lunes, 2 de marzo de 2015

EL OTRO. DESDOBLAMIENTOS Y DUALIDADES LITERARIAS


PUBLICADO EN SUPLEMENTO LIBROS, LA OPINIÓN DE MURCIA EL 21 DE FEBRERO 2015



‘Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica.’
J.L. BORGES

En la mitología y folklore germánicos la visión de tu doble representaba la muerte o era un augurio de fatalidad. Según escribió el dramaturgo sueco Strindberg,  ‘el que ve a su doble es que va a morir.’
La Literatura, no obstante, ha sabido absorber  esta potente imagen, el asunto del doble, y la ha convertido en trasunto narrativo, simbólico y estético.
Quizá es durante el Romanticismo cuando con más fuerza emerge el tema del doble o del doppelganger. Anteriormente se puede rastrear en algunas comedias de Plauto (Anfitrión) o de Shakespeare (La comedia de los errores), quienes juegan a que dos hermanos gemelos e idénticos sean confundidos, creando así situaciones hilarantes y paradójicas.
No obstante, como decíamos, será en el Romanticismo cuando el tema del doble suscite mayor interés. No hay que olvidar, que durante este período, como reacción al exceso de raciocinio que imponían las filosofías materialistas y positivistas, los escritores comenzaron a buscar en el mundo interior del ser humano, en lo irracional y en lo onírico.
Es por lo tanto el asunto del doble una forma de representar la dualidad del ser humano, enfrentar su parte oscura e indagar en la porosidad de la identidad. Espejos, sombras, espíritus que se nos parecen, que son nosotros mismos…
Uno de los primeros autores relevantes que se ocupó del doble fue E.T.A. Hoffmann. En su novela Los elixires del diablo (1815) encontramos a un protagonista perseguido por su propio doble.
  Más adelante, obras emblemáticas como El Horla (1886) de Maupassant o Doctor Jekyll y Mr. Hyde (1886) comienzan a conformar literaria y estéticamente este fenómeno. En la célebre nouvelle de Stevenson se puede apreciar la dicotomía entre el bien y el mal, entre lo racional y lo impulsivo. El doble nos habla de nuestras propias ambigüedades, de nuestra fragmentaria y contradictoria personalidad.
En las piezas de Maupassant, el doble no es tratado como en Stevenson, no supone una dicotomía bien definida de la personalidad. Por el contrario, sus personajes –como su autor- sufren una enajenación que les hace distorsionar su realidad. De hecho, en sus últimos años de vida, Guy de Maupassant sería víctima de visiones, alucinaciones y manías persecutorias. La locura y la literatura jamás estuvieron tan alineadas en un mismo hombre.
Más adelante, ya entrados en el siglo XX, el tema del doble es tratado desde una perspectiva más metaliteraria, con una sensibilidad distinta, que se aparta del ámbito del terror para formar parte de la literatura neofantástica. Una literatura con una cosmovisión más acendrada y que busca explorar asuntos filosóficos o existenciales, expresar la complejidad del mundo. Como sabemos, autores de la talla de Borges o Cortázar han empleado el doble en algunos de sus más conocidos relatos.
Borges escribió sobre este tema en ensayos y poemas. Pero sus obras más relevantes, en las que el tema del doble es central, son los cuentos El otro y Veinticinco de agosto, 1983. En  El otro, un joven Borges tiene  un encuentro con un anciano Borges. El relato se convierte en un diálogo (monólogo) sobre literatura, arte y vida, en el que el autor argentino se adentra en su propia conciencia, analiza el paso del tiempo en su discurrir histórico y experiencial, a la vez que nos regala un magnífico relato sobre la continuidad de la identidad, la vida y la memoria.

En Veinticinco de agosto, 1983, un Borges se encuentra con el otro Borges, algo mayor, que pretende suicidarse. Otra vez, el tema de la muerte, la identidad fracturada y la literatura se alían en una composición extraña y memorable.
Cortázar también escribió numerosos relatos en los que el tema del doble está presente. En Lejana, una joven argentina siente la presencia de una mujer que vive en otro país, que es otra pero que también es ella misma. Al final, acabarán encontrándose, intercambiando sus identidades. Algo similar ocurre en el cuento Axolotl, en el que un hombre que visita en el acuario los ajolotes, terminará identificándose con los anfibios hasta el extremo de llegar a ser uno de ellos, encerrado para siempre en la pecera, en el mundo acuático. En otra pieza titulada La noche boca arriba, Cortázar nos cuenta la historia de un personaje que tras sufrir un accidente  en moto comienza a soñar que es un indio precolombino. En el transcurso del relato, la alternancia de mundos (siglo XX/América Precolombina) y estados (sueño/vigilia) provocará una inversión, acabando el relato con la sorpresa de un indio que soñaba que era un hombre que tuvo un accidente en moto. Aquí, por supuesto, no podemos dejar de acordarnos de ese relato de Chuang Tzu en el que un hombre sueña que es una mariposa, que al despertar no sabe si es una mariposa que sueña ser un hombre.
Muchos son los libros reseñables sobre este interesante asunto. William Wilson de Poe; El doble de Dostoievski: una especie de anticipación de Kafka. Dos imágenes en un estanque, de Papini, de quien a buen seguro Borges tomó prestado algún elemento. The jolly corner, de Henry James, cuento extraño en el que paradójicamente, es un hombre quien persigue a su fantasmal y pretérito yo, aquel que hubiese sido si hubiese vivido en otra casa que finalmente abandonó. De la literatura actual, rescataría un cuento del joven escritor francés Bernard Quiriny. En sus Cuentos carnívoros (2005), la pieza titulada El episcopado de Argentina, da una vuelta de tuerca al tema del doble, proponiendo a un solo personaje que habita en dos cuerpos.  
Por supuesto no puede faltar en mi lista el autor rumano Mircea Cărtărescu, quien en su novela Los gemelos, incluida en Nostalgia (2012), nos propone una visión del amor, la angustia y la disolución de la identidad, con una prosa y una creación de atmósferas dignas de uno de los mejores autores de nuestro tiempo. Como en Lejana de Cortázar, aquí el doble es producto de una fusión o intercambio de identidades, entre un atormentado joven y su amada.

El otro, como diría Platón, está en nosotros mismos. Y quizá, el propio lector, al término de cualquiera de estas historias duales, convendrá en que su propio yo ha padecido algún cambio y ya es el otro.

jueves, 26 de febrero de 2015

CRITICAR LIBROS MALOS. EL ARTE DE PERDER EL TIEMPO


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En algunos blog literarios se dedican a criticar libros. Eso está bien. Lo curioso viene cuando te encuentras que son reseñas dañinas, que ahondan en lo oscuro del texto, buscan solamente errores, destacan los posibles equívocos y puntos débiles del libro. Muchas veces, incluso, basándose en prejuicios personales, en deficiencias lectoras u opiniones subjetivas. Lees la crítica y ningún acierto tiene el libro, eso es extraño, pero todo es posible, hay libros realmente horrorosos. Y sobre todo, descontextualizando frases, consiguen hacer que estas parezcan tontas, simplonas o fallidas. Y para colmo, todo en un tono jocoso, que se acerca más al monologuista de la Paramont que al amante de la literatura. Y lo más sangrante de estos poco amistosos lugares son los comentarios, de gente que no ha leído el libro pero que igualmente se ensaña con él, dando la razón al bloguero y aplaudiendo sus ocurrencias. Lo que no entiendo es cómo una persona, hay que ser estúpido y/o malvado, dedica tanto tiempo de su vida a leer y criticar libros que no le gustan. O es un resentido o un ingenuo que pretende hacerse el malote. Auden decía que reseñar libros malos es dañino para el espíritu. Y ciertamente, tantos libros buenos hay que ni un segundo de la vida lectora debería dedicarse a los malos. El alma humana es un enigma, qué duda cabe, y quizá este tipo de reseñas no dejen de ser un nuevo género literario, que transita entre la parodia, la bufonada y la literatura multimedia.

Sigan leyendo buenos libros.

miércoles, 25 de febrero de 2015

MENOS JOVEN RUBÉN MARTÍN GIRÁLDEZ JEKYLL & JILL, 2012


A veces el reseñista trata de imitar, o al menos de captar el espíritu, de la obra que está analizando. Para que así, en la reseña, el lector reciba una exhalación, un trozo de la obra. En este caso, ante una novela tan peculiar como Menos joven, de Rubén Martín Giráldez (Cerdanyola del Vallès, 1979), creo que resultará complicado.

Vayamos por partes.
Cuando avanzas en este libro titulado Menos joven, lo primero que te preguntas es, ¿de verdad este libro es Menos joven? ¿No estaré confundido y leyendo otra novela francesa titulada El peinado de Calígula? ¿No se trata todo esto de un juego destartalado en el que la lectura, el autor, los editores y la realidad se confabulan para reírse un poco de (con) nosotros? ¿Una broma metaliteraria?
Imagino que no han entendido nada. Me alegro, sigan leyendo la reseña para comprender un poco menos de qué va este libro.  


Es posible que este libro no sea tal, quizá estamos antes una emisión de radio, un programa dislocado, surrealista y atroz dedicado a los niños. Una especie de lección cósmica con apuntes freudianos, diseño de vodevil y ciencia ficción en el que la realidad queda suspendida en un limbo inaccesible, en el que la sensación de estar atrapados en un sueño raro, kafkiano se adueñará de nosotros, los incautos ¿radioyentes, lectores, pringados?
La sesión de este programa radiofónico en el que se buscan a ídolos para darles muerte está protagonizada por Bogdano. Él y su caballo parlante irán a la caza asesina de sus ídolos: Kim Basinger, Roth, Lucía Joyce…
Y el locutor-de-radio-narrador de este desquiciante programa-libro nos irá informando (en realidad se lo explica todo a atentos niños, o a muertos, no estamos muy seguros de nada), no solo de los hechos que acontecen, sino de la historia que marcó la vida de Bogdano. Su siniestra relación con su padre, por ejemplo, con las chicas, con la educación.
Por cierto, ¿han oído hablar de la ‘educación híbrida? Pues consiste en educar mediante el error premeditado, consiste en cambiar las cubiertas de los libros, digamos, leer Raíces creyendo que lees La balada de los ahorcados de Villon. Distorsionar la realidad, desaprender, erigir una concepción equivocada del mundo. Y Marín Giráldez es lo que hace: entrar en nuestras cabezas para volvernos un poco más locos, o sea, hacernos ver que la realidad no es tal. Porque como a Bogdano, nadie nos ha explicado bien la realidad.


Y ya voy acabando.
Este no-libro, este poema simbólico y surrealista que parece hablar de todo o de nada a la vez, esta historia descabellada e irreverente, entre la sesión de espiritismo psicoanalítica, la alta literatura, el vodevil y la emisión de radio dadaísta, que parece escrita por Pynchon, Kafka y Alfred Jarry a cinco manos (seguro que alguno está ya manco a mitad de la salvaje aventura) es una de esas experiencias extrañas, solamente adecuada para lectores exigentes, que busquen algo más en la literatura.

El extrañamiento ya no llega mediante el acumulamiento de intrigas. El extrañamiento posmoderno se inscribe en la ruptura con la realidad mediante el lenguaje y los juegos textuales. Y sobre todo, la literatura, como hace esta inusual e inclasificable pieza, debe ser auto paródica, inteligente y fulgurante. Espero que la reseña no les haya valido de mucho, y acudan al libro para apaciguar su insana curiosidad.

martes, 24 de febrero de 2015

SEGUNDO NÚMERO DE LA REVISTA PROMETEA



Por segundo año consecutivo se edita Prometea, una revista literaria que tiene su germen en el ELACT, el encuentro de escritores y autores en Cartagena. Unas jornadas literarias en las que escritores de todo el cosmos se unen a charlar sobre literatura. En esta segunda entrega se habla de Cine y literatura, de la Generación del Meteorito y muchas cosas más. Entrevistas, poemas, reseñas, crónica del último evento, cuentos. Tengo la suerte de participar con un breve cuento de terror y espejos. Además, Antonio Parra Sanz me entrevista con motivo de mi última novela, El absurdo fin de la realidad.
En fin, un placer, un honor y una felicidad. También podréis leer textos de Vega Cerezo, Raquel Lanseros o Rubén Catillo, entre otros.

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lunes, 9 de febrero de 2015

RESEÑA DE EL ABSURDO FIN DE LA REALIDAD POR JOSÉ ANTONIO MOLINA


El profesor universitario José Antonio Molina realiza una crónica sobre la novela El absurdo fin de la realidad en la que entremezcla sus experiencias personales en un viaje extraño, en el que sintió algún paralelismo con la narración de la novela.

Quizá la literatura aspire a eso: a formar experiencias, a crear sensaciones que se solapen al tejido mismo de la realidad.

El absurdo fin de la realidad. Novela de Pedro Pujante
Obra ganadora del I Premio 451 de Ciencia Ficción, ed. Irreverentes, Madrid 2013.

EXTRAÑAS REALIDADES

'Llego al aeropuerto de Múnich con mucha antelación, de manera que puedo terminar de leer la novela de Pedro Pujante El absurdo fin de la realidad que llevo en mi bolsillo y me acompaña desde hace algunas semanas esperando ese momento mágico en que novela y lector por fin se encuentran. No me cabe duda, estoy en el lugar adecuado, en un pequeño universo de representaciones y simulacros que enmascaran mi espera antes de embarcar, antes de emprender viaje a través de paisajes y espacios que dada la posición en la que el sol se encuentra, ya no podré ver. Me resigno y acepto la idea de que no cruzaré un cielo azul sino un cielo oscuro. 
Acepto la situación, y abro la novela de Pedro Pujante que narra con tanta ironía y habilidad una extraña espera, la de una visita extraterrestre a un pequeño pueblo español, contada por quien aparentemente va a pronunciar el discurso de bienvenida. Pronto no sólo la narración se disgrega en medio de las reflexiones del futuro orador, sino la misma identidad del orador se desdibuja y mixtifica en medio de sucesos cada vez más asombrosos que comprometen la coherencia especial y temporal de la pequeña localidad, cuyo sentido metafísico se altera hasta lo impensable mientras se difumina el sentido de la identidad personal y aparecen heterónimos y giros sorprendentes en la narración.'

sábado, 7 de febrero de 2015

CARTA ABIERTA A UNA CHICA PROGRE


FRANCISCO UMBRAL
EDICIONES IRREVERENTES

‘Cada día te alojas en un cuerpo distinto. No, tampoco es eso. Cada día, un cuerpo distinto accede a llevar tu nombre y asumir confusamente tus recuerdos. Consistimos en sucesión’.
Esto lo escribió Francisco Umbral en ‘Carta abierta a una chica progre’, un libro-epístola genial en el que de forma directa convoca al lector a través de esa chica de barrio, esa  niña que es cualquier mujer, que somos todos.

Umbral no solo era un gran escritor sino también un lúcido analista de su tiempo, un filósofo urbano que cincelaba libros a golpe de frase, latidos verbales, intuiciones, cultura, sabiduría.

 La historia literaria de Umbral es la historia de un estilo. Y en esta ‘Carta abierta’ demuestra sus dotes narrativas, su esplendorosa lírica, su pensamiento vasto e inabarcable. Ráfagas, ideas concisas y visiones de nuestro mundo, de nuestras almas.
Quizá sea cierto eso de que siempre escribía el mismo libro. Pero lo hacía tan bien que uno no tiene más remedio que leer ese mismo libro, en sus distintas versiones, todas las veces que haga falta. Así, uno no lee sino que relee a Umbral. Lo cual es mucho mejor, como adivinara Borges.

EL CLAUSTRO ROJO DE JUAN VICO

 


EDITORIAL SLOPER, 2014. XI PREMIO CAFÉ 1916


Los escritores son ventrílocuos del papel y la palabra escrita: imitan voces en cada libro, en cada historia, y son mejores ventrílocuos cuando menos traspasa su verdadera voz, cuando la canción impostada suena más limpia. He comenzado con esta metáfora porque creo que el caso lo requiere. En este Claustro rojo, su autor, Juan Vico (Badalona, 1975) ha ensayado once relatos y en cada uno se ha apropiado de un timbre,
de un idioma y de una voz propios. Y aunque son historias distintas un hilo común las entreteje y las comunica, haciendo de este volumen un espacio homogéneo. Este hilo es el arte.
Como decíamos, en cada historia se narra una peripecia distinta, ambientada en un país o en un período histórico diferente. Por ejemplo, en el relato que da título al libro, nos hallamos ante una historia confesional: un hombre a punto de fallecer le cuenta un terrible secreto a un joven novicio, en una ambientación medieval que nos recuerda las intrigas de El nombre de la rosa, de Eco. 


En otra historia un grupo de bohemios asisten a una sesión de espiritismo, mientras el mundo sucumbe por la Gran Guerra.
Se aprecia una especial sensibilidad y erotismo en La espuma de los cangrejos, relato ambientado en el Japón feudal en el que el arte y los sentimientos se entrelazan formando un haiku narrativo de gran belleza poética.
En estas historias desfilan grandes personajes. El escritor polaco Bruno Schulz, quien tuvo un trágico final por culpa de su destreza con el lienzo. Piranesi, ese artista que inventó el infierno surrealista antes de que se inventara el surrealismo; un pintor barroco llamado Guido Canlassi, cuyas obras ofrecen un erotismo inaudito para la época. O nombres más conocidos como Rimbaud, Manet o Degas.
El arte y la muerte y la vida, al parecer, también caben en la literatura. Y de eso habla precisamente este escueto volumen de cuentos: de la belleza terrible, como aquel ángel de Rilke, que se esconde en el arte. Porque, como dice uno de los personajes de uno de estos relatos, en la locura parece haber una ‘clarividencia reveladora’.
El autor se ha valido de una mirad privilegiada, una primera persona tímida y oblicua, que se suele esconder tras algún testigo o personaje secundario de la narración para filtrar los acontecimientos a través de sus emociones y  de sus propias percepciones. De este modo se nos informa de los hechos in situ pero renunciando a centrar nuestra atención en el narrador.
Para acabar solo apuntar que estos relatos están escritos con una prosa potente, muy cuidada, plástica y conmovedora;  y a pesar de esa heterogeneidad de la que hablábamos al comienzo, mantienen un estilo propio y un pulso firme que hacen del conjunto, una obra unitaria.