lunes, 25 de julio de 2016

EL SHOW DE SAMSA.DICKENS, NIÑOS SIN ZAPATOS Y HOMBRES QUE VAN A MORIR



Resultado de imagen de NEWGATE PRISON
Resultado de imagen de DICKENSEn Inglaterra se inventó en el siglo XIX un subgénero literario: ‘Newgate Novels’, el cual adopta su nombre de la cárcel más famosa de Londres. Literatura que reflejaba la dura sociedad de aquellos años, urbana y sucia, poblada de ladrones y criminales, y que autores como Charles Dickens tan bien supieron cartografiar. De hecho, Dickens de niño vivió la prisión muy de cerca. Su padre fue encarcelado y, como era costumbre en aquellos días, su familia le acompañó durante su estancia carcelaria. El jovencísimo Charles fue afortunado y, a diferencia del resto de su familia, quedó al cuidado de una amiga de los Dickens y no tuvo que vivir entre rejas. No obstante, esa experiencia le marcó y dejó una impronta en su obra que bien puede rastrearse en sus famosas novelas de delincuentes y maleantes, descarriados juveniles del emergente mundo urbano londinense. O en su breve ensayo ‘A visit to Newgate’, pieza en la que describe la tétrica y decadente prisión victoriana. En ella, nos dice Dickens, hay una pequeña escuela con niños, con zapatos y sin ellos. Niños sin zapatos. Habla del espectral edificio y también de las miserables gentes que allí se encuentra. Y acaba el relato hablando de un preso, un condenado al que le quedan tan solo dos horas de vida. De prisión. ¿No es terrible la imagen de un hombre que sabes que va a morir rodeado de niños sin zapatos?


viernes, 22 de julio de 2016

EL SHOW DE SAMSA. 10:04. LA HORA (IN)EXACTA DE LA LECTURA


He terminado de leer 10:04 de Ben Lerner, un libro semiautobiográfico en el que su narrador, un tal Ben, nos cuenta el propio proceso de escritura de una novela, incluyendo algunos incidentes que le van sucediendo.
En sus páginas encontramos reflexiones y alguna observación interesante. Acude a ver una película experimental titulada The clock (El reloj) de Christian Marclay. Un film que dura 24 horas, compuesto por cientos de fragmentos de otras películas en las que se muestran relojes dando la hora. La hora exacta en la que se encuentra el film. Este exhaustivo juego convierte el visionado de la película en una metanarración, conjugando el tiempo real del espectador con los tiempos ficticios de los relojes que aparecen en el largometraje. (Larguísimo, de hecho.)
Durante este pasaje de 10:04 reflexionaba acerca de este juego de tiempos que se ejecuta cuando leemos un libro. Hay un tiempo interno, ficticio, y está el tiempo externo y real, el que transcurre mientras leemos. Difícilmente se pueden acompasar. Una lectura puede alargarse unas horas, diseminadas en distintos días, mientras que el libro puede encerrar años o aproximadamente una jornada, como es el caso del Ulises de Joyce. ¿Se podría escribir un libro cuyo tiempo ficcional se acoplase al del lector, haciendo coincidir ambos ámbitos cronológicos? Creo que en literatura todavía no se ha logrado, ni siquiera intentado. ¿Cómo calcular el tiempo que cada lector dedica a una página?

Por cierto, el título -10:04- hace referencia a la hora que marca el reloj de la torre de los juzgados de Hill Valley en la película Regreso al futuro. Y es que leer también es un viaje secreto en el tiempo, a través de un tiempo ficticio que puede extenderse durante  días, noches, siglos, milenios.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA OPINIÓN DE MURCIA EL 22 DE JULIO DE 2016

lunes, 18 de julio de 2016

EL SHOW DE SAMSA. UN ESCLAVO LLAMADO ARRABAL



Hace unos meses que vengo disfrutando de la lectura intermitente de un libro de Fernando Arrabal, en el que se han incluido una obra de teatro, Pingüinas y una suerte de biografía: Un esclavo llamado Cervantes. Ambas obras, muy oportunamente rescatadas por Libros del Innombrable, están dedicadas a la figura de Miguel de Cervantes.
Fernando Arrabal, 2012.JPGLa obra de teatro es una comedia dislocada en la que unas motoristas conversan sobre asuntos volátiles en una atmósfera onírica y disparatada. Con Cervantes como astro tutelar, las pingüinas departen desde un futuro improbable y pretendidamente kitsch, con un aire descarado, sobre la televisión, Lady Gaga, Mike Tyson, Edgar Allan Poe, Dios o Barrio Sésamo. Asimismo, el lenguaje está adaptado al ritmo frenético de la calle, vulgar  y socarrón pero con esa inteligencia sutil e inusitada que adorna la mente pánica de su autor. Los anacronismos y la libertad consignan una puesta en escena impactante.
El otro texto, para mí el plato fuerte del volumen, es un ensayo biográfico en el que el autor dialoga con la cultura y nos ofrece una iconoclasta visión de la vida y época de Cervantes. Un Cervantes de probable origen judío, al que desmenuza con la mirada de un entomólogo.
Pero Arrabal no se estanca en la mera nota biográfica cervantina o en la acumulación de datos históricos, más o menos tangenciales. Además habla de sí mismo y de la elaboración de sus obras (la cervantina y la arrabaliana), de Breton, Dalí o de un infierno llamado Nueva York. Su lenguaje alambicado y propenso al hipérbaton no es un obstáculo para que la fluidez y la ironía incandescente de Arrabal consigan hacer de este peculiar texto una delicia, una pequeña obra de arte de gran valor literario que nos acerca a un Cervantes atemporal.

domingo, 17 de julio de 2016

EL SHOW DE SAMSA. CÓMO ME HICE CÉSAR AIRA



Como muchas veces no sabemos muy bien quiénes somos, o simplemente queremos cambiar de personalidad, leer se convierte en el ejercicio más sencillo de ser otro.  Los lectores somos ventrílocuos que adoptamos la máscara de voz (ficticia) que mejor se ajusta a nuestra cara. ¿No hemos sido, por unos instantes, incluso días, Gregor Samsa, la sombra de Don Quijote o Anna Karenina?
Cuando leemos nos transportamos lejos de nosotros y en el tránsito sufrimos una transformación lenta pero innegable.
Resultado de imagen de como me hice monjaPero hay un pacto tácito entre el lector y su nuevo huésped. Un reconocimiento que abre este flujo osmótico. Nadie lee sobre marcianos si no está dispuesto a creer en ellos durante un rato. Cărtărescu decía hace poco en una entrevista que todos los escritores escriben para gente parecida a ellos. Y digo yo, que a su vez, todos los lectores buscan autores que se les parezcan un poco.
 Con César Aira me pasa ese milagro de mimesis mental. César Aira construye lo extraño desde lo natural, se distancia de lo metafórico y realiza un ejercicio de imaginación desbocada y muy inteligente que configura un universo disparatado pero sospechosamente parecido al nuestro. Su literatura, como si fuera un virus, engaña a nuestro cerebro, le hace creer que está compuesta por sus mismas células y se adhiere a él para no soltarse.
Aira es adictivo. Sus textos –dispersos, breves, ácidos, extravagantes – forman una especie de hipertexto total al que queremos acceder. Están hilados por una imaginación gigante e hiperbólica. Y esa omnipotencia creativa que demuestra en sus novelitas es pegajosa. Uno, mientras lo lee, quiere ser Aira, pensar como Aira, estar en el cerebro musical de Aira. Pero se quiere ser Aira más allá de Aira. Los que leemos a Aira elaboramos un territorio ficcional que encierra la imaginación de Aira y nos quedamos a vivir en él simulando que somos parte del decorado.

Ha escrito decenas de libros con la secreta intención –sospecho yo- de que nadie pueda llegar a ser él de un modo total.


PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA OPINIÓN DE MURCIA 

sábado, 16 de julio de 2016

EL SHOW DE SAMSA



AUTOMORIBUNDIA. LA VIDA

IMAGINARIA DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

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‘Comprendí que el amor es meter moras en cartuchos vacíos que aún huelen a pólvora.’
Ramón Gómez de la Serna

Quiero comenzar esta sección veraniega hablando de Ramón Gómez de la Serna. Y de su autobiografía.
Resultado de imagen de GOMEZ SERNAHay libros que nos acompañan siempre, que no se acaban nunca. En estas memorias surrealistas y castizas, entrañables e imperecederas, Ramón se retrata, esboza su radiografía sentimental mediante el acecho y la búsqueda de recuerdos, imágenes y anécdotas que fluctúan en su memoria. Automoribundia es una reconstrucción de los hechos (reales, ficticios o imaginarios) de un niño que creció pero que jamás olvidó que fue un niño. O que regresó, lentamente, a esa forma de estar en el mundo que es la imaginación.
En algunas de las fugaces anécdotas de Automoribundia desliza esa poesía ingeniosa llamada Greguería, que en realidad es el idioma natural de Ramón. Un invento que fue su forma de entender la realidad y de decodificarla, transmutarla en un estilo literario. Al leer estas páginas uno comprende que la vida de Ramón estaba regida por un pensamiento lúdico-mágico que no podría ser sino volátil y etéreo como la greguería, como los sueños despiertos, como la infancia que se resiste a huir al pasado y acceder a los lugares comunes. En algunas descripciones, semblanzas o rememoraciones atisbamos esa poética leve y ensoñadora. Esa forma de ver (descubrir, imaginar) el mundo a través del cristal colorido de los sueños felices.

A veces la greguería no es metáfora ni artificio. A veces la greguería es el verso natural de la vida, es el lenguaje puro –no depurado, ni buscado, ni racionalizado en pos de una literatura vanguardista- y habitual de Ramón. Habla greguerísticamente. Ramón es una ejemplo de poesía, de felicidad y en sus frases se desliza un genio peculiar y alegre. Respira y escribe sin pausa. Párrafos breves y entrecortados. Como si un dios hubiese creado una parcela de universo para él, y nos permitiese asomarnos mediante sus libros.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA OPINIÓN DE MURCIA  8-7-2016

viernes, 24 de junio de 2016

PRÓLOGO DE LOS HUÉSPEDES, POR JOAQUÍN LEGUINA




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El escritor y político Joaquín Leguina (Villaescusa, 5 de mayo de 1941), autor de una numerosa y variada obra literaria -Años de hierro y esperanza, ensayo; La luz crepuscular, novela- escribió estas notas como prefacio para Los huéspedes.
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“Los huéspedes”, de Pedro Pujante

Prólogo

            Un buen día a finales del verano de 2014, el periodista y escritor Roberto Hernández recibe, en su residencia de Torrevieja, una invitación para asistir a un simposio de “literatura secreta”. En la invitación se asegura que en la reunión se “se creará el clima adecuado para que así la sorpresa y el enigma surtan efecto también en nosotros”. Y se termina asegurando: “Sr. Hernández, el misterio no es una cualidad, es una condición”. La reunión tendrá lugar entre septiembre y noviembre de 2014.
            Todo muy secreto. Todo muy extraño. “Como si las simas de los más insondables enigmas del tiempo se abriesen ante mí”, comenta ensimismado Hernández.
            Hernández es un hombre tímido, tranquilo y bebedor. Un escritor que sobrevive sin éxitos, pero que sigue trabajando en lo único que cree saber hacer: escribir. Un hombre solitario. Lo prueban sus recuerdos de un viaje a Irlanda:
»Me sentí  muy solo y perdido, sobre todo, los primeros días, las primeras noches, los primeros atardeceres.  En las Islas Británicas los atardeceres son muy largos, muy lánguidos, da tiempo a morirse mientras se pone el sol, un sol siempre lejano y destemplado. Caminaba todas las tardes de vuelta a casa desde el college y sentía que alguien, que todo el mundo en realidad, se había olvidado de mí. Era una soledad muy extraña porque parecía emanar de las cosas, de lo físico y no de las personas.
            Un extraño chófer llega para llevarlo a Higueras (Extremadura), donde se celebrará el simposio sobre “literatura secreta” y le obliga a tomar un bebedizo que le duerme, para despertar sobre una cama rural en Higueras. Luego conocerá a Rocío, otra escritora invitada al evento “secreto”, “una joven atractiva y brillante que se parece demasiado a un amor anterior”.
            Hernández se encuentra cansado:
»Estoy cansado, como si hubiese viajado en el tiempo o recorrido millones de kilómetros por el vacío insondable del Universo en busca de un destino que no me pertenece.
»Estoy cansado y bastante borracho. Rocío es de porcelana y está en alguna de estas casas viejas, como la muñeca de Edison –pienso mientras oteo Higueras desde mi balcón de hierros y geranios-.
»Y me veo como abrazado por el silencio de este pueblo y unas musicales palabras de Rilke, en aquel maravilloso poema: ‘Y a tientas va marchando hasta el estanque…y todo queda atrás, las casas pálidas/ y las encinas mudas…’ Parece que  Rilke pensaba, cuando compuso estos versos, en Higueras. Todo queda atrás, abandonado…
            Pero al llegar a Higueras ese cansancio se va a convertir en una actividad tan insólita como trepidante, pues allí comienzan a pasar cosas inesperadas y, sobre todo, sorprendentes. En esa parte, que no le voy a destripar al lector, el autor nos meterá en un mundo en el cual el espacio y el tiempo ya no serán los mismos:
»Algo para nada novedoso u original ya que todos siempre vivimos y hemos vivido en el último momento de la historia, en un presente definitivo y moderno; incluso los vikingos pensaban, porque era cierto, que vivían  en el último día del tiempo; incluso los primeros y arcaicos hombres de las cavernas eran, en su momento, unos hombres modernos que habían superado a sus abuelos en tecnología y arte. Una lanza mejor calibrada, la pintura más realista de un bisonte, en fin.
            En efecto, Higueras (ahora Higuerax), “ha pasado de ser un escenario extraño, soleado y prometedor a ser un infierno azul, frío y movedizo. Hay explosiones devastadoras y casas convirtiéndose en ladrillos, plástico y polvo”.
            La imaginación y el humor del autor iluminan esta obra de ficción (¿de ciencia ficción?) que usted, querido lector, tiene entre las manos. Le divertirá y le hará pensar, dos actividades que merece la pena emprender.


Joaquín Leguina