lunes, 26 de enero de 2015

UNA VIDA DE PIERRE MENARD

UNA VIDA DE PIERRE MENARD
MICHEL LAFON

DÍAS CONTADOS, 2014
La intextetualidad es una de las marcas de la literatura contemporánea. Borges, uno de los padres del posmodernismo, consiguió recoger toda una tradición y crear su propio canon a través de referencias y lecturas muy personales. Las lecturas y filias de Borges han transcendido como un corpus equiparable a una biblioteca total. Y además  supo enriquecerlo con otro mundo libresco imaginario  y desprovisto de realidad. Libros y autores apócrifos que se solapan con los auténticos. Nadie puede evitar pensar a estas alturas en su célebre cuento Pierre Menard, autor del Quijote, incluido en su libro Ficciones. Desde ese momento, Menard es un autor a tener en cuenta.
En esta sugerente y extraña novela, Michel Lafon se dedicó a dar vida a Pierre Menard, este autor francés que posiblemente no existió hasta que Borges le diera forma en el relato arriba mencionado.
Pero no es esta una novela biográfica al uso. Un personaje como Menard se merecía otra cosa, una indagación menos histórica que onírica, menos fidedigna que subjetiva. Se podría decir que esta biografía consiste en una sucesión de textos escritor por y sobre Menard, en los que se incluye el relato original de Borges. El encargado de hacernos llegar este fragmento de existencia es su biógrafo, Maurice Legrand.

En Una vida de Pierre Menard se acumulan los testimonios de un modo aparentemente aleatorio, como si su biógrafo, Maurice Legrand hubiese recogido una serie de documentos dispersos y los hubiese ordenado en un intento de dar legibilidad a una vida literaria poco común, casi anodina. Cartas cruzadas entre Legrand, Valéry, Menard y el propio Borges…, textos de toda índole, memorias, conferencias. Cualquier género es aquí tomado en consideración para conformar esa reseña de Pierre Menard que los amantes de la ficción siempre hemos soñado con leer. Y resulta que tras la lectura de esta exquisita semblanza parece que conocemos un poco mejor a Menard, un escritor frustrado, sin obra visible pero con alma (Menard tiene varios libros en marcha con la cuasi certeza de que no los publicará nunca), amante de los paseos por el Jardin des Plantes de Montpellier, traductor, amigo de sus amigos, coleccionista de monedas y de recuerdos melancólicos.
Entre los episodios biográficos de Pierre Menard se conocerá su relativa amistad –sobre todo epistolar- con Gide, con Valéry, con Borges. Legrand llega a preguntarse respecto a los escritos del autor argentino: ‘¿Confesaré que hasta me ocurre leer esta obra  como si hubiera sido enteramente escrita por Menard?’  Y el lector llega a sospechar si acaso no fue Menard quien en realidad inventó a un quimérico Borges.
Con este curioso libro parece culminar una red de textos apócrifos que comenzó con El Quijote, de un tal Cide Hamete Benengeli, atravesó a Borges en su célebre necrológica-relato sobre Menard, y llega aquí para cerrar el círculo de ficciones, en esta biografía del último autor del Quijote, el inventor de Borges, Pierre Menard.
Solo añadir que la traducción es exquisita, de un tal César Aira, uno de esos hijos apócrifos de Borges que todavía perviven en nuestras letras.

PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO LIBROS DE LA OPINIÓN DE MURCIA 24 ENERO 2015

martes, 13 de enero de 2015

LOS INCIERTOS LÍMITES DEL ARTE

 

INTENTO DE ESCAPADA  
DE MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ

En los últimos años varios han sido los novelistas que se han valido del arte como eje de coordenadas mediante el cual componer sus obras. Vila-Matas con Kassel  no invita a la lógica reflexiona sobre el arte contemporáneo, en su reconocible estilo autoficticio; o Menéndez Salmón con Medusa. En esta novela,  se planteaba el autor gijonés, al igual que Hernández en Intento de escapada, hasta qué punto una obra de arte es tal, qué está permitido al artista (desde un punto de vista ético) o cuánto dolor o denigración estamos dispuestos a soportar en pos de una experiencia estética.
La primera novela del autor murciano Miguel Ángel Hernández (1977) es una historia con un argumento sólido, a la que hay que sumar algunos hallazgos más que la hacen destacable. Estos serían, por supuesto, esa capacidad para aproximarnos  a los neófitos a una teoría del arte contemporáneo y sobre todo lo que consigue Hernández es plantearnos preguntas. Porque toda buena novela genera interrogantes, y en Intento de escapada el lector se verá bombardeado por sugerentes incógnitas,  que tienen que ver con la ética, el arte y que apuntan a esa borrosa frontera entre lo moral y lo estético, entre el mal y el acto creativo.
Vayamos por partes. El argumento. La historia trata de Marcos, un joven universitario, amante del arte moderno, que acabará obsesionado con Jacobo Montes, un artista conceptual controvertido que explora en sus obras la dimensión social del arte. El joven e inocente Marcos, seducido también por Helena, atractiva profesora universitaria y amiga  de Montes, comenzará a prestar ayuda al genial artista en su próxima obra. Que de hecho tendrá lugar en la ciudad en la que vive y estudia Marcos.

Al comienzo, el joven Marcos se sentirá fascinado por la posibilidad de formar parte del proyecto de este carismático artista. Pero a medida que avanza la trama Marcos irá descubriendo que el tal Montes esconde secretos, que su personalidad tiene matices y sombras que le asustan y que quizá tras el aspecto de artista innovador se esconda un ser sin escrúpulos. Montes afirma que no intenta decir nada con sus obras, que tan solo trata de mostrar la realidad. Un posicionamiento ambiguo, porque ¿es posible crear una obra de arte y pretender que esta no signifique nada, que sea meramente una reproducción de la realidad, sin influir en ella?
La obra que se dispone a realizar consiste –siempre en su línea rompedora, controvertida, desafiante- en encerrar a un inmigrante en una caja para comprobar cuánto tiempo es capaz de resistir en ella por dinero, sin comer, beber… Y desde este planteamiento, el lector, a través de la mirada fascinada pero cada vez más crítica de Marcos, se preguntará: ¿qué es una obra de arte? ¿Dónde está la frontera entre ética y estética? ¿Es lícito aprovecharse de las miserias de seres humanos y de su sufrimiento para construir un artefacto artístico? ¿Es Jacobo Montes un artista, un megalómano,  un mercenario del arte, un sádico, un hombre pragmático al que solo le interesa el dinero o la fama? En definitiva, la pregunta que rondará al lector es,  con Montes en el horizonte: ¿todo vale en arte contemporáneo? ¿La idea abstracta está por encima de la vida concreta? ¿Es un hombre que sufre un producto digno de alabar artísticamente?
Se acaba la novela con más preguntas que respuestas. El arte está más allá de la lógica, escapa a cualquier razonamiento, aunque parece obvio que hay fronteras que no se deben traspasar.
La evolución de Marcos a lo largo de la novela es muy lograda. Hernández ha diseñado una especie de disimulado alter ego de sí mismo que funciona perfectamente como catalizador de muchas  de sus inquietudes literarias, artísticas y existenciales.  Las reflexiones del protagonista alcanzan en ocasiones cierto lirismo metafísico que hacen que esta lectura vaya más allá del mero disfrute literario. En las páginas de Intento de escapada hay además un deleite intelectual que nos hace ahondar en las cuestiones ya mencionadas y que consigue que nuestras convicciones se tambaleen. Intento de escapada sobrepasa su propia escritura.

Y como colofón, en las últimas páginas Hernández, en la más pura vena vila-matiana, da un leve volantazo metanarrativo para hacernos ver que la propia novela está inserta en su propia vida (es decir, en la biografía de Marcos, el narrador y protagonista), en el tejido mismo de su experiencia como creador, y que es el resultado de esas vivencias intensas que marcaron su último año de carrera.
Una espléndida primera novela que mantiene la atención del lector, de prosa ágil, intensa, con momentos de gran altura literaria y acertadas consideraciones sobre la vida y el arte, y que se combina lo mejor del thriller culto y del Bildungsroman.

PUBLICADO EN LA OPINIÓN, SUPLEMENTO LIBROS. SÁBADO 11 ENERO 2015

miércoles, 7 de enero de 2015

SOMOS HISTORIA, LA HISTORIA ES FICCIÓN: SOMOS FICCIÓN



‘La ficción formó parte de los recursos del historiador’'


los individuos somos relatos y cada biografía, una convención narrativa.’'
ÁLVAREZ BARRIENTOS. EL CRIMEN DE LA ESCRITURA


Vivir es recordar, aunque el recuerdo está construido con el presente. En el presente inventamos y soñamos.
Pedro Pujante




Los recuerdos no son nada fiables. Nuestra personalidad está basada en lo que recordamos, en lo que creemos que hemos vivido. Por lo tanto: somos un producto narrativo. 
Profesor de psicología, Daniel Simons, de la Universidad de Illinois -
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lunes, 5 de enero de 2015

QUE TODO SIGA IGUAL



Guardo varios clones en mi armario ropero, nunca se sabe, son muy útiles.
 Los uso indistintamente, según me convenga. Nadie sería capaz de diferenciarnos, son copias perfectas de mí. Máquinas elaboradas con la más sofisticada tecnología.
No obstante, los clones presentan sutilezas, sus pequeñas variantes que los hacen únicos, a pesar de su duplicidad. Uno es muy descarado y bromista, es el que usé para conquistar a mi actual esposa. Otro inteligente, profundo, inspirado: es el que escribe estos microrrelatos y se presenta a  los actos sociales.
El problema es que uno de ellos es pendenciero y violento y me obliga a que le deje salir de fiesta de vez en cuando. No hay manera de retenerlo en casa. Y lo peor es que el otro día se enamoró de una chica y acabaron en su apartamento.
Resultó ser mi esposa.
 Ahí fue cuando descubrí el engaño, descubrí que la que duerme conmigo muchas noches no es mi verdadera mujer sino uno de sus clones. Uno de sus más lujuriosos clones.

Me haré el tonto, prefiero que todo siga igual

martes, 30 de diciembre de 2014

PERDIMOS LA LUZ DE LOS VIEJOS DÍAS DE ISAAC BELMAR

 



     ¿Novela negra, ciencia ficción, historia de amor y venganza, testimonio, dolor, furia…? Literatura.

     El autor de esta novela es Isaac Belmar. No sé de dónde es ni cuándo nació. Supongo que es un autor joven porque ésta es su primera novela (según deduzco de la contraportada), aunque ya había publicado algunos relatos y ganado algún premio. No obstante, su prosa destila experiencia.

     Volvamos a la novela. Perdimos la luz de los viejos días es la historia de un perdedor en un extraño mundo en extinción. Casi apocalíptico. Un hombre que ha sido derrotado en la batalla del amor. Y de la vida. Un hombre pequeño, como él mismo se ve.

     La que fuera su novia, la que le abandonó por otro, la que le fue infiel tras contraer un cáncer mortal, decide volver con él. Y como la ama, él la acepta. Y sufre su póstuma pérdida. Ella muere. Y él vuelve a estar solo.

    A partir de este traumático evento de dolor y rescoldos de un amor finiquitado comienza a fraguar una venganza: acabará con todos los que le han hecho daño a Miriam. Cree que se lo debe.

     Pero para acometer su vendetta deberá entrar en un mundo del que nada conoce. Un mundo de gente sin escrúpulos que trabaja al margen de la ley. Hombres que asesinan, violan y dan palizas a cambio de dinero. Y él pagará lo que haga falta para ver cumplido su ajuste de cuentas. Todo tiene un precio, es una de las lecciones que aprenderá. Y hay caminos que no tienen marcha atrás.
    Esta aventura lo transformará. Pasará de ser un hombre triste a ser un hombre con convicciones. Dejará de ser un personaje secundario para adentrarse en la trama de la existencia y erigirse protagonista de su propia vida. O lo que queda de ella.

     La historia transcurre en un mundo en el que un extraño meteorito llamado Maat está a punto de colisionar con la tierra. Y colisionará. Pero lo que parecía el fin del mundo se convierte en un simple cambio. El mundo adquiere otra tonalidad, pero la vida sigue. Todo es distinto, pero igual.

    Entre sueños y realidades deformadas Perdimos la luz de los viejos días nos cuenta una fábula sin moralidad, nos sumerge de lleno en un túnel abismal por el que navegan las almas de los desposeídos. Una historia sencilla, pero profunda, con giros inesperados, acción, sectas que nos revelan nuestra condición de muertos; una historia que habla de nuestros más oscuros rincones del alma. Habla de amor, de venganza, de celos, de poder, de miedo, de la vida. Habla de ti y de toda la gente que habita este mundo.

   Belmar juega con las voces narrativas e intercala la visión de uno de los personajes como contrapunto a la del protagonista. Con ecos de Banville, con una prosa que nos remite a un realismo sucio de nuevo cuño. Deudora de la novela norteamericana y de la literatura de la extrañeza. Esta historia es conmovedora, dura, onírica, inmediata.

     Recomiendo esta novela adictiva y sugerente.

sábado, 27 de diciembre de 2014

IMPOSTORES EN LA LITERATURA





‘Los poetas son mentirosos’
PLATÓN


El título de estas notas podría parecer que esconde un oxímoron porque ¿no es toda literatura una impostura per se? ¿No es todo escritor un farsante declarado y sus producciones, sarta de mentiras?

Es posible, sí y no, todo depende del estatus que le queramos otorgar a la ficción; o la relevancia que para nosotros tenga eso que llamamos realidad. Aunque lejos de querer cuestionar el verismo en la literatura o el peso que la ficción tiene en ella; lejos de abordar el viejo dilema entre realidad y ficción lo que pretendo es acercarme al mentiroso, al impostor, al gran embaucador que se parapeta tras algunas máscaras literarias. El personaje impostado.

La idea de hablar de embaucadores me ha surgido precisamente por la aparición de la última novela de Javier Cercas, El impostor. En ella, sin ficción alguna (ya la pone el personaje, nos recuerda su autor) Cercas nos habla de Enri Marco, ese farsante que engañó a todo un país haciéndose pasar por una víctima del holocausto nazi. En el libro, el autor trata de entender –no justificar- las motivaciones que impulsaron a Marco a llevar a cabo tan horrorosa y descomunal mentira. Una vida de engaños que está plagada de muchas mentiras y algunas verdades.

Si hacemos memoria bibliográfica el caso no es aislado ni único. Borges en 1935 publicó un libro de textos, entre el ensayo apócrifo y el cuento, titulado Historia universal de la infamia. En él hay una pieza, ‘El impostor inverosímil Tom Castro’, en la que nos cuenta la historia de un tal Tom Castro, quien al saber que una viuda está buscando a su hijo, Roger Charles Tichborne, se presenta ante ella suplantándolo. La madre, ávida de encontrar a su hijo –como España de víctimas y héroes que glorifiquen su doloroso pasado- cree ver en él a su vástago, y como tal trata al impostor. El caso, más allá de la duda razonable que levita sobre la verdadera identidad del hijo pródigo, hace reflexionar sobre la capacidad que tiene la ficción para erigirse como realidad, y cómo los deseos configuran nuestras percepciones, y las modifican. La verdad acaba siendo lo que queremos que sea verdad. Aunque sea mentira o ficción.



 Uno de los primeros farsantes- aunque éste sí que era además un héroe- fue Ulises. No solo luchó en Ítaca y navegó los mares; también inventó historias para poder salir victorioso de más de un embrollo. Al cíclope Polifemo le engañó; también mintió al llegar a Ítaca, haciéndose pasar por un viejo desconocido. Sabemos que su abuelo materno fue Autólico, hombre que sobrepasó a todos los hombres en ingenio a través de juramentos falsos y procedimientos poco honrosos, hurtos y robos incluidos. Le dice Atenea a Ulises en el Canto XIII: ‘Bien astuto y taimado ha se ser quien a ti te aventaje en urdir añagazas del modo que fuere…’

   No nos vamos a detener en nombrar a otros mentirosos clásicos: Alonso Quijano, ese hombre de pueblo      que se hizo pasar por caballero andante; Enma Bovary, infiel mujer desesperada o el mismísimo Pinocho.
El impostor que relata Cercas se parece mucho al que Emmanuel Carrère retrató en El adversario. Un tipo que fingió ser médico durante toda una vida y que acabó asesinando a su familia, cuando fue descubierto. Más feliz es el caso de Enrique Vila-Matas, quien en una de sus primeras novelas rescribió la historia de un tipo mentiroso, farsante y usurpador. Al igual que Borges, Carrère y Cercas, Vila-Matas extrajo su ficción de la savia de la realidad. En este caso –me refiero a su novela Impostura- el personaje es un loco, desmemoriado al que la señora Bruch reconoce como su esposo. Pero a la vez, la identidad es disputada por una segunda mujer. Claudio Nart o Ramón Bruch, ¿quién es? ¿Está loco, sin memoria o es alguien que está sacando provecho de la confusión? Vila-Matas extrae su fantasía de la realidad para recordarnos que la ficción es mucho más poderosa, porque no tiene límites o porque es capaz de mezclarse con ella (la realidad) y confundirnos.



Todos los impostores, llevados al papel, acaban siendo reales. Cobran una especie de vida inmortal. Quizá ese es el verdadero secreto de la literatura: convertir la mentira en una verdad eterna, transformar la realidad  efímera y gris en una página infinita  y colorida de la Gran Ficción.

PUBLICADO EN SUPLEMENTO LIBROS, LA OPINIÓN 27-12-2014


martes, 16 de diciembre de 2014

EL ORIGEN DE LAS DISTOPÍAS

DISTOPÍAS: MUNDOS INDESEABLES, ESPEJOS FUTUROS DE NUESTRA ACTUALIDAD

 El término ‘Distopía’, aunque no recogido aún por la RAE, sí que aparece en el Oxford English Dictionary:
An imagined place or state in which everything is unpleasant or bad, typically a totalitarian or environmentally degraded one. The opposite of utopia’.
Un lugar imaginario en el que todo es malo o desagradable, degradado y bajo el control de un estado totalitario.
El mayor auge de las distopías tendrá lugar en el siglo XX.  No olvidemos que este comienzo de siglo está marcado por el descontento. El existencialismo, teñido en su comienzo de pesimismo y angustia vital, es un movimiento filosófico que refleja el sentimiento de una sociedad cada vez más alienada y perturbada por las catástrofes políticas y económicas.  Se suceden guerras, hambrunas y disconformidad social. Los movimientos laboristas y obreros ganan terreno. Las ciudades, al tiempo que experimentan un gran desarrollo, sufren de masificación, de exceso de trabajo, de complicación en la maquinaria burocrática. La incomunicación y la falta de valores tradicionales y sentimientos parecen ser algunos de los temas que más preocupan a los ciudadanos modernos. Y la novelística se hará eco de todos estos problemas.
La gran cantidad de obras que se adscriben a este género es incontable. La literatura distópica ha producido un significativo número de novelas, relatos y, por supuesto, películas. Los argumentos, personajes y sus motivaciones pueden variar. Pero todas comparten elementos comunes, que sin duda, provienen de la tradición de la novela clásica de aventuras y viajes, se adaptan a la novelística contemporánea y  configuran a la nueva mentalidad del hombre científico, moderno habitante de una sociedad urbana.
 En las novelas distópicas el verismo  y el impacto estético están normalmente refrendados por la cercanía y similitud de los propios mundos que ficcionalizan. Las ciudades de estas historias son muy parecidas a las que conocen los lectores de las mismas. Pero, por supuesto, marcadas por un amargo desencanto, un triste destino, una pesimista, gris y poco halagüeña realidad.  Como apunta Futre Pinheiro en un artículo titulado Utopian and Utopias: a Study on a Literary Genre in Antiquity, estas suelen aparecer en un tiempo de crisis de cambio político y social.
La vida urbana que hay en las ciudades  distópicas de  estas novelas se acerca, en distintos grados, al arquetipo "progresista". En estas inquietantes sociedades se aplican formas evidentes o sutiles (pero en todo caso novedosas e interesantes) de control del individuo; formas de organización social adaptadas a una sociedad, a un mundo indeseables. Estas ciudades narradas son artefactos intencionalmente creados para consolidar y mantener una determinada organización social subordinada a un poder.  En definitiva, lugares y tiempos a los que no nos gustaría que llegásemos jamás.
El presente se ha quedado obsoleto. La tecnología nos hace mirar al futuro. La ciencia exacerbada nos invita a soñar (sueños que devienen en pesadilla). Las nuevas antiutopías ocurrirán en el tiempo que está por llegar. Además de su carácter apocalíptico, admonitorio, clarividente, que nos invita a reflexionar en lo que va a ocurrir si no cambiamos nuestra actitud.
¿Cuál es la primer Distopía?
Ya Julio Verne en 1889 escribió la novela corta Un periodista en el siglo XXIX en el que su primera frase parece anunciar toda una nueva oleada de literatura distópica: ‘Los hombres de este siglo XXIX viven en medio de un espectáculo de magia continua, sin que parezcan apreciarlo. Hastiados de las maravillas, permanecen indiferentes ante lo que el progreso les aporta.’
Hastiados de maravillas, nos dice Verne, como si anticipase ya el cansancio y el desasosiego que reinarían en la literatura y la vida de los siguientes siglos. 
Unos años después, en 1897, H. G. Wells publicaría una de las primeras y no muy conocidas distopías, A Story of the Days To Come, novela corta en la que se dibuja un mundo hiperindustrializado y con una excesiva urbanización. En esta curiosa historia la vida urbana del futuro Londres está condicionada por una fuerte división de las clases sociales, siendo los trabajadores los habitantes del subsuelo y los ricos, de elevados rascacielos. Una visión sociopolítica en la que ya trabajó, con algunas variantes, en su famosa The  Time Machine (1895). Portada
Esta constante se repetirá en novelas clásicas como la del ruso Zamiatin (Nosotros, 1921), Orwells (Nineteen Eighty-Four, 1948) o Ray Bradbury (Fahrenheit 451, 1953), por citar tres de los más célebres novelistas de obras distópicas en las que un futuro indeseable es expuesto de un modo crítico y con claras referencias a nuestro precario presente. Nosotros es una alegoría fascinante que ha marcado el género, 1984, una cruda visión de un mundo anticultural, casi real y Un mundo feliz, la más original e hiperbólica de todas las distopías clásicas.
Si en las utopías literarias se empeñaban en hacernos ver un universo  modélico, deseable y al que deberíamos aspirar, en estos mundo grises y tamizados por la insatisfacción los seres humanos están reducidos a meros números (Nosotros de Zamiatin), degradados a una masa sin identidad y sometidos a una estricta vigilancia (1984 de Orwell) o despojados de la cultura que nos convierte en seres humanos (Fahrenheit 451 de Bradbury).
Para acabar una reflexión en voz  baja ¿es posible que ya estemos viviendo en un mundo distópico y no seamos conscientes de ello?

PUBLICADO EL SÁBADO 14 DICIEMBRE 2014 EN LIBROS. LA OPINIÓN DE MURCIA