domingo, 16 de septiembre de 2018

PARQUE TEMÁTICO PARA VIAJEROS EN EL TIEMPO

PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO 30 ANIVERSARIO "LA OPINIÓN" 15-9-2018


Queridos cronoviajeros, estén atentos porque acabamos de llegar a Murcia en 2018, la temperatura ambiente es de 40º a la sombra, la misma que hacía treinta años en esta ciudad un día de verano cualquiera. No se separen del grupo porque numerosos “aparcacoches” han sido conservados para dotar de realismo el parque. Este puente es idéntico al original, está fabricado con hierro y se ha levantado sobre lo que debió de ser el Río Segura, por el que, según señalan nuestros geólogos, corría un buen caudal de agua.  En el puente debió de vivir una famosa alcaldesa o princesa como se puede deducir del único fragmento rescatado y conservado en nuestro archivo sonoro: “La Virgen De Los Peligros, La Virgen De Los Peligros,/La Que Está Encimica´El Puente”.

 Allí, al norte, se celebraba la feria, un evento que tenía lugar en el mes de septiembre y que era famoso por concentrar a gran cantidad de humanos en condiciones de hacinamiento pero que, paradójicamente, se saldaba con resultados agradables. De hecho, se repetía cada ciclo anual. Sí, exacto, igual que el Bando de la Huerta, todo viene explicado en el folleto; consistía en un multitudinario ritual de carácter social y lúdico, muy popular, en el que millones de humanos se concentraban en espacios muy concretos de la ciudad para intercambiar fluidos corporales: saliva, orina, semen, deposiciones, jugos gástricos, sudor. Consumían drogas líquidas y productos hipercalóricos un 80% más de lo tolerable, realizaban movimientos espasmódicos llamados “bailes”, animados por sonidos a todo volumen y perdían el conocimiento bajo los efectos de sustancias que alteraban sus estados de conciencia. Fue poco antes de la implantación total de las redes sociales, cuando todavía estaba bien visto mantener relaciones físicas directas. Eso que pueden ustedes apreciar ahí es un pub estándar. No servían alimentos para que las drogas líquidas (whisky, ron, licores de cebada, etc.) produjesen un mayor efecto en el cerebro. Además, los dispensadores de sustancias (llamados camareros) se seleccionaban de entre los jóvenes mejor dotados físicamente como reclamo sexual. Hemos conservado el pub en su estado original y creemos que había miles repartidos por toda la metrópolis. La barra servía como punto de apoyo cuando estaban a punto de perder el equilibrio. A grandes rasgos todos estos habitáculos se usaban con los mismos fines prácticos: reafirmar el estatus jerárquico dentro del grupo social y perpetuar la especia mediante sofisticados rituales de cortejo y apareamiento. No, no se comunicaban, esos aparatos llamados altavoces impedían todo contacto lingüístico mediante molestos y continuados ruidos denominados “Reguetón” y con otros términos del todo intraducibles a nuestro idioma actual. Hay teóricos que sostienen que estos espacios eran salas preparatorias para el ritual de “El Bando de la Huerta”, pero no está demostrado. Por supuesto no deben olvidar que hablamos de una época basada en las relaciones físicas, sin intermediarios virtuales, y nuestros antepasados debían de efectuar el coito y otros procedimientos primitivos de reproducción no asistida en los que el contacto físico y visual era imprescindible. De este modo, estos lúgubres y nocturnos espacios de visibilidad y sonoridad reducidas en los que se ingería un fármaco local llamado Estrella de Levante, eran idóneos para simular cortejos sexuales de apariencia espontánea, pero que en el fondo se sometían a estrictas reglas y complejos mecanismos muy elaborados. Los aprendían de manuales como el códice titulado 50 Sombras de Grey y de otros productos audiovisuales, como el conocido Titanic, que debió de ser muy relevante porque se cita en casi todas las cartas de amor encontradas en las excavaciones del Barrio Corte Inglés.
Aquello que pueden ver ahí era una biblioteca. Estaba repleta de textos de todas las épocas con gran cantidad de información social, cultural e histórica. Pero los usuarios que pasaban la mayor parte del tiempo en este templo solían obviar las… como se llamaban, novelas, creo, y tan solo ojeaban apuntes que tenían que memorizar para que se les expidiera un título universitario. También examinaban la prensa, un tipo de lectura muy amena pero extremadamente complicada de entender, porque tan solo narraba lo que había ocurrido el día antes, lo que eliminaba cualquier lectura historicista o diacrónica de la realidad. Solo quedan algunos vestigios de un texto periodístico titulado La opinión. ¿Que de qué trataba? Es muy complejo de resumir, pero en sus heterogéneas secciones se hablaba de los extraños libros que nadie leía, se hacían listas de los que habían muerto el día antes y también dedicaban unas páginas a personas que daba patadas a una pelota de cuero en pantalones cortos. Sí, eran extraños. Pero sigan por aquí y contemplen el mayor misterio de aquella civilización perdida: un pastel de carne…

miércoles, 29 de agosto de 2018

APOLOGÍA DEL VIAJERO PASIVO


Resultado de imagen de viajeros tontosEn el pasado, antes de que se inventara el turismo, la gente que viajaba debía acarrear una serie de dificultades extraordinarias si pretendía conocer y visitar una ciudad, un país o un continente distinto al suyo de origen. Los viajeros eran aventureros, dotados de conocimientos y una fortaleza extrema. Se requerían una serie de condiciones físicas, morales y emocionales específicas para arrostrar el viaje. El viaje era una misión, el viajero un ser activo. Por supuesto, los medios de transporte no disponían de motores, ni existían los guías turísticos tal y como los conocemos hoy. Tampoco existía el “todo incluido” ni el “paquete completo” que incluye transporte al hotel, tres comidas y un teléfono de emergencias en caso de enfermedad o accidente. Tampoco había seguros de viaje ni siquiera garantías de regresar con vida de la aventura.
Desde que se inventó el turismo, y se ha ido perfeccionando, viajar ha cambiado drásticamente. La nueva retórica del viaje transforma la aventura en una suerte de experiencia virtual. La peregrinación mística y salvaje ha sido sustituida por una aventura intelectual, cultural, hedónica. Las penurias físicas se evitan gracias a la sofisticación de los medios de transporte, las comodidades de los alojamientos, el abaratamiento de los servicios gastronómicos en hoteles y paquetes que te incluyen hasta los cócteles. El viajero ha dejado de ser un ente activo que configura su propia experiencia y la vive en primera persona, para ser un pasajero, un agente pasivo de la industria turística. Un cliente.
Pongamos como ejemplo radical un crucero. Para embarcarte en este tipo de aventura, además de disponer del efectivo necesario,  tan solo tienes que realizar una llamada a una agencia y contratarlo. Te desplazan hasta el barco y desde allí, te transportan de ciudad en ciudad, como si de un hotel móvil se tratase, para que puedas ver, contemplar y fotografiar cada piedra o rincón que te apetezca. No debes hacer prácticamente nada. Ellos han pensado en todo. Ni siquiera preocuparte de hacer tú la cama o programar la excursión del día siguiente. En el barco te lo proporcionan y organizan todo. También los menús, los horarios y hasta los amigos con los que compartirás la mesa durante siete días.
            Habrá quienes abominen de este tipo de aventuras prefabricadas, abrigando en su mente la idea romántica del viajero-aventurero que se pierde en destinos exóticos y entra en contacto con culturas desconocidas para vivir una vida nueva y excitante. Me resulta fácil dar la razón a esta filosofía de viajes. Pero he de reconocer que también me apasiona el viaje prefabricado, la aventura-simulacro en la que por unos días te aíslas de tu realidad para dejarte llevar, para convertirte en un viajero pasivo que no pasea por las ciudades, sino que deja que las ciudades paseen por él. Ser otro, abandonarte a la experiencia manufacturada y perfecta. Una semana de crucero es una tregua, una inmersión en una burbuja espacio-temporal en la que dejas de preocuparte de los avatares de la rutina para convertirte en un observador, un habitante de un mundo diferente en el que el tiempo y la realidad fluyen a otro ritmo, a una densidad casi extracorporal. Si viajar es vivir nuevas experiencias, ¿por qué renunciar a los simulacros, a los no-lugares, a las abstracciones, a ser durante una semana un extraterrestre, un ser pasivo que observa un mundo alucinante que pasa ante nuestros ojos? El nuevo viaje ya no tiene por qué ser una aventura física, también puede resultar una experiencia interior en el que las comodidades te hagan sentir que estás fuera de la realidad. Viajar no es solo llenarte de experiencias, también consiste en vaciarte de tu rutina.

sábado, 18 de agosto de 2018

LA MUERTE DEL SABIO

Publicado en La Opinión de Murcia, 17 agosto 2018
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En el pasado, los ancianos de la tribu eran los sabios que atesoraban el conocimiento. El saber consistía en acumular experiencias, vivencias, heridas procuradas en batallas o en batidas de caza, recuerdos de vidas cruzadas. Al trasmitirlo a los demás se producía la magia, el aprendizaje necesario para sobrevivir a la ignorancia. Ahora, con la Red como oráculo –el cerebro compartido que no piensa- existe un almacén de saberes a disposición de cualquiera. Un vasto tejido de conocimientos en el que los internautas nos perdemos en busca de un atisbo de luz. Esa biblioteca de Babel que Borges soñó, metáfora del Universo, ha dejado de iluminar para cegarnos. Creíamos que el infinito no se confundiría con un laberinto. La Red es un caos.
Por lo tanto, si la memoria, la experiencia y el saber de la tribu han sido relegados a un cerebro electrónico: ¿para qué sirve un sabio? ¿Qué diferencia existe entre un hombre con conocimientos y un lego que ha adquirido cierta notoriedad y es seguido por miles de personas? Los nuevos gurús, como todos sabemos, son adolescentes o idiotas. Los nuevos ídolos de masas son youtubers que no tienen mucho que decir, que no saben hacer nada trascendente, pero que han logrado hacer de su ignorancia la metáfora viviente de nuestra instantaneidad. Son divertidos, hacen pasar el rato y, de este modo, atrapan a sus seguidores. ¿Qué hay más importante que ser feliz aquí y ahora, dejar de pensar, divertirse y no preocuparse de nada? Quizá esa sea el signo de este nuevo mundo sin memoria ni pasado, un tiempo amnésico, anclado en el presente, en la inmediatez: poetas que no cantan antiguas epopeyas, letras banales que aspiran a hacer mover el esqueleto, sabios juveniles que no saben nada, monumentos a dioses muertos, fotografías del presente que serán descartadas por más fotografías en una hora, quizá en minutos. Programas de cocina, de baile, de citas, tertulias en las que se debate sobre la última novia de un famosillo. Cada día tomamos una nueva foto de nuestro rostro y así, de algún modo, creemos burlar el paso de tiempo, hacer de lo momentáneo una máscara. Fotografías que se exponen para mostrar al mundo que somos extremadamente dichosos. Que estamos comiendo un helado en la playa. No prestamos atención al mar sino al móvil, a la cámara, a la red social. Hay ya redes sociales que eliminan las fotografías que en ella se suben en cuestión de horas. Fugacidad. La historia suele repetirse porque la olvidamos. Pero es posible que algún día acabemos encerrados en un bucle, en un eterno presente sin memoria. Sin pasado al que volver la mirada y también sin un futuro al que asomarnos en busca de objetivos o sueños. Creo que un día desaparecerán los libros de historia. A quién le va a interesar el pasado si tan solo hay presente. ¿Y el futuro?
Si el sabio ha muerto, también habrá que asesinar al clarividente, al Tiresias de la ciencia y del conocimiento, al que se atreva a escudriñar el futuro, el progreso, a aquel que nos abre los ojos más allá de nosotros mismos y de nuestra cotidianidad. La muerte también está dejando de existir, al igual que la vejez, al igual que la fealdad. Cuando descubramos que no todo es bello ni imperecedero quizá comprendamos que también es todo un simulacro. Pero es posible que lo descubramos demasiado tarde.




miércoles, 18 de julio de 2018

NOVELITAS DE PISTOLEROS VS SERIES DE TELEVISIÓN


Resultado de imagen de oeste lafuenteResultado de imagen de almas de metal lafuenteAyer, en una cafetería, escuché fragmentos de una curiosa conversación entre dos hombres de avanzada edad. Hablaban, en ese tono sentencioso que caracteriza las charlas de barra de bar, de las series de televisión que están tan de moda, de la posibilidad de adaptar las novelas de Marcial Lafuente Estefanía (¡Mira tú si habrá ahí muchos y buenos argumentos para hacer buenos capítulos!), y de lo desaprovechada que está Almería, con esos escenarios naturales para rodar una posible serie televisiva sobre “indios y vaqueros” (hubo una referencia a “Águila Roja”, como un claro ejemplo patrio). Reivindicaban, en resumen, el género wéstern, quizá porque no conocían la estupenda serie “Westworld”, quizá sí, no sé. Pero en todo caso, lo curioso de esta anécdota es el cambio de paradigma social, la serie televisiva como material cultural en activo, como continuación de aquellas novelitas del Oeste, como tema de conversación entre gente mayor, y en definitiva, como nueva forma de entender nuestro presente. Me llamó la atención esa manera de contemplar los productos de entretenimiento con nuevo ojos, la facilidad que hay, quizá de forma natural, para enlazar tradición y modernidad,  conectar nostalgia de un pasado ya extinto con nuevos discursos audiovisuales que funcionan muy diferente a los de hace medio siglo. En el fondo, lo que hacían (aunque de un modo intuitivo y especulativo) estos dos señores no era otra cosa que lo que llevan haciendo toda la vida los productores de cine y televisión: revisitar los clásicos, adaptar obras canónicas (las piezas de Shakespeare) a nuevos formatos más populares (blockbusters); o la inversa: discursos populares (novelitas de pistoleros, cuentos de hadas, relatos bíblicos) a discursos cultos (sofisticadas series de televisión, novelas experimentales…).
La cultura es una sucesión de reinterpretaciones, que en cada época trata de reflejar la realidad sin perder el pie en el futuro, tratando de encarnar una modernidad siempre salvaje, pero apoyándose en el sólido basamento del pasado. Porque no hay relato que no hunda sus raíces en la tradición. Como decía Eugenio d’Ors, lo que no es tradición es plagio. Estos dos señores es posible que no se hayan dado cuenta de que la batalla entre indios y pistoleros no ha cesado nunca. Solo que los cineastas han cambiado a indios por marcianos o por vietnamitas, y los valientes cowboys ahora pilotan naves espaciales u otros vehículos menos equinos. En cualquier caso, si dos pensionistas hablan, mientras toman un café, sobre la posibilidad de rescatar un clásico, de series de televisión y de Almería como escenario, es evidente que la cultura sigue viva, aunque metamorfoseada y a veces irreconocible.

jueves, 21 de junio de 2018

INSTRUCCIONES PARA LEER “LAS REGIONES INFERIORES DE LA MUERTE- LA MUERTE Y LA VIDA DE R.C”






Por Pedro Casamayor

“Un Día La Página De Mi Diario Quedará En Blanco”


Como vais a comprobar en un momento, en el mundo intelectual de Pedro Pujante, todo es posible.
Una vez más Pujante a través de su literatura, de su mundo de fricción nos deja en un espacio del que nos cuesta trabajo salir o quizás del que no queremos salir.
Solo a través de la reflexión minuciosa acerca de la realidad de nuestro cuerpo, del tiempo y de nuestra existencia podremos acercarnos a la verdad de sus libros, si es que la verdad es una buena salida. O quizás no, el acercamiento será a través del absurdo, de la imaginación sin límites, del disparate. Eso tendrá que decidirlo el lector.  
Es su mundo de fricción por tanto, un mundo que lastima, que inquieta y te lleva a preguntas incómodas, a regiones donde huele a muerto, solo hechas cuando situamos nuestra vida en la cuenta atrás más terrorífica.
Menos mal que Pujante una y otra vez nos salva con su gas de la risa, con su fina ironía, que nos lleva de un renglón en donde se plantea el misterio de la literatura al de al lado en donde se ponen a cocer unas lentejas. Esa ruptura de escenarios que te deja en tierra de nadie, totalmente indefenso delante de nuestros fantasmas.
Para colmo nos deja con la miel en los labios, una nueva tomadura de pelo metafísica, ya que al final parece que nos va a contar a través de su personaje cuál es el gran misterio de la vida, el fin de la literatura pero se lo queda para él. Quizás en la próxima entrega nos lo desvele. O quizás este sea, que, cuando nos convirtamos en fantasmas, también dudaremos de nuestra existencia. ¡Joder Pedro! Para cuándo un cuento normal, con princesas, castillo y con perdices.
Y ya nos remata en su segunda historia con la idea del doble: ese personaje que: camina al lado, un yo embellecido que representa el reverso de tus frustraciones y tus deseos inalcanzados.
De nuevo su mundo de fricción, donde un personaje, en un momento dado bastante parecido a nosotros, se atormenta por el éxito no alcanzado codiciando los triunfos del vecino. Un cuento con un final exquisitamente placentero y masoquista, solo apto para lectores que buscan no salir  indemnes de su lectura.
 Como dice mi amigo Juan Pardo Vidal “Cada vez hay menos tiempo para que ocurra todo el presente o quizás todo el pasado”.

TEXTO LEÍDO EN LA PRESENTACIÓN DE LAS REGIONES INFERIORES DE LA MUERTE, 18 JUNIO 2018

miércoles, 13 de junio de 2018

PRESENTACIÓN EN ALHAMA DE MURCIA DE "LAS REGIONES INFERIORES DE LA MUERTE"


Se hablará en este acto de la relación existe entre muertos y escritores, entre lectores y escritores muertos, entre el más allá y los libros. En definitiva, trataremos de invocar al espectro de Kafka para, mediante una conferencia inter-mundos, conversar sobre la literatura checo-española.
Ulises, Dante y muchos otros bajaron al infierno en busca de respuestas. Vila-Matas tan solo paseó por Barcelona y sin proponérselo se encontró con el rostro del misterio.
¡Que Kafka os acompañe!

miércoles, 25 de abril de 2018

LAS REGIONES INFERIORES DE LA MUERTE



El sábado 28 de abril en la Feria del Libro de Málaga se presentará mi último libro: Las regiones inferiores de la muerte (Ediciones Mitaddoble) compuesto por dos relatos, el que da título al volumen y La muerte y vida de R.C. Dos historias en las que se entremezcla literatura, arte, acontecimientos inexplicables con grandes dosis de ironía. En la primera, el escritor barcelonés Enrique Vila-Matas es el protagonista de una delirante historia. Un leve bloqueo ante la página en blanco le hace verse envuelto en una truculenta, aunque desternillante aventura en la que se topará con el amenazante espectro de Franz Kafka.

En el segundo texto que compone el libro un pintor fracasado descubrirá la existencia de su doble, un sosias que parece gozar del éxito arrollador que él desconoce. Así, frente al espejo de una realidad que no le corresponde, reflexionará sobre la existencia de vidas paralelas, lo fortuito de la exisencia, mundos que se desarrollan como reflejos de nuestros deseos inalcanzables, en un relato de acontecimientos que volarán por los aires la realidad y la cordura de nuestro antihéroe.

El acto tendrá lugar a las 18: 30 en La Feria del Libro de Málaga, en la Plaza de la Merced, en la carpa de eventos.
Allí os esperamos.

domingo, 18 de marzo de 2018

MARIO BELLATIN O LA ESTÉTICA DE LO GROTESCO

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El mundo parece más normal cuando se regresa de Mario Bellatin. Autor experimental cuya obra suele ser tildada de “rara”, “excéntrica” o “bizarra”. El editor Jorge Herralde lo calificó el más raro entre los raros. Sus novelas (más de 40 hasta la fecha) están pobladas de personajes extraños, deformes, marginales o monstruosos que deambulan por escenarios sombríos, claustrofóbicos, opresivos. Todas sus novelas, la mayoría breves, especulan una realidad deformada, y presentan escenarios sin asideros cronológicos ni geográficos (o de remotas latitudes) en los que la lógica es suplantada por una estética de lo grotesco.
Temas como el dolor, la deformidad y una intertextualidad apócrifa, se frecuentan con obstinación. Además, el propio Bellatin, o un avatar suyo, suele aparecer como personaje o como narrador de sus propias fantasmagorías autoficcionales. Si lees a Bellatin te das cuenta de que nadie escribe como él. Ser un raro significa en ocasiones estar solo, ser un eremita, esconder con inteligencia a tus precursores. De hecho, Bellatin ha afirmado que sus influencias no son solo literarias, sino también artísticas, cinematográficas. ¿De dónde viene la literatura de Mario Bellatin? Imaginemos que Satán ha sido agraciado con la prosa de Dios, algo así.
En novelas como Disecado se puede “disfrutar” de ese reino oscuro y extraño que caracteriza su narrativa. Espectral, absurda y delirante. Tétrica y fascinante, recrea un mundo turbador del que resulta difícil huir. Su escritura es adictiva, funciona como un mantra. Textos concisos, casi desnudos, que apelan a una estética del vacío. Los libros de Bellatin son las piezas de un Frankenstein-enciclopedia, la guía de viajes a un inframundo desolado y angustioso que el autor mexicano ha elaborado con minuciosidad. Viajar a la obra de Bellatin supone un viaje sin retorno.

sábado, 24 de febrero de 2018

L'assurdo fine della realtà

El absurdo fin de la realidad se publica en Italia:






Questo romanzo di antifantascienza folle in cui qualunque cosa può succedere.
Alieni pensano di visitare un villaggio mediterraneo. Quindi lo scrittore ufficiale del paese prepara una specie di discorso di benvenuto. Al passare dei giorni e la preparazione del discorso, parla e pensa ai libri e autori, fa delle referenze ai film che li risultano interessanti, dettagli pittoreschi di Orentes, il suo villaggio e tante altre aneddoti del più deliranti. Però cominciano a succedere dei fenomeni strani e la realtà comincia a deformarsi. Va bene credo che si abbia bisogno di leggere il romanzo per scoprire i misteri ed enigmi nasconde.

sábado, 27 de enero de 2018

SOLENOIDE. UN VAJE ONÍRICO ALREDEDOR DE LOS YOES DE CĂRTĂRESCU

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Cărtărescu en las jornadas Leteo
Solenoide es una novela compleja, ambiciosa, rizomática, la obra magna de Mircea Cărtărescu. Estamos ante una enciclopedia vital y literaria que resume su biocosmos, su filosofía literaria, y revela la poética tan particular que posee el autor rumano para reescribir la realidad más trivial desde las lindes de la ficción fantástica. En este sentido, Solenoide, como otras de sus anteriores novelas –“REM”, Cegador, Lulu– solapa elementos extraídos de la realidad gris de Bucarest (una ciudad mitificada por el autor y transformada en espacio onírico-cósmico) y visiones alucinantes que escenifican un submundo extraordinario poblado de seres monstruosos, museos de horrores, criaturas deformes, cultos misteriosos y espacios indescriptibles llenos de cegadora belleza, pero que se enclavan fuera de las coordenadas geográficas y cronológicas de nuestro mundo.  Esta novela se puede leer como una autobiografía imaginaria que participa del relato fantástico, el diario, la novela realista –recordemos que recurre a episodios en los que la sociedad y el tiempo histórico de la Bucarest comunista y postcomunista son reflejados con insólita viveza– pero que, hibridando géneros, traspasa los límites de la mera obra para construir un artefacto lúdico de invención inusitada. Lo grotesco y lo hermoso conviven en la mente del autor. En efecto, es paradójico el contraste que se establece entre la ruinosa arquitectura de Bucarest, una urbe gris, sucia y vieja de que parece haber sido construida ya en su actual aspecto decadente, según se reitera en numerosas ocasiones a lo largo de la novela, y la luminosa vida interior que emana de la mente cósmica del narrador y que funciona como puerta de acceso a ese mundo fantástico que existe paralelo al real.
Escrita en primera persona, pero sin mencionar en ningún momento el nombre del narrador-protagonista, suponemos que el héroe del relato encarna al autor, no al autor biográfico pero sí un avatar ficcionalizado. De hecho, el propio Cărtărescu ha aclarado en una entrevista al periódico ABC que “El personaje de «Solenoide», en realidad, es el protagonista de mi vida imaginaria. Hasta los veintidós años el narrador que aparece en el libro soy yo mismo, y a partir de ese preciso momento se convierte en una persona completamente diferente a mí”. Es decir, es un yo bifurcado. El narrador confiesa, en este sentido, que tan solo ha escrito sobre sí mismo, que durante treinta años ha reunido un “estudio completo sobre mi mundo interior, pues no alcanzo ni a  imaginar haber escrito alguna vez sobre otra cosa” (p. 41). En efecto, la novela se puede leer como una peculiar ucronía autoficcional, una deriva autobiográfica del yo por un mundo paralelo diferente al factual; y tan autoconsciente es el autor de esta paradoja que incluso se plantea un improbable encuentro entre los dos yoes: el fracasado narrador de esta ficción y el Cărtărescu extratextual, quien ha triunfado en su carrera literaria y que, nosotros los lectores, asimilamos con el autor del libro que estamos leyendo. David Roas y Ana Casa han examinado esta tipología de doppelgänger en la literatura fantástica contemporánea, un tipo de doble que lo que “encarna es una alternativa, como si la vida del personaje en cierto momento se hubiera dividido en dos caminos que se habrían desarrollado independientemente”. El narrador revela que en una ocasión tuvo la oportunidad de leer unos versos en público de su poema La caída, pero el fracaso le impidió ser escritor. De este modo, en el relato se reitera su condición de autor frustrado, es decir, de no-escritor, proyectando una anti-identidad, una realidad paralela y contrafactual en la que el fracaso temprano le hubiese privado de una vida de gloria literaria. En definitiva, una realidad alternativa, de la que duda constantemente, en la que se cuelan reflejos desde el otro lado de esta realidad nuestra, un trayecto “por el cual avanzamos en la telaraña de la vida, como en un sueño (…) y se transforma en historia, es decir, en memoria”, mientras los sosias alternativos giran en otra dirección, que como espectros “se nos revelarán en los espejos y en los sueños, los fantasmas con nuestro rostro” (p. 471). No obstante, otros atributos personales se conservan en el avatar de ficción y permiten establecer un juego de identificación entre el narrador-protagonista y el autor: profesor de rumano en una escuela, su apego a Bucarest, además de otras señales recurrentes en otros de sus libros y que configuran su universo privado.
Los hilos de la historia de este mediocre profesor se entrelazan con otras historias, con libros maravillosos, como el manuscrito Voynich y con personajes estrambóticos. La vida está descrita con gran realismo, lo que contrasta con los episodios fantásticos, casi pertenecientes a lo maravilloso, según la clasificación todoroviana. Además, la prosa del autor rumano empareja todos estos elementos tan dispares con su habitual hálito de melancolía y tristeza, que hacen de este “Evangelio, según Mircea” un libro conmovedor, místico y complejo, que reverbera los textos de las religiones antiguas, Kafka, Arthur C. Clarke o su compatriota Max Blecher.

El mundo novelístico de Mircea Cărtărescu, en general, es  una selva profusa, como el lenguaje que lo describe, un entramado textual gótico y saturado de neologismos y referencias, un universo de sedimentos biográficos, fantásticos, históricos, filosóficos,  que describe (más bien funda) la ciudad de Bucarest y por cuyo circuito de venas-avenidas viajan seres de otras dimensiones que giran en espiral en torno al yo alucinado de su narrador. Un libro despegado de lo terrenal, con un final apoteósico, que tiende a la alegoría y que confirma a Cărtărescu como el último gran escritor onírico de nuestra era.

lunes, 15 de enero de 2018

EL ARTE COMO FAST-FOOD

PUBLICADO EN LIBROS, LA OPINIÓN DE MURCIA 13 enero de 2018

Vivimos en la era de la abundancia, no tener es más un defecto personal que un fracaso del sistema. Todo nos sobra en Occidente: el arte, los libros son residuos de una sociedad bien alimentada. Se ofrecen novelas a 0 euros en Amazon, en la red la música y las películas se despachan al ritmo hay más escritores que lectores. Este estribillo resume nuestra sociedad de consumo cultural, es el reflejo de una subversión macabra de los elementos comunicativos: muchos hablan y pocos o ninguno escuchan. Las posibilidades para editar un libro son tan numerosas y hacen tan accesible imprimir y encuadernas tomos rellenos de párrafos que cualquiera con un mínimo interés puede convertirse en un autor publicado. Lo importante no es decir algo nuevo, porque todo está dicho. Lo importante es decir, ser visible y que la gente te escuche. Los libros son cifras, no mensajes. Los más vendidos, cuántas páginas tienen, a cuántos idiomas se han traducido, cuántos ejemplares, el número 1 de la lista de Navidad. Los youtubers, escritores sin libro, son los nuevos autores, los más seguidos/leídos porque han roto la barrera fatigosa del texto, ya no hay que molestarse en pasar páginas, tan solo cliquear y permanecer catatónicos frente a la pantalla del ordenador. El pago es un “megusta”. Cualquiera puede ser youtuber, es decir, escritor sin texto. La cultura, por tanto, ha sido despojada de su placer sensual, ya no cotiza en la bolsa de valores en la que participabas con algunas acciones tras un período de formación y sacrificio. Ver la televisión es la nueva “cultura de masas”, el folletín contemporáneo. Todo está en la televisión, desde la vida del famoso hasta el partido de fútbol. Se ha vuelto un artilugio interactivo que te conecta con el mundo y te regala la sensación de no estar solo en tu salón. Y ahora también las series. Hay en las series esa atracción que nos hace vibrar porque oscilan entre la obra de arte premeditada y la inmediatez, entre el artefacto elaborado y rebosante de genialidad y la pantomima del directo que se controla con un mando a distancia, en pijama, sin salir de casa. Los primeros espectadores de las obras de Shakespeare posiblemente se sintieron del mismo modo. Perplejos ante un arte nuevo que no sabían explicar pero que fascinaba por igual a campesinos y nobles. Un espejo que les ofrecía, como a nosotros la televisión, una imagen mejorada de ellos mismos. Un “entremés” que se consumía con la voracidad y la inconsciencia con la que un joven devora hamburguesas con cola.


El arte de ahora ya no se disfruta con la lentitud de una novela o una pintura barroca. El arte se consume. Se mastica y se regurgita a la velocidad del video-clip, se expulsa y se olvida rápidamente para dejar paso el siguiente capítulo, a la próxima novedad editorial, al nuevo pop star de la academia de canto televisado.  El nuevo arte se consume y se vomita en las redes con comentarios y twitters que sirven para retroalimentar la cadena de montaje de este arte fast-food. ¿Es mejor o peor que hace unos años? La pregunta es trampa porque toda comparación adolece de una anacronía. ¿Con qué compararlo, con el teatro del Siglo de Oro o con los entornos de realidad virtual del próximo milenio? Somos hijos de nuestro tiempo. Lo consumimos en silencio o gritando, mientras esperamos que pronto, muy pronto, salga la próxima temporada de nuestra serie favorita.

miércoles, 10 de enero de 2018

LIBROS TRADUCIDOS


 

En los últimos meses tres de mis libros se han traducido a otros idiomas gracias a la plataforma editorial Babelcube. Los huéspedes (Gli Ospiti) y El absurdo fin de la realidad (L`asurdo fine de la realtà) al italiano  traducciones de René Eduardo Galindo). Hijos de un dios extraño (Filhos de um deus estranho, traducción de André Barroso).
Hay en marcha una traducción al francés de El absurdo fin de la realidad .