viernes, 24 de junio de 2016

PRÓLOGO DE LOS HUÉSPEDES, POR JOAQUÍN LEGUINA




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El escritor y político Joaquín Leguina (Villaescusa, 5 de mayo de 1941), autor de una numerosa y variada obra literaria -Años de hierro y esperanza, ensayo; La luz crepuscular, novela- escribió estas notas como prefacio para Los huéspedes.
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“Los huéspedes”, de Pedro Pujante

Prólogo

            Un buen día a finales del verano de 2014, el periodista y escritor Roberto Hernández recibe, en su residencia de Torrevieja, una invitación para asistir a un simposio de “literatura secreta”. En la invitación se asegura que en la reunión se “se creará el clima adecuado para que así la sorpresa y el enigma surtan efecto también en nosotros”. Y se termina asegurando: “Sr. Hernández, el misterio no es una cualidad, es una condición”. La reunión tendrá lugar entre septiembre y noviembre de 2014.
            Todo muy secreto. Todo muy extraño. “Como si las simas de los más insondables enigmas del tiempo se abriesen ante mí”, comenta ensimismado Hernández.
            Hernández es un hombre tímido, tranquilo y bebedor. Un escritor que sobrevive sin éxitos, pero que sigue trabajando en lo único que cree saber hacer: escribir. Un hombre solitario. Lo prueban sus recuerdos de un viaje a Irlanda:
»Me sentí  muy solo y perdido, sobre todo, los primeros días, las primeras noches, los primeros atardeceres.  En las Islas Británicas los atardeceres son muy largos, muy lánguidos, da tiempo a morirse mientras se pone el sol, un sol siempre lejano y destemplado. Caminaba todas las tardes de vuelta a casa desde el college y sentía que alguien, que todo el mundo en realidad, se había olvidado de mí. Era una soledad muy extraña porque parecía emanar de las cosas, de lo físico y no de las personas.
            Un extraño chófer llega para llevarlo a Higueras (Extremadura), donde se celebrará el simposio sobre “literatura secreta” y le obliga a tomar un bebedizo que le duerme, para despertar sobre una cama rural en Higueras. Luego conocerá a Rocío, otra escritora invitada al evento “secreto”, “una joven atractiva y brillante que se parece demasiado a un amor anterior”.
            Hernández se encuentra cansado:
»Estoy cansado, como si hubiese viajado en el tiempo o recorrido millones de kilómetros por el vacío insondable del Universo en busca de un destino que no me pertenece.
»Estoy cansado y bastante borracho. Rocío es de porcelana y está en alguna de estas casas viejas, como la muñeca de Edison –pienso mientras oteo Higueras desde mi balcón de hierros y geranios-.
»Y me veo como abrazado por el silencio de este pueblo y unas musicales palabras de Rilke, en aquel maravilloso poema: ‘Y a tientas va marchando hasta el estanque…y todo queda atrás, las casas pálidas/ y las encinas mudas…’ Parece que  Rilke pensaba, cuando compuso estos versos, en Higueras. Todo queda atrás, abandonado…
            Pero al llegar a Higueras ese cansancio se va a convertir en una actividad tan insólita como trepidante, pues allí comienzan a pasar cosas inesperadas y, sobre todo, sorprendentes. En esa parte, que no le voy a destripar al lector, el autor nos meterá en un mundo en el cual el espacio y el tiempo ya no serán los mismos:
»Algo para nada novedoso u original ya que todos siempre vivimos y hemos vivido en el último momento de la historia, en un presente definitivo y moderno; incluso los vikingos pensaban, porque era cierto, que vivían  en el último día del tiempo; incluso los primeros y arcaicos hombres de las cavernas eran, en su momento, unos hombres modernos que habían superado a sus abuelos en tecnología y arte. Una lanza mejor calibrada, la pintura más realista de un bisonte, en fin.
            En efecto, Higueras (ahora Higuerax), “ha pasado de ser un escenario extraño, soleado y prometedor a ser un infierno azul, frío y movedizo. Hay explosiones devastadoras y casas convirtiéndose en ladrillos, plástico y polvo”.
            La imaginación y el humor del autor iluminan esta obra de ficción (¿de ciencia ficción?) que usted, querido lector, tiene entre las manos. Le divertirá y le hará pensar, dos actividades que merece la pena emprender.


Joaquín Leguina

viernes, 10 de junio de 2016

miércoles, 8 de junio de 2016

ENTREVISTA CAPOTIANA, POR TONI MONTESINOS

En el blog Alma en las palabras, el escritor Toni Montesinos realiza entrevistas basadas en una entrevista que Truman Capote se hizo a sí mismo. Aquí podéis leer lo que yo he respondido:


 
PARA LEER LA ENTREVISTA EN EL SITIO ORIGINAL PINCHA AQUÍ
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
En Higueras, un pueblo ficticio que he creado yo. Aparece en mi novela Los huéspedes y tiene la particularidad de que en él cualquier cosa podría ocurrir.
¿Prefiere los animales a la gente?
¿Cuál es la diferencia? No, en serio, me gusta la gente: con ella puedes hablar –es una exageración, lo sé– y puedo experimentar sensaciones como la sorpresa, la admiración, la complicidad, la magia o el amor. Creo que vivimos en una sociedad en la que se sobrevaloran a los animales. ¿Por qué hay tantas fotos de gatos en Facebook? Es algo que no logro comprender.  Aunque bien es cierto que una sociedad puede medir su desarrollo moral en el trato que brinda a los animales.
¿Es usted cruel?
Solo los necios o los psicópatas pueden ser crueles. Sin embargo, me interesa la crueldad en un plano estético, creo que disfruto con raciones dosificadas de crueldad. Shakespeare es cruento, el cine de Tarantino y de Sion Sono y las novelas de Cormac MacCarty respiran crueldad. Y disfruto consumiéndolas. En el sexo también hay una dimensión de crueldad medida. ¿No es el fondo el hombre un animal violento y cruel que ha aprendido a dominar sus instintos?Resultado de imagen de PEDRO PUJANTE


¿Tiene muchos amigos?
Los verdaderos amigos son pocos. Hay muchos compañeros de viaje en la vida y gente que en un momento determinado es importante para ti y puedes contar con ella. Pero los amigos verdaderos suelen ser escasos.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Complicidad, transparencia: no creo que a la amistad se le pueda exigir nada.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
Con el tiempo la vida suele ser decepcionante en muchos aspectos. Las personas decepcionan. Aunque los amigos se lo perdonan todo. Esta pregunta me hace preguntarme: ¿a cuántos amigos habré yo decepcionado?
¿Es usted una persona sincera? 
Sí, no, no lo sé. Los escritores mentimos por norma. La realidad nos parece una falacia, así que en nuestras ficciones solemos ser, de algún modo, sinceros.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Añadiendo escaparates de irrealidad a la realidad: ¿no es eso la literatura?
¿Qué le da más miedo?
La locura, la soledad.  Que llegue un día y descubra que el mundo es un lugar solitario lleno de certezas.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
Que todavía dejemos que estatuas y credos obsoletos se usen para manipular a las personas. Que nuestros líderes engañen a sus propios votantes. Que se sigan fabricando armas, que la guerra sea un negocio.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
La vida es una ficción: nuestros recuerdos, nuestros sueños, nuestras conversaciones está plagadas de invenciones. El ser humano es creativo por naturaleza. Todos inventamos cada día. El arte no es patrimonio de los escritores o museos. No creo que exista una vida no-creativa.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Yoga, pasear.
¿Sabe cocinar?
No, pero trato de conocer buenos restaurantes.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Ramón Gómez de la Serna. A ser posible en su despacho-museo, sentado junto a su muñeca de cera.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
ESPERANZA.
¿Y la más peligrosa?
AVARICIA.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
Realmente no. Siempre hay personas a las que se odia pero pensado fríamente, la vida es tan insignificante si se compara con la eternidad de la muerte que ningún odio me movería a desear la muerte, y mucho menos, ser yo el asesino. Aunque pensándolo bien, no estaría mal que se hubiese muerto de neumonía ese niño llamado Hitler.
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
La política me parece un juego dialéctico en el que se pretende simplificar las ideas de las personas a dos colores: izquierda y derecha. Los humanos somos más complejos que un par de bandos políticos, ¿por qué he de ser de un color concreto? Hay cosas que en la izquierda tienen sentido y otras que las encuentro utópicas. Igualmente, me ocurre con la derecha. Hay posturas deleznables y con las que no comulgo, pero otros planteamientos que son factibles. En fin, no entiendo demasiado de política y los que escribimos ficción no tenemos por qué saber de política.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Viajero del tiempo.
¿Cuáles son sus vicios principales?
La lectura, el café, el vino, la vida.
¿Y sus virtudes?
Siempre estoy de buen humor.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Fragmentos de libros que no existen, el rostro de Elsa Pataky, es decir: las cosas más bellas de este mundo.

lunes, 6 de junio de 2016

RESEÑA DE 'LOS HUÉSPEDES', EN LA TRIBUNA DEL NOROESTE POR BASILIO PUJANTE

PUBLICADO EN EL DIARIO EL NOROESTE Y EL EL BLOG LECTURAS ILETRADAS

 Maneja con soltura la técnica y los temas propios de la narrativa el autor murciano Pedro Pujante, tal y como demostró en obras previas. Por ello, no es una sorpresa que su nueva novela, Los huéspedes, sea una obra bien construida. Si en su anterior libro, El absurdo fin de la realidad(2013), Pujante coqueteaba con la ciencia ficción, en su último lanzamiento editorial se mete de lleno en este subgénero y pone en juego varios de los tópicos que le son propios.
En primer lugar debemos citar, por su importancia en la trama, el viaje en el tiempo. Se trata de un recurso muy habitual en este tipo de narraciones porque permite subvertir una de los límites más sólidos de nuestro mundo: la inexorabilidad del paso del tiempo. En el caso de Los huéspedes, el viaje en el tiempo es doble: por un lado tendríamos la ubicación de los personajes en una época futura a la que han llegado sin tener conciencia del traslado; por otro, se presenta, como suele ocurrir en la ciencia ficción, como un superpoder que detenta uno de los protagonistas y que le ayudará a llevar a cabo sus objetivos y el de sus compañeros.
Otro de los tópicos habituales en el género es el del doble. En Los huéspedes Pujante nos vuelve a ofrecer dos variantes, si no en la entidad de los sosias, sí en la consideración que de ellos tienen los personajes. En un primer lugar, el choque con el doble causa el shock lógico en los protagonistas, ya que no comprenden la razón de esa visión de ellos mismos en otro cuerpo. La explicación técnica de esa duplicidad, la clonación, otorga al fenómeno cierta verosimilitud y lo acerca al contexto de esa ciencia disparatada que tanta importancia posee en el libro y que está personificada en el doctor Faustino, que encarna el arquetipo de científico loco.
La novela también se puede leer como una distopía, ya que el relato nos lleva hasta un mundo futuro en el que la Tierra ha quedado inundada. Ante esta eventualidad, los supervivientes se dividen entre los que se agrupan en las pocas islas emergidas y los que han emigrado a otros planetas. En los pocos espacios aptos para la vida existe la sensación de que el apocalipsis es inminente, lo que influirá en las decisiones que tomen los personajes.
Todos estos tópicos habituales de literatura de ciencia ficción se introducen en una historia que comienza siendo realista, pero que se va tornando cada vez más inverosímil y delirante. Lo que parece ser un extraño encuentro de escritores en un aislado pueblo cacereño se convierte, en la segunda parte del libro, en aquello que el protagonista, el narrador Roberto Hernández, ha ido sospechando: un experimento llevado a cabo por un científico demente con intenciones poco claras. Los protagonistas se verán inmersos en una situación disparatada que no han elegido, pero que les llevarán a vivir una serie de aventuras que jamás hubieran imaginado en sus aburridas existencias.  
Pujante enriquece esta historia de humor y ciencia ficción con numerosas referencias literarias y culturales, algo habitual en sus obras. Además del hecho de que los protagonistas sean escritores, las alusiones a autores como Borges, Lovecraft o Umbral, a libros como La isla del doctor Moreau, a series como Perdidos y a películas como El show de Truman, son frecuentes en la novela. 

viernes, 3 de junio de 2016

RESEÑA DE 'LOS HUÉSPEDES', POR PEDRO AMORÓS

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el autor hablando de la literatura secreta
Publicada en el blog de Pedro Amorós

Los huéspedes (Ediciones Irreverentes, Madrid, 2016), segunda novela de Pedro Pujante, afianza la trayectoria del escritor murciano en la construcción de discursos narrativos definidos por la impostura y la ficción sin límites. Siguiendo la línea trazada en su anterior novela,El absurdo fin de la realidad, Pujante parece dispuesto a diluir las fronteras entre realidad y ficción, entre mundo imaginado y soñado. El protagonista de Los huéspedes es un escritor (igual que en su primera novela, no es casualidad), Roberto Hernández, que lleva una vida anodina en Torrevieja y que recibe una invitación para la participación en un simposio de literatura misteriosa, secreta, en un pueblo perdido de Extremadura, en Higueras (en El absurdo fin de la realidad el protagonista vive en Orentes). Todo resulta muy extraño desde el principio. Una vez en el pueblo, Roberto Hernández conoce a otros escritores invitados al evento, escritores poco conocidos, que viven en soledad y que coinciden en un lugar aislado del mundo, hasta cierto punto incomunicado. La presencia de Rocío Ramos, una escritora de Orentes, nos retrotrae automáticamente a El absurdo fin de la realidad. El inicio del simposio literario deriva en una especie de locura futurista en la que se combinan los viajes en el tiempo, los desdoblamientos, las realidades alternativas y las clonaciones. Nada es lo que parece. La novela se asemeja en este sentido a una suerte de diario de los acontecimientos que se suceden en Higueras, un desvelamiento progresivo de los misterios que acaecen en el pueblo. El relato está de este modo plagado de revelaciones que el lector va asimilando progresivamente y que Pujante va dosificando con el objetivo de hacer avanzar la historia. A través de la aventura que se despliega en Los huéspedes descubrimos que Higueras es una construcción artificial, el producto de un científico loco, un tal doctor Faustino, cuya idea original es la clonación del escritor Francisco Umbral, una especie de experimento científico y literario, de amor por la literatura en realidad. Por si esto fuera poco, un salto temporal en la novela sitúa a los personajes en el siglo XXIII, sin memoria de lo vivido. Un mundo artificial se ha desplegado en las profundidades de Higueras, un mundo lleno de peligros. Es como si hubiese tenido lugar un nuevo desdoblamiento de la realidad.
Fantasía literaria que narra un experimento científico, Los huéspedes es una farsa repleta de humor, un artificio que gira sobre la idea de simulacro, de imitación, de espejismo. El desdoblamiento de la historia, la repetición de elementos y los giros constantes en la narración envuelven la novela y convierten a Los huéspedes en un artificio literario que provoca una extraña sensación de ensoñación.