jueves, 29 de diciembre de 2016

EL PLACER DE LEER. LOS LIBROS SEGÚN MANUEL MOYANO



Manuel Moyano es uno de los escritores más sólidos y heterogéneos en español. Nacido en Córdoba, vive en Molina de Segura desde hace ya bastantes años. En su haber se cuenta un gran número de galardones literarios, el Tristana de Novela Fantástica o el Finalista del Premio Herralde, entre ellos.

Ha cultivado la novela, el cuento breve y el microrrelato. Y también ha pergeñado obras inclasificables como un Dietario mágico, en el que recorre la Región de Murcia tras las huellas de curanderos y demás brujos.

En su última publicación, Noventa libros y un film, de la novísima Murcialibro recopila varios prólogos y una serie de reseñas que vieron la luz en diversos medios. A la cuidada prosa de Moyano, se suman el rigor literario y  la capacidad analítica que demuestra para internarse en las costuras de las obras literarias que desmenuza en breves comentarios. Además de afilado escritor reconocemos a un excelente lector, que con precisión esboza sutiles y acertadas anatomías de obras literarias.

El gusto heterogéneo y el azar configuran una antología de reseñas de lo más estimulante. Aunque los géneros se ignoran se detecta un interés por lo fantástico: Murakami, el raro Khristo Poshtakov, el surrealista beat Richard Brautigan o la antología Visiones 2008, que recoge piezas de ciencia ficción, terror y otros géneros.  Además hay una querencia por las editoriales independientes, que a día de hoy, tienen tanto que decir.



También encontramos una nómina extensa de autores españoles contemporáneos. Cristian Crusat, David Roas, Miguel Ángel Hernández, Ángel Olgoso, Alberto Olmos, Óscar Esquivias, Paco López Mengual, Ángel Zapata, Jon Bilbao, Juan Jacinto Muñoz Rengel, David Monteagudo o Enrique Vila-Matas.

Su refinado gusto hace de este libro de libros, un escaparate idóneo para que el lector pueda encontrar títulos interesantes que de otro modo habrían pasado desapercibidos. Y también, si el libro comentado ya se conoce, poder contrastar su propia lectura con la de Moyano, haciendo un ejercicio de relectura enriquecedor.

domingo, 11 de diciembre de 2016

LA LITERATURA COMO ENFERMEDAD

PUBLICADO EN LA OPINIÓN DE MURCIA -SUPLEMENTO LIBROS- 10-12-2016

Todo escritor es un curandero en su mundo de ficción.

Las palabras son homeopáticas. Curan como el agua y la risa. La literatura combina el alfabeto y lo transforma en una sustancia más o menos efectiva. Según dicen algunos. Quizá todo sea mentira

La escritura carece de sentido en sí misma. El lector la interpreta en un acto similar a la locura. El texto es una piedra filosofal que el que lee transforma en oro.

Las clínicas de reposo no existen. El mundo tampoco. Son lugares que se crean alrededor de bibliotecas y librerías. Leer/escribir es compartir la enfermedad, las pesadillas y la locura.

Querer estar loco no es extraño. Lo extraño es permanecer cuerdo frente a la belleza de un verso o de un disparatado texto de Boris Vian. Lo extraño es querer curarse de la irrealidad. La irrealidad no existe.

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Los Angeles Review of Books
Nadie en su sano juicio querría dejar de estar loco. Leer te permite la dosis de locura ideal para seguir viviendo en el mundo.

Borges vio el lenguaje de dios en las manchas de un tigre. El tigre ha muerto, las manchas han cambiado. Pero seguimos entreviendo ese lenguaje divino en algunos libros de Borges.

La locura no es otra cosa que deformar la realidad para acomodarla a nuestra expectativa. La lectura es, por tanto, un acto de delirio transitorio.

Consulte con su autor de cabecera.

Tomar pastillas te cura. Tomar pastillas te vuelve más loco. Pasar páginas. Y páginas. Leer entrelíneas, entender lo no-dicho.

El escritor es un cardiólogo invertido: propaga un tipo de locura entre sus pacientes cuyos efectos no están del todo diagnosticados. Y lo lleva haciendo desde antes de que existieran los pacientes, los enfermos y la propia locura.

Alrededor de una hoguera. En cualquier parte.

 Fármaco. Leer  no cura nada que no esté en tu propia mente. Leer contiene tanto el veneno como el antídoto. Leer causa un efecto placebo estético. Escribir es dejar de leer y ponerse en la piel de los personajes. Dormir es acudir a una literatura personal y extraña llamada sueños.

La literatura, creo, no tiene cura.

Muchos enfermos terminales todavía deambulan por el mundo en busca de un alivio. Deambula por otros mundos también. Van y vienen.

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Jamás se ha visto a un escritor lamer las heridas de su lector. Pero los lectores siempre creen que esto sucederá. De hecho, hay sectas, travesías por el desierto y peregrinaciones en las que se venera a un doctor secreto. Suele estar en otro lugar distinto al que acuden las romerías.

Los escritores no existen. En sus textos solo hay virus con su rostro, su voz ha sido adulterada por el tiempo y la ficción.

Nadie es capaz de trasmitir el virus de la poesía por sí mismo. Esta enfermedad tan misteriosa nace y muere en el propio enfermo.

Algún poeta ha sido acusado de enfermo crónico. La vida es la enfermedad, y a algunas personas más sensibles, con predisposición genética, les ataca con más virulencia. La vida es la poesía hecha banalidad.

La salud no existe. Esto sí que está demostrado pero nadie lo sabe con certeza. ¿Quién quiere realmente curarse? Mario Bellatin lo ha dicho en todos sus libros.

Todos moriremos. Las páginas en blanco, por lo tanto, suelen ir al final. Páginas, milenios. Esas páginas a las que todos queremos encontrar un sentido estético, un significado. Las únicas que no dicen nada pero que todo lo significan.

lunes, 28 de noviembre de 2016

EN CONTRA DE LOS LIBROS DE AUTOAYUDA O JORGE BUCAY NO EXISTE



PUBLICADO EN LA OPINIÓN DE MURCIA, SUPLEMENTO LIBROS 26 NOVIEMBRE 2016

‘Fracasa otra vez, fracasa mejor.’

Samuel Beckett

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No tengo nada en contra de las personas que se valen de manuales o de cualquier medio a su alcance para mejorar sus vidas. Cada cual obedece a la obligación moral de mirar por sí mismo, por su salud y bienestar. Si se busca el amor eterno del universo y este se halla en un texto escrito por un psicomago iluminado y argentino, pues el lector habrá de ir a por él. Pero pensando en los denominados libros de autoayuda, razono: si son de ‘autoayuda’, ¿no incurren en una contradicción? Si alguien se tiene que apoyar en las palabras o consejos de un tercero ya no se está autoayudando. Autoayudarse, como el propio término indica, es ayudarse a y por uno mismo, sin recurrir a la intervención de un gurú, de un técnico, de un psicoanalista o de un psicomago.

Resultado de imagenLos libros de autoayuda no son nada nuevo, a pesar de que el complejo siglo XX los pusiera de moda, haciendo de algunos de ellos verdaderos bestsellers. Hacia el siglo VII antes de Cristo ya Hesíodo escribió Los trabajos y los días, un compendio de consejos, prescripciones de todo tipo y proverbios.  Hay libros que sin enmascararse en el formato del manual de psicología o superación, han sido leídos por millones de personas con gran valor terapéutico. Se me ocurren La Biblia o El principito.

Sin desviarme del tema, mi reticencia hacia los libros de autoayuda consiste en que considero la vida tan hermosa en su fragilidad y capacidad de sorprendernos que una guía –entendida como manual de instrucciones- me resulta del todo inútil y redundante.  Si hemos venido al mundo sin manual por algo será. Si fuésemos a vivir varias vidas, aprenderíamos de las previas. Cada vida sería más aburrida y previsible que la anterior, pero acumularíamos un bagaje. Evolucionaríamos hacia una perfecta monotonía de la superación. Pero como solo vivimos una vez, ¿no es más intenso adentrarse en la maraña del futuro sin brújula, aprendiendo de nuestros propios errores, fracasando, asistiendo al milagro de estar aquí sin tener que recurrir a la mirada supervisora de un supuesto experto? Hay un dicho muy común que reza: ‘Nadie nace enseñado.’ Pues eso, la vida es un aprendizaje en sí misma y no creo yo que tenga que venir otro a explicarnos qué hacer y cuándo.


EN CONTRA DE LOS LIBROS DE AUTOAYUDA O JORGE BUCAY NO EXISTE



PUBLICADO EN LA OPINIÓN DE MURCIA, SUPLEMENTO LIBROS 26 NOVIEMBRE 2016

‘Fracasa otra vez, fracasa mejor.’

Samuel Beckett

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No tengo nada en contra de las personas que se valen de manuales o de cualquier medio a su alcance para mejorar sus vidas. Cada cual obedece a la obligación moral de mirar por sí mismo, por su salud y bienestar. Si se busca el amor eterno del universo y este se halla en un texto escrito por un psicomago iluminado y argentino, pues el lector habrá de ir a por él. Pero pensando en los denominados libros de autoayuda, razono: si son de ‘autoayuda’, ¿no incurren en una contradicción? Si alguien se tiene que apoyar en las palabras o consejos de un tercero ya no se está autoayudando. Autoayudarse, como el propio término indica, es ayudarse a y por uno mismo, sin recurrir a la intervención de un gurú, de un técnico, de un psicoanalista o de un psicomago.

Resultado de imagenLos libros de autoayuda no son nada nuevo, a pesar de que el complejo siglo XX los pusiera de moda, haciendo de algunos de ellos verdaderos bestsellers. Hacia el siglo VII antes de Cristo ya Hesíodo escribió Los trabajos y los días, un compendio de consejos, prescripciones de todo tipo y proverbios.  Hay libros que sin enmascararse en el formato del manual de psicología o superación, han sido leídos por millones de personas con gran valor terapéutico. Se me ocurren La Biblia o El principito.

Sin desviarme del tema, mi reticencia hacia los libros de autoayuda consiste en que considero la vida tan hermosa en su fragilidad y capacidad de sorprendernos que una guía –entendida como manual de instrucciones- me resulta del todo inútil y redundante.  Si hemos venido al mundo sin manual por algo será. Si fuésemos a vivir varias vidas, aprenderíamos de las previas. Cada vida sería más aburrida y previsible que la anterior, pero acumularíamos un bagaje. Evolucionaríamos hacia una perfecta monotonía de la superación. Pero como solo vivimos una vez, ¿no es más intenso adentrarse en la maraña del futuro sin brújula, aprendiendo de nuestros propios errores, fracasando, asistiendo al milagro de estar aquí sin tener que recurrir a la mirada supervisora de un supuesto experto? Hay un dicho muy común que reza: ‘Nadie nace enseñado.’ Pues eso, la vida es un aprendizaje en sí misma y no creo yo que tenga que venir otro a explicarnos qué hacer y cuándo.


jueves, 10 de noviembre de 2016

CYLCON 2016: REALIDAD Y AUTOCIENCIA FICCIÓN



He sido invitado a un simposio de literatura secreta. No sé mucho más, tan solo que el evento se va a celebrar en Valladolid, el sábado 12, que hablaré de ciencia ficción y de humor, a propósito de Los huéspedes. Que firmaré ejemplares -dos o tres, como mucho, quizá más, quién sabe- que es posible que conozca a Rocío Ramos, que el mundo girará y tal vez adquiera poderes maravillosos y viaje en el tiempo, que Valladolid quizá se muestre como una ciudad fantasmal en la que una serie de anómalos acontecimientos trastocará mi vida. Y que no se puede descartar que esta novela que llamamos existencia esté escrita en este mismo libro que estoy yo escribiendo ahora mismo y que la ficción y la realidad hayan comenzado a solaparse aquí y ahora.

lunes, 31 de octubre de 2016

CYLCON. CIENCIA FICCIÓN Y HUMOR. LOS HUÉSPEDES, ANTINOVELA DELIRANTE


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El sábado 12 de noviembre estaremos hablando de ciencia ficción y humor, a propósito de Los huéspedes en el Festival Cylcon, de Valladolid. A las 17 50.
AQUÍ TODA LA PROGRAMACIÓN


También se presentará la antología 2099-c Rusia en la ciencia ficción. Compuesta por autores españoles, hispanoamericanos y rusos.ç


jueves, 22 de septiembre de 2016

RESEÑA DE 'LOS HUÉSPEDES', POR 'DE LECTURA OBLIGADA'

huespedes
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'Debo confesar que nunca había leído un libro como Los huéspedes, de Pedro Pujante. Tengo unos gustos muy cerrados, pero ha sido toda una experiencia. Se trata de una novela descabellada. Además, desde el planteamiento. Esto no es malo. Significa que lo que leerás será diferente. Lo cual, en un mundo donde lo normal es copiar la fórmula del éxito, se agradeceLo que arranca como una novela de suspense (escritores convocados a un simposio sobre literatura secreta… es decir, algo que puede ocurrir), poco a poco acaba en una novela de ciencia ficción delirante. Un completo absurdo (género literario).
El autor murciano recurre a todos los elementos de la ciencia ficción: superpoderes, viajes en el tiempo, clones, apocalipsis, zombis y la gran batalla final. Sin embargo, los envuelve en un contexto humorístico que le da un toque personal a toda la obra.
También ayudan a crear el tono absurdo-humorístico las referencias a la cultura televisiva: Belén Esteban, aunque sin citarla su presencia en el escenario donde se desarrolla la historia es evidente, Perdidos o El Show de Truman. Estas referencias son mucho más próximas al lector medio que los comentarios sobre otros escritores, siendo Francisco Umbral el más importante de los literatos citados.'