Un hombre, que parece ser un actor de segunda, vaga sin destino concreto, parece huir pero no sabemos de qué y se desplaza, como un personaje de Gombrowicz, sin aparentes motivaciones. Encuentra asesinatos a su paso, se ve envuelto en situaciones dantescas, es perseguido por asesinos sin razones aparentes y es sometido a una inexplicable mutilación. Su destino es tan trágico como absurdo.
            La historia comienza en un hotel y  termina, cerrando el círculo, en el Hotel Atlántico. Esta última parada augura el comienzo de una nueva vida, pero la felicidad es tan efímera como la realidad, y un poso de nostalgia y tristeza inunda las últimas escenas de este viaje sin sentido.
Si el arte imita la vida, las narraciones de Noll reflejan esos rincones oscuros de la realidad que pasan desapercibidos al resto de los mortales. Nuestro narrador es un maestro de los matices, un cuidadoso observador de las zonas más siniestras de la naturaleza humana. Sin aspavientos ni excesos, la prosa de Noll discurre con suavidad pero nos conduce a esferas defectuosas de la realidad, a esos lúgubres espacios que jamás nos habríamos imaginado que existían para develarnos que tras el telón de nuestras vidas todo es desolación.
P.D. J.G. NOLL falleció en marzo de este año. Sirva este reseña como homenaje mínimo a un autor tan desconocido como valioso.

            

sábado, 11 de noviembre de 2017

FILHOS DE UM DEUS ESTRANHO

El libro de cuentos "Hijos de un dios extraño" verá la luz en su primera versión al portugués de la mano de Babelcube. La traducción ha sido llevada a cabo por André Barroso. Incluye un relato inédito que no constaba en la edición española: "Encontro casual", pieza que se llevó al cine por Miguel Peñalver en forma de cortometraje.

domingo, 8 de octubre de 2017

UN PASEO POR LA DESGRACIA AJENA, JAVIER MORENO

PUBLICADO EN LA OPINIÓN DE MURCIA, SUPLEMENTO LIBROS, 30-9-2017

Los artefactos narrativos de Javier Moreno se han caracterizado por un realismo expresionista, una cuidada prosa al servicio de la inteligencia y una capacidad inusual para convertir relatos de aparente trivialidad en piezas de arte contemporáneo, cuyo significado es siempre múltiple, abierto y en constante diálogo con el lector. Estos cuentos aquí reunidos también participan de las características habituales que Moreno ha logrado imprimir en sus novelas anteriores: ironía brutal, una lúcida mirada con la que analiza la sociedad en la que vivimos, además de un estilo hipercorrecto con el que se disfruta con el simple y mecánico hecho de leer.
En estos cuentos, que como el título anuncia, esbozan un tratado sobre la desgracia de los seres contemporáneos, encontramos una sutil tensión que se despliega, a pesar de contener un sinfín de emociones con la habilidad de un narrador compacto, solvente pero frío y distante. Moreno acude al interior del ser humano del siglo XXI para indagar sobre sus neuras, temores y obsesiones. Y, como toda literatura que aspira a ser un objeto compartido de ideas y símbolos, logra reflejarnos a nosotros mismos, con nuestras miserias cotidianas y nuestras desdichas. En este sentido, el adjetivo “ajena” del título resulta casi una broma macabra y otra de las ironías del autor, porque en realidad, todos nos sentiremos partícipes del phatos de los personajes-marionetas de este libro. Y adjetivar de marionetas a los personajes de esta antología no es casual ya que como si de una puesta en escena se tratara, algunos de los cuentos que leemos parecen participar de la textura de performances. Funcionan como artefactos no tanto narrativos sino como fragmentos de un espectáculo que se exponen en una galería virtual, cuyos vínculos con la realidad están mediados por las nuevas tecnologías: redes sociales, teléfonos móviles y aplicaciones innovadoras que nos (in)comunican.Resultado de imagen de paseo por la desgracia ajena moreno
Son diversos los argumentos, pero en general se puede hacer una lectura transversal que los unifique. En cada uno de estos cuentos encontraremos la incapacidad cada vez más acuciante de comunicarnos entre nosotros, lo que en el fondo, deviene en una falta de comprensión de nosotros mismos. Y sobre todo, la sensación de que estos actores librescos tratan de luchar sin demasiado éxito contra sus contrariedades, en entornos habituales pero que las circunstancias los vuelven inhóspitos. La crónica de un accidente anunciado, los avatares de unos niños que juegan bajo la desatenta de sus padres, un coche fúnebre que se empeña en celebrar una carrera de velocidad, un premio que recuerda la Fábrica de chocolate de Burton pero en versión beckettiana o las enigmáticas y bellas vampiresas que celebran la muerte capturándola en selfies macabros.
La muerte, de hecho, está también presente en algunos de los cuentos. Es curioso el relato “Gota de ámbar”, en el que todo es insinuado y terroríficamente banal; “El arquitecto y la modelo”, una pieza en la que un artista trata de atrapar la efímera arquitectura del cuerpo femenino hasta que él mismo queda atrapado en la nefasta construcción del amor; o “Phoenix”, un texto semiepistolar, que nos habla de un sistema mediante el cual se puede mantener comunicación con tus seres queridos tras la muerte.

Moreno reactualiza el presente y convoca la propia realidad para desplegar un mosaico en el que los resquicios más atávicos del ser humano y la hipertecnificación más acuciante se imbrican, convirtiendo nuestra sociedad (la que Moreno presenta) en un selfie desdichado de cada uno de nosotros. Breves textos, que al modo de apps diseñadas por un filósofo  tratasen de ordenar el caos de un mundo abocado a la desgracia.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

CANGROREGINA. RELATO DE UN HOMBRE ABSURDO




PUBLICADO EN LA OPINIÓN DE MURCIA, SUPLEMENTO "LIBROS" EN 23 SEPT. 2017
La entrada por primera vez en el universo de un escritor puede suponer su aceptación total, su rechazo o una postura ambigua e indefinida que nos impide emitir un juicio objetivo respecto a su obra. Esta sensación de ambigüedad es la que me ha producido el primer libro que leo del italiano Tommaso Landolfi (1908-1979), Cangrogenia. Tommaso Landolfi un autor raro, como Manganelli o Buzzati, y de los más destacados de la Italia del siglo pasado. Hasta Harold Bloom alabó su obra. No obstante creo que es poco conocido, y traducido, en nuestro país. 
Cangrogenia se trata de una rara avis pieza de ciencia ficción que apropiándose de los códigos del género (máquinas, viajes en el espacio, científicos locos) propone un texto existencialista, perverso, grotesco y desmedido, que tiene más de Kafka, Ionesco o Camus que de la ruptura ontológica de K. Dick o del lirismo de un Bradbury. 
La historia es más bien sencilla: nuestro protagonista y narrador es convencido por un loco (iluminado, genio, quizá excéntrico) para viajar a la Luna en una misión mesiánica. No obstante, el viaje de proporciones hiperbólicas se verá dificultado por una serie de inconvenientes y reducido a una vuelta eterna a la Tierra. En efecto, el relato consiste en el diario espasmódico y a tiempo real que el narrador consigue esbozar en su viaje alrededor de la Tierra y que dedica a un lector improbable. Un viaje absurdo, sin destino, en el que los fantasmas de la locura, la soledad y el miedo estimulan un alucinógeno discurso marcado por lo paradójico. Sería esta una novela oscura y grotesca si no fuese por la ironía que Landolfi consigue destilar, haciendo que la aventura a bordo de Cangrogenia, como el viaje de Lemur Gulliver, funcione como un espejo de la condición humana. Además, la máquina que da nombre a la novela es presentada como una criatura fascinante, con vida y voluntad propia, a la que hay que alimentar, y cuya indefinición nos conmueve a la vez que nos inquieta. 
Cangrogenia es el relato de un hombre absurdo, abocado a su propio declive personal en una empresa fatal y disparatada. También es el retrato de un ser sencillo y la certificación de que la locura se distancia de la cordura por una fina tela fabricada con los mimbres tenues de la realidad. 



domingo, 17 de septiembre de 2017

LOS HUÉSPEDES, en italiano/Italian version of "Los huéspedes"

Próximamente/Coming soon:


Sono stato invitato io a un simposio di letteratura segreta. Non so molto di più, solo che l’evento si farà in un posto sconosciuto. Ancora non si ha svelato il luogo, nelle date, nemmeno so chi organizza, chi verrà, il tema generale oppure le intenzioni o le motivazioni della riunione. Tutto è molto segreto. Tutto è ricoperto da un fino strato di silenzio e nebbia – nebbia metaforica, certo - che fa di questo evento futuro e imminente, un punto sfocato in cui al fissare il mio sguardo vedo una misteriosa premonizione, nuvolosa. In realtà non so bene di cosa sto parlando, le immagini di qualcosa, che non so cos’è, ballano nella mia stordita testa, ma cosa c’è di più misterioso che lo stesso mistero senza tempo ne data?
Sono stato invitato io. Ad un simposio di letteratura segreta. Sarò io anche un uomo segreto? 
            Sono emozionato. Sono stordito. Ma, sopra tutto, ho tanta noia, porto tanti anni dedicati alla indecisione che sto appunto di esplodere di felicità. Mia noia è una nebbia densa che le nuove prospettive che si aprono sono riuscite a scogliere. Mi annoiavo così tanto che quasi mi sentivo uno zombie. E adesso, è arrivata la resurrezione dell’allegria con questo inaspettato invito. Più di dieci anni senza che capitasse niente di interessante in vita mia. E adesso, subitamente, un invito a un simposio SEGRETO!

domingo, 10 de septiembre de 2017

MUÑECAS HINCHABLES



Nos cuenta Ovidio en sus Metamorfosis, «Libro X», que Pigmalión se enamoró de una estatua que él mismo había creado con blanco marfil. Se enamoró de una imagen que preexistía en su mente y que proyectó en la escultura blanca.
Este idilio se ha repetido desde entonces multitud de veces. Han cambiado los personajes, pero se mantiene el acto de amor entre el hombre y el ser artificial.
E.T.A Hoffmann, uno de los inventores del terror moderno, ideó en su relato “El hombre de arena” un ambiguo amor. Nathanael es seducido por Olimpia, un infame artefacto con forma femenina. Al final, morirá presa de la locura.
A finales del siglo XIX Auguste Villiers de l'Isle-Adam escribió una de las primeras novelas de ciencia ficción en la que un hombre se enamora de una mujer artificial. La Eva futura.
Millones de personas enamoradas, en la distancia, de imágenes reproducidas en revistas, cuadros famosos,  fotogramas en forma de Irina Shayk o Rita Hayworth.  Pigmaliones de luz que la pantalla del televisor ha esculpido en la soledad de nuestro salón. Enamorados de seres irreales.
Los de Radio Futura, en una canción, afirmaban estar enamorados de los maniquís.
En la película de Hirokazu Koreeda, Air doll, una muñeca hinchable cobra vida, abandona la casa de su dueño enamorado y encuentra el amor en otra parte.
Buñuel en Tamaño natural ya ensayó este subgénero de romance artificial, pero añadiendo sus dosis de humor, ironía y crítica social.
En otra película, Lars and the real girl, la soledad y el aislamiento impulsan a su excéntrico protagonista a contraer una relación plastificada con una muñeca. Ella es muy sensible, muy tranquila. Como Lars, por eso se entienden. Ella es de silicona.
Los amantes de silicona es una novela de Javier Tomeo. Una pareja compra sendos juguetes humanoides con los que mantienen relaciones sexuales para edulcorar su decaída relación. Un día, a la vuelta del trabajo, el matrimonio encuentra a los dos muñecos fornicando entre sí. El amor se desplaza a su propia parcela de artificialidad.
En un capítulo de la serie Black Mirror, una joven que ha perdido a su novio, adquiere una reproducción artificial. Idéntica en todo. Casi, porque no es un humano, es un robot. El amor sigue.

Este tema se podría alargar hasta el infinito en películas y otros relatos. Desde Blade Runner (quién no se enamoró de Geena Davis) hasta Ex Machina, de Alex Garland,  o la serie Westworld, en la que una bella ginoide Dolores cautiva por su humanidad imposible y su pureza.
Finalmente en Her, sublime película, Joaquín Phoenix se enamora de una voz, del sistema operativo de su teléfono móvil. Creo que aquí llegamos a la máxima expresión, cruce de locura y deseo desesperado que nace en el Romanticismo y engarza con la posmodernidad, el giro brutal, el bucle perfecto en el que la idealización de un arquetipo femenino logra vampirizar un corazón y sobrevivir en forma de ficción indescifrable mediante la inasible forma de un sonido generado por una máquina. El amor (entre el hombre y la máquina) está en el aire, en la fibra óptica, en las redes inhalámbricas pero también en los corazones.




sábado, 15 de julio de 2017

CARTA SOBRE LOS CIEGOS PARA USO DE LOS QUE PUEDEN VER, de Mario Bellatin

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Resultado de imagen de carta sobre los ciegos mario bellatinComo en otros textos de Mario Bellatin Carta sobre los ciegos… se apropia de los modos discursivos de otros formatos, en este caso, la carta. Este es una de tantos mecanismos que utiliza el autor mexicano-peruano para configurar su prosa como un simulacro. Recordemos, por citar tan solo dos ejemplos, El libro uruguayo de los muertos, que también se desplegaba como una extensa carta; o Jacobo el mutante, una supuesta rescritura de una novela de Joseph Roth. Aunque pronto descubrimos que esta misiva no es tal, sino que el relato consiste en la comunicación –más bien un monólogo– que se establece entre dos hermanos ciegos y sordos. La hermana, quien logra oír muy débilmente, a través de un aparato que los conecta, le da cuenta a su siamés de lo que acontece a su alrededor. Ambos viven, sumidos en una oscuridad atroz, en la Colonia de Alienados de Etchepare. Allí, en el siniestro pabellón de naturaleza semiclandestina, vallado con alambres eléctricos, reciben la visita de un escritor que se propone hacerles escribir un texto en conjunto. Un escritor anónimo de escaso éxito pero que reflecta la imagen distorsionada del propio Mario Bellatin: estudió cine, es “físicamente deforme” y ha escrito un gran número de libros.
El relato, en definitiva, consiste en el discurso ininterrumpido y ansioso de esta hermana, que se dirige a su hermano, en un monólogo alternado por la dulzura y la perversión, en el que como un ritornello, retoma una y otra vez, de  modo obsesivo los mismos temas: los perros mandados sacrificar por Mohamed, la presencia de la madre, una historia sobre un barco que naufragó, el acecho de ratas, las violaciones, el incesto, la escritura como acceso y deformación de la realidad.
Bellatin recrea un universo de detalles mínimos que logra trasmitir una angustia asfixiante y enrarecida, en el que lo grotesco no solo se manifiesta argumentalmente. La estructura monótona del discurso también coadyuva a plasmar esa sensación de malestar. Las vagas y subjetivas referencias al mundo exterior pierden su calidad mimética y despojan de sentido cualquier intento de aproximación a la realidad: fotógrafos ciegos, androginia sexual de una narradora con pene o jaurías que atacan a los pacientes de este centro para lunáticos que deviene escenario distópico en un mundo carente de toda referencia espacio-temporal.
Además, las referencias literarias desdibujan también los contornos y dificultan una lectura realista de Carta sobre los ciegos.... Bellatin acude a Kafka, Lydia Davis, Diderot o sus propios textos pero deformando los vínculos, recreándose en lo apócrifo y lo marginal para enrarecer un texto que ya de por sí se muestra anómalo.
Raro, inquietante y perverso, este último episodio de la Enciclopedia Bellatin nos descubre un ángulo más de la poliédrica figura de un escritor sorprendente y único en su especie: “bienvenidos al infierno místico y grotesco de Mario Bellatin”