sábado, 29 de agosto de 2015

EL TRABAJO INVISIBLE DE LOS MAESTROS

PUBLICADO EN LA OPINIÓN DE MURCIA, 28 AGOSTO, 2015


Por la educación pública, de todos y para todos. Dedicado a todos los maestros de Alhama de Murcia

Algunos viernes, a pesar de la felicidad del inminente fin de semana, siento un leve vacío. Soy maestro, no lo he dicho antes. Un vacío, como si hubiese dejado algo a inconcluso en el trabajo. Albergo la sensación de haber dejado una conversación a medio, inacabada. El lunes he de volver y continuar… ¿pero qué conversación es esta? ¿Con quién? Es un sentimiento difuso pero que he reflexionado y creo haber entendido en cierta medida. La conversación es, obviamente,  con mis alumnos y no es sobre algo concreto. Es un largo diálogo que se empieza a principio de curso y no concluye jamás. La educación es eso, un proyecto inacabable, sutil, infinito, invisible. Y no es mío. Es de todos, es compartido.
Esa es una de las razones por las que no se valora el trabajo del profesor. Cuando alguien ve una casa o una pintura o un libro puede ponerle un nombre a su autor, puede felicitarlo. El autor, artista o artesano de estos trabajos tienen nombre y sus obras son tangibles, visibles. Están ahí, se pueden tocar.  Sin embargo, el maestro trabaja una sustancia inacabable. La educación no ofrece resultados inmediatos. Un niño estará -mal o bien- educado al cabo de muchos años. O quizá nunca, quién sabe. Además, la educación no es un trabajo personal. Es labor de muchos. En ella intervienen maestros, padres, agentes sociales, televisión… Por eso, cuando el alumno que se convierte en médico o arquitecto, vuelve la vista atrás, difícilmente es capaz de poner nombre a todos y cada uno de los que han intervenido en su formación. Además, el principal protagonista y artista de esta obra de arte, no lo olvidemos, no es otro que él mismo.
Como decía, esa es una de las razones por las que no se valora el trabajo de los maestros. Porque no se aprecian los resultados a primera vista. Porque no importan quién te enseñe la tabla de multiplicar ni a leer un poema. Importa el resultado total, la suma de las partes, partes invisibles que forman una figura futura de conocimiento, sensibilidad y relación con la belleza.
Imaginemos. Quizá esta mañana un maestro haya nombrado el título de un libro en clase. Quizá ese título volado al azar haya calado en la memoria caprichosa de un niño que dentro de diez años se topará con el libro, lo leerá y le cambiará la vida. Quizá, en este momento crucial, el nombre del maestro que le citó el libro ya sea víctima de las llamas del olvido. No pasa nada. Lo importante es que la semilla ha traspasado el tiempo y ha fecundado en el futuro. Creo que esta es una buena metáfora de la educación. El deseo oculto de leer un libro en el futuro que cambiará tu vida.
No creo que los maestros tengan que salir de su anonimato. Somos trabajadores invisibles y está bien así. No creo necesario que se erijan estatuas en los jardines. No somos héroes, tan solo trabajadores que creemos en algo muy importante y bonito. Y que además cobramos por ello. Pero quizá, en secreto y silencio, todos debamos reflexionar y apreciar que el trabajo que hacemos es importante, necesario y valioso.


jueves, 27 de agosto de 2015

PLATÓN Y LA INVENCIÓN DE LA FILOSOFÍA

La tradición en Platón. Pedro Amorós




LA TRADICIÓN EN PLATÓN
PEDRO AMORÓS
EDICIONES IRREVERENTES, 2015



Pedro Amorós (Murcia, 1966) redactó su tesis doctoral sobre Platón hace más de una década. Del trabajo y la reflexión que dedicó a tal empresa, ha recogido ahora en forma de libro, aquella tesis y la presenta al público general en un lenguaje accesible, reduciendo la ingente bibliografía y sin el exceso de textos en griego que dificulten la lectura. Con un lenguaje diáfano hace que el lector se sienta cómodo, acercando asuntos como son la tradición y la cultura helénicas mediante las enseñanzas de Platón.
Hay que señalar que Amorós es además autor poliédrico, que pese a su juventud, ya cuenta con una vasta obra. Ha escrito ensayos sobre literatura: Jano ante el espejo,( Premio Rara Avis); novelas El recodo del río o La extraña victoria, entre otras; la obra de teatro Beatriz Cenci, una historia romana, además de otros libros, relatos, artículos y reseñas literarias que muestran una extremada sensibilidad.
Resultado de imagen de LA TRAICIÓN EN PLATON IRREVERENTEl lector que se adentre en La tradición en Platón podrá hacer un recorrido por la tradición del  mundo helénico a través de la filosofía platónica. Platón y su pensamiento son en este libro el eje sobre cuyas coordenadas ha construido Amorós su discurso. Un discurso más antropológico que literario o filosófico, según explica en el prólogo Luc Brisson, célebre profesor canadiense, uno de los más reputados expertos en Platón en el mundo.
El libro viene dividido en capítulos, en los cuales trata con gran profusión aspectos de la filosofía platónica, en especial, aquellos que nos remiten a la transmisión de la cultura.  Desde la primacía de la palabra oral sobre la escrita, pasando por el mito, la poesía, la tradición, la polis, las costumbres o la propia filosofía.
Resultado de imagen de LA TRADICIÓN EN PLATON IRREVERENTESEn este libro, de gran hondura intelectual, sobrada sensibilidad respecto a los temas tratados, el lector hallará un lenguaje culto pero claro y accesible. Es, en mi opinión una puerta al mundo platónico, a la tradición helénica, a la cultura de este gigante de la filosofía y a su herencia.
Los mitos son necesarios para trasmitir la cultura, aprendemos al leer estas páginas. Porque nos explican el mundo, la religión y también al propio hombre.
Amorós se vale de numerosos ejemplos, extraídos de la profusa obra de Platón.

En definitiva, una obra singular y amena, trabajo de gran erudición pero cercano para el público en general, para los amantes de la historia, de la filosofía, de la cultura y de la literatura.

domingo, 23 de agosto de 2015

LA VERDAD SOBRE LAS PALABRAS


En el principio era el verbo,
¿Acaso no lo será también al final?
Oliver Hornillos

La literatura y las palabras mienten. Por eso hemos de creerlas.
Todas las palabras que se pronuncian ya no nos pertenecen. Acaso sólo  ‘miedo’ o  ‘vértigo’.
Después de enunciadas son ya del viento, o de todos o de nadie.
Porque las palabras son viento, pequeños huracanes gramaticales.
Todos los poemas de amor han sido ciertos alguna vez.
Todos los libros viajan por el tiempo, y en las intersecciones de una noche en vela o de un largo viaje en tren, nos han poseído de algún modo.
El escritor no acaba en el libro.  Trabaja para la Eternidad. Su voz es infinita y nunca sabe a dónde llegará, ni hasta cuándo ni a quién alcanzará.
Las palabras son los únicos seres de este mundo que no envejecen.
Las palabras son metáforas de nuestras propias almas.
Las palabras nos construyen y con sus verbos y su música nos insuflan el aliento de la vida eterna.
Por eso tenemos nombres. Si hay algo de eterno en nosotros es el nombre. Porque al dejar este mundo, la persona que nos amó seguirá escuchando las letras que lo forman en su ser.
Las palabras están tejidas con el viento. Se respiran; y navegan hacia  el aliento de las personas y las cosas a la que amamos.
Cuando  confundamos el Amor con la palabra ‘amor’ y la Vida con la palabra ‘vida’ y la Eternidad con la palabra ‘eternidad’ comprenderemos el significado de la palabra ‘literatura’.
Si  heredamos y legamos algo verdaderamente valioso: una leyenda, recuerdos, amor… siempre va envestido de palabras.
Las palabras inspiran más palabras, cariño, poemas, razones para vivir, historias, sueños, amaneceres, colmillos, umbrales, espejos, zaguanes, orillas.

Nuestra realidad es un páramo que pueblan las palabras. Por eso los sueños no tienen explicación: porque ahí las palabras se transforman en símbolos.

PEDRO PUJANTE

miércoles, 12 de agosto de 2015

UN FRAGMENTO DE 'EL ABSURDO FIN DE LA REALIDAD'



‘Fue la naturaleza biológica de la bestia la que moldeó la estructura social de la civilización y no esta la que moldeó aquella.’
DESMOND MORRIS




Somos animales de costumbres. Antes recitábamos cuentos en las hogueras primigenias. Después recorríamos las aldeas en carromatos desvencijados y cantábamos épicos y líricos romances. Ahora rodamos películas y editamos libros electrónicos que se pueden leer en el teléfono móvil. Pero la idea subyacente es la misma. Evitar la realidad. El mundo es demasiado aburrido como para no inventar historias paralelas. Incluso, a veces, yo mismo he pensado que soy el único humano de este pueblo y que los demás son todos extraterrestres. Eso explicaría lo extraño que me siento aquí. Y también explicaría por qué los extraterrestres han elegido precisamente Orentes para aterrizar. Ya lo hicieron en Nueva York y en Castellón de la Plana. Allí, a lo mejor, son todos alienígenas debido a una invasión como sucede en aquella película titulada La invasión de los ultracuerpos.  Y ahora, invasión en Orentes, una  insignificante pedanía de Murcia que basa su economía en el pimentón, las hortalizas y la cerveza. Si mi idea de que no soy el único alien del pueblo es cierta debería andarme con cuidado. La llegada de la nave puede que sea una invasión encubierta. ¿A quién debería recurrir? A mis padres no. Ellos me inculcaron de forma subrepticia la pasión por la literatura con la intención de apartarme del mundo real. Acabo, mientras escribo estas líneas de atmósfera conspiranoide, de sentir un déjà-vu. Esa sensación de que ‘esto ya lo he vivido yo antes’ y que los franceses resumen en dos simples palabras: déjà-vu. Acabo de sentir un déjà-vu inverso y premonitorio y me he visto a mí mismo en una nave espacial huyendo del pueblo con todos los libros de mi biblioteca. Que seguramente sea más interesante que los de la Biblioteca Pública de Orentes. O tal vez sea un recuerdo oculto del pasado y llegué aquí en una nave. Uff, qué calor. Cuánta humedad. Tomaré una cerveza y esta extraña sensación pronto desaparecerá del todo.

Pedro Pujante. El absurdo fin de la realidad. Extracto


lunes, 20 de julio de 2015

UNA ODISEA HÚNGARA, DESQUICIADA Y EXTRAÑA, SEGÚN KRASZNAHORKAI

GUERRA Y GUERRA
LÁSZLÓ KRASZNAHORKAI
EDITORIAL ACANTILADO, 2009


Toda lectura constituye un acto propio de recreación literaria, de vuelta a construir el texto. El libro deja de ser una ilusión objetual para formar parte de la experiencia mental del lector. Hay libros que pasan más o menos desapercibidos, pero hay otros que se adueñan de uno de un modo obsesivo y delirante. La vivencia lectora (o literaria, estética, psicológica) deja de ser un mero juego intelectual para convertirse en una dialéctica de significados, voces y diálogos interiores de gran intensidad.
El autor. Foto de Lenke Szilágyi.
Esto le sucederá al lector de Guerra y guerra, una novela del húngaro László Krasznahorkai, que fue publicada en España en 2009, diez años después de que viera la luz en su lengua y país originales.
En tercera persona se nos cuenta la historia de un húngaro algo extraño que parece tener una visión distorsionada de la realidad, que trabajaba en un archivo en una ciudad cerca de Budapest. Korin, el protagonista, encuentra un raro documento, un texto que le obsesiona, que le induce a vender todas sus pertenencias, quemar las naves y partir destino al centro del mundo (Nueva York) con un solo propósito: publicar  el manuscrito en la Red, (el lugar inmortal), y poner punto final a su vida.

A lo largo de la novela, se alternarán los acontecimientos y peripecias de este singular personaje, extraviado y desnortado, con pasajes del manuscrito que le obsesiona. Un texto extraño en el que cuatro personajes muy peculiares viajan por países y épocas en una más que indescifrable misión.
Krasznahorkai reparte los capítulos en largos párrafos, sin puntos, en monólogo insistente y sólido, una narración de lectura apasionada e intensa, a veces dura, pero que consigue un ritmo ágil y una cadencia hipnótica. Algo a mitad de camino entre Thomas Bernhard y Javier Marías, pero con un espíritu kafkiano y desolador, delirante y oscuro.
Los grandes escritores nos hacen empatizar con sus criaturas. Sin duda, en este libro, casi una sola frase que viaja por el tiempo y por la demencia, acompañamos a Korin a través de su itinerario de locura y por momentos llegamos a justificar sus injustificables acciones, sus delirantes pensamientos, su absurda, suicida y estrafalaria misión. La obsesión cuanto más descabellada e inopinada es, más sentido parece cobrar en la mente del maniático que la sufre. Y quizá, la literatura, vista como obsesión funciona de un modo análogo: cuanto más descabellado y extraño nos parece un libro más sentido le encontramos. Esto le ocurre a Korin, esto ocurrirá al lector de Guerra y guerra.

Este es un libro intenso, abigarrado y arrebatador. Un viaje por los submundo de su personaje y un descenso a los abisales páramos del alma humana. Korin es un ser lúgubre y fantasmal pero con rasgos humanos, un espíritu que aún camina entre los vivos pero que ha decidido que su vida ya no tiene sentido. ¿Está loco o ha descubierto una verdad? Es posible que la diferencia no exista. Porque todo loco halla su verdad. Y la literatura es esa locura que nos hace sentir que nuestras verdades y nuestras demencias tienen sentido. 

martes, 14 de julio de 2015

CUANDO LO EXTRAÑO ESTÁ ENTRE NOSOTROS. SAMANTA SCHWEBLIN Y CELSO CASTRO



Publicado en LIBROS, La Opinión de Murcia, 11 de julio de 2015

Quizá sea una casualidad pero en los últimos días he tenido el placer de conocer dos libros con los que, a pesar de narrar acontecimientos cotidianos protagonizados por personajes consuetudinarios, he acabado con un amargor de extrañeza, esa impresión difusa y angustiosa que procuran algunos relatos de Poe o David Lynch. Me refiero a Entre culebras y extraños, de Celso Castro, y Siete casas vacías, de Samanta Schweblin. Y lo curioso, como decía, es que no son relatos de terror ni fantásticos propiamente dichos, aunque las consecuencias de su lectura sean análogas. Quizá, ¿ha nacido un nuevo género: el realismo-perturbador?


ENTRE CULEBRAS Y EXTRAÑOS

En el primer caso, Entre culebras y extraños es una novela escrita con cierta libertad sintáctica (obvia los puntos finales y las mayúsculas) pero que es capaz de apelar a lo más profundo de nuestro espíritu. Una narración en primera persona, a media voz, que en ocasiones apela al  lector, y que narra el corto pero intenso período de la vida de un joven adolescente, enfermizo, hipersensible y extremadamente culto. Lector voraz de filosofía y con veleidades poéticas, nuestro muchacho vivirá una suerte de experiencias límite que harán que acontecimientos grises como la propia servidumbre de la enfermedad, las trivialidades de un amor pueril o la inesperada muerte de un padre inmisericorde den paso a acontecimientos de gran carga simbólica, filosófica e incluso metafísica. El joven, de hecho, es capaz de percibir el mundo mediante un prisma privilegiado, mágico, y transmutar la experiencia en un relato de perspicaz intimismo y lucidez apabullante. En ocasiones, será víctima de visiones extrañas que contagiarán al lector de una impresión fantástica, vívida y alumbrada por un expresionismo indescriptible y tierno. En este sentido, no podemos dejar de acordarnos de algunos cuentos de Cortázar (La señorita Cora, Final del juego) o incluso de esa nostalgia fantaseada que imprime Cărtărescu en Los gemelos o REM
Además, ciertas experiencias que se narran en la segunda parte de la obra –a la que llegamos tras una narración en crescendo con sorpresa final- hacen que esta novela de aprendizaje intensa y de gran belleza lírica se erija como una de las historias más profundamente enigmáticas y sensibles de mis últimas lecturas.

SIETE CASAS VACÍAS
Siete casas vacías es una antología de cuentos escritos por Samanta Schweblin, que se alzó con el IV Premio Ribera del Duero.
En los siete relatos que componen Siete casas vacías se aprecia una misma estrategia narrativa: perfilar el contorno de vidas a punto de desmoronarse, situaciones al límite, extremas, desbordadas, que paradójicamente se inscriben en el territorio físico y emocional de la vivienda.
La narración opera desde dentro o desde un ángulo no muy lejano. Es como si Schweblin se apostase en una esquina del cuadro a observar y diese pinceladas (expresionistas, a veces surrealistas y  morbosas) de lo que en él ocurre. Una mirada oblicua con la que dosifica información de un modo escueto pero insistente, contundente. A golpe de frase breve, como si respirase entrecortadamente  -igual que la protagonista desmemoriada del cuento La respiración cavernaria-, nos conduce a través de la vida exhausta y exagerada de estas víctimas, de sus propias miserias, de sus rutilantes y perturbadoras existencias.  
Los personajes de Samanta Schweblin, como ocurre con Entre culebras y extraños, están extraídos de la más inmediata realidad, pero por circunstancias excepcionales se ven inmersos en situaciones de lo más descabelladas, incluso siniestras, extrañas, que pueden llegar al más febril paroxismo, pero siempre sorprendentes, inquietantes.
Por ejemplo, una mujer conduce junto a su hijo en busca de casas, para desordenarlas, para ‘cambiarlas’. O alguna escena woodyallesca, en la que unos viejos y unos niños corretean por las inmediaciones de su casa desnudos. O ese señor que llama al timbre porque en el jardín de sus vecinos han caído, no se sabe bien por qué, las ropas de su difundo hijo. En definitiva, familias disfuncionales, con las que quizá no te gustaría tropezarte.
Es evidente, que para acceder a este submundo irreal pero que se inscribe en la misma realidad, Schweblin ha optado por atajar por la ruta de la locura, y en muchos de los casos, por esa otra variante que es la desesperación.
El estilo cortante de su prosa, esa obliterada forma de vislumbrar las vidas y pensamientos de sus criaturas, hacen que estas historias gocen de energía propia, que se transformen en surrealistas pero creíbles ventanas de un mundo brillante y fantástico.

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Algunos malos autores tratan de escribir una novela y consiguen el esqueleto, el guión de la misma. Cuentan lo que debería ser ese libro que no han logrado. A Schweblin y también a Castro les ocurre todo lo contrario. Toman notas, escriben retazos, fragmentos, intuiciones y silencios y acaban por pergeñan obras fascinantes y redondas, una literatura de la desolación que se construye desde materiales mínimos y aparentemente sencillos, para explorar ese interregno fuera del poder, que diría Barthes, y constituir un auténtico ejercicio de escritura.

miércoles, 8 de julio de 2015

BOHUMIL HRABAL BAILA CON LA MEMORIA Y LA IRONÍA




CLASES DE BAILE PARA MAYORES
BOHUMIL HRABAL
NÓRDICA, 2014 (publicado inicialmente en 1964)
Bohumil Hrabal (1914-1997) es, junto a Kafka y Milan Kundera, una de las voces más importantes de la literatura checa.
Con obras tan celebradas –algunas llevadas al cine- como ‘Trenes rigurosamente vigilados’, ‘Una soledad demasiado ruidosa’ o ‘Yo, que serví al rey de Inglaterra’, esta nueva edición de ‘Clases de baile para mayores’ rescata una de sus obras menos conocidas. Su aparente liviandad no es ápice para apreciar la pericia de un todavía joven pero ya gran escritor.
Hrabal se mimetiza en la voz de un señor entrado en años que, parapetado por la experiencia y muchas vivencias a la espalda, conversa alegremente con una señorita, o sea, con el lector, diseccionando su vida, salpicando anécdotas y, en definitiva, hablando-escribiendo con un torrente sutil, imaginativo y fresco acerca de las fatigas de toda un vida.
En su discurso, construido con naturalidad, hay lugar para rememorar la juventud, los personajes que desfilaron por ese mundo cambiante que aún mantiene fresco el recuerdo del Imperio Austrohúngaro. Un espacio y un tiempo evocados algo grises pero que cobran cierta luminosidad al ser traducidos a imágenes sentimentales y personales y palabras.
No se puede tampoco dejar de apreciar esa mirada irónica que Hrabal salpica a lo largo de toda su obra. Si bien en este libro no hay la profundidad ni el calado filosófico que impregna algunas de sus obras más pesimistas –por ejemplo ‘Trenes rigurosamente vigilados’ -, qué duda cabe que también encontrará el lector la inteligencia privilegiada que transforma el monólogo de un hombre en la palabra pulida por el tiempo y la vida.
Anécdotas que sintetizan un mundo que ya ha dejado de existir, la añoranza, familiares y conocidos que podrían ser el trasunto de toda la humanidad; sueños, esperanzas, la etapa en el ejército, mucha ternura, miedos, cuentos atroces y borracheras…

En definitiva, esta vida de un hombre cualquiera, contada a media voz, llegará al lector y le hará sentir que estas historias estaban destinadas a ser escuchadas por él.