domingo, 19 de enero de 2020

REGRESAR A CASA

Leopold Bloom, según Joyce

Cada jornada acaba felizmente con el regreso a casa. Aunque es raro el día que un hombre o mujer no se pierden en alguna de nuestras ciudades y no logra culminar su regreso. Personas normalmente de avanzada edad o con problemas de salud mental que se desorientan y no consiguen regresar a casa. Dramas cotidianos que me recuerdan a Ulises, quien mejor encarna el deseo de regresar al hogar. O a Leopold Bloom, el personaje del Ulises de Joyce. Un caballero que un 16 de junio trataba de volver a casa. Pero un regreso tan banal como anodino, en comparación con el viaje del Ulises homérico. Pero que refleja con gran precisión la angustia contemporánea de aquellos que se pierden en su propia insignificancia. Bloom es el epítome del hombre moderno,  el hombre que habita vastas ciudades, prisionero de asuntos fútiles de oficinas, burocracia, transacciones de supermercado, ruedas pinchadas en una autovía y peleas conyugales. Un ser precario y sin dioses que no entiende una epopeya, una peligrosa travesía en barco asediado por sirenas, islas con hechiceras o monstruos acechantes. El hombre actual es un Ulises joyceano, no homérico. Dublín, como cualquier otra ciudad contemporánea, es el nuevo océano despiadado que, con sus laberínticas calles, bares poblados por seres extraños y sus mortales carreteras ha sustituido, en nuestro imaginario social, los peligros ancestrales de tribus salvajes, cíclopes y dioses iracundos. Vagamos, como el señor Bloom, por las vicisitudes rutinarias del asfalto y la familia. Nuestra odisea no se alarga veinte años. Todo es inmediato. Todo puede suceder en el lapso de un miserable día y su trascendencia es a veces tan leve que ni siquiera merece unas líneas en las páginas de la historia. Una borrachera, alzhéimer, un accidente de tráfico, una discusión con unos amigos o con el jefe, un encuentro casual en un bar. Tragedias cotidianas.
Resultado de imagen de ulises joyce homeroSin embargo, las escalas son discutibles y aquel 16 de junio de 1904 en el que Joyce ambienta su Ulises —un día cualquiera— fue un día memorable. Representa el triunfo y la tragedia de lo cotidiano, lo banal como sublimación de la realidad, el defecto humano como símbolo axiomático de toda la Humanidad. Todos, nos hace saber la novela de Joyce, somos pequeños Ulises que deambulamos por los días insignificantes de la historia. Todos somos pequeños héroes de nuestras miserias. “Pequeños héroes”, es decir, seres oximorónicos y paradójicos.
Además, hay otro mensaje que podemos extraer de esta fábula de lo cotidiano. Con Ulises, con Leopold Bloom. Con tu vecino del cuarto que ha estado de vacaciones un mes o con un señor alzheímico, todos deberíamos aprender que no hay nada mejor que regresar a casa. Después de una batalla en la cola de Hacienda, un día por las calles de Dublín, un viaje en busca de fantasmas o simplemente una jornada agotadora de trabajo, el regreso al hogar es reinsertarse en el calor de una realidad que nos consuela. Regresar a casa es regresar a uno mismo.

sábado, 28 de diciembre de 2019

MI SECRETO

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Quería confesar algún secreto mío pero como lo que define un secreto es precisamente su carácter anónimo e invisible, había pensado inventarme algo o improvisar este artículo, y así esquivar el espinoso asunto de desvelar mis miserias ante desconocidos.
Después de mucho cavilar he llegado a la conclusión  de que quizá debiera explicar que mi secreto más inconfesable consiste precisamente en una manía. Una manía inconfesable. Más bien se trata de una adicción. Soy adicto a la ficción. Este secreto no es baladí porque encierra graves problemas que me dispongo a relatar aquí y ahora, y que como algunos creen que soy escritor, y como la escritura tiene un  fuerte componente imaginativo y ficcional que todo lo relativiza, muchos pensarán que estoy fantaseando. Así que cuanto más insista yo en afirmar que mi delirio literario en real más creeréis que estoy fabulando, que invento. De hecho, esa es una de las principales características de mi adicción: incontinencia ficcional, es decir, la pulsión incontrolable de inventar situaciones y argumentos que sustenten mi propia realidad. El impulso vertiginoso de ver el mundo como una obra de teatro, como una novela en curso, como un río de verdades inventadas.
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Samuel Riba en Tenerife
Esto en sí no es malo si se sabe canalizar, si se consigue llevar a un plano creativo y se transforma en una obra literaria. Tampoco es dañino cuando se usa la fantasía como catalizador de la inteligencia. El problema es que en ocasiones la línea que separa realidad y ficción se vuelve borrosa y los problemas pueden ser mayúsculos. Por ejemplo, yo recuerdo cosas que jamás han ocurrido, que tan solo he leído, pero que pasado un tiempo no logro distinguir de mis vivencias reales. Por poner otro ejemplo más reciente, le pregunto a mi mujer, ¿Qué habrá sido de aquel tipo, un tal Samuel Riba que era editor? Ella no sabía a quién me refiero, obviamente. Sí, ese hombre ya cansado de todo que se fue a Dublín en busca del  sentido último de la literatura auténtica. Al rato recuerdo que es un personaje de una novela de Vila-Matas. Por supuesto no se lo aclaro para no alarmarla. Y rezo para que no lea Dublinesca, la novela en la que aparece, claro.
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James Joyce tratando de recordar qué comió ayer
Hablando de Vila-Matas, hay una novela suya que se titula El Mal de Montano y que trata precisamente de un hombre que está enfermo de literatura. Yo me sentí muy identificado con Montano porque cuando leí el libro me dije, ¿no padeceré yo ese mismo síndrome, no habla esta novela de mí?
He probado diferentes formas para intentar aliviar mi adicción a la ficción. Todas sin éxito. Todas demasiado realistas. Al fin y al cabo, ¿qué malo tiene vivir en dos mundos a la vez? ¿Quién ha muerto por poner un poco de ficción en su vida? ¿No es, en definitiva, la vida una ficción compartida? Espero no haberos aburrido con mis cuitas. Espero también que si alguien conoce un remedio no dude en hacérmelo saber. Como dijo  Kundera: “inventarte una vida no es tan perjudicial para la salud como vivir en un mundo en el que la realidad no es saludable”.

Y aquí acabo. Espero que no hayáis creído ni una palabra. Que no me toméis muy en serio, porque a ver, ¿quién me dice a mí que vosotros no sois también personajes de ficción?

lunes, 23 de diciembre de 2019

PUBLICACIÓN DE LA ANTOLOGÍA ´"SEXO ROBÓTICO"



La editorial madrileña MAR Editor acaba de lanzar en su sello de narrativa un volumen de relatos titulado "Sexo robótico" dedicado a la ciencia ficción. Los temas de estas historias giran en torno a las relaciones entre los humanos y la tecnología en sus muy distintas variantes. Desde robots libidinosos, programas informáticos capaces de reproducir sensaciones eróticas de alta definición, androides que se enamoran y cualquier tipo de interacción amatoria que puedas imaginar entre una máquina y un ser humano.
Me he encargado de la edición, corrigiendo textos, componiendo un prólogo y contribuyendo con un relato titulado "Narciso 2.0", en el que exploro las posibilidades del autoamor a través de un clon en un futuro en el que la heterosexualidad ha sido abolida.
El prólogo empieza así:

El amor entre los hombres y los seres artificiales es tan antiguo como la propia historia. Nos cuenta Ovidio en su Metamorfosis, «Libro X», que Pigmalión se enamoró de una estatua que él mismo había creado con blanco marfil. Se enamoró de una imagen que preexistía en su mente y que proyectó en la escultura blanca.
Este idilio se ha repetido desde entonces multitud de veces. Han cambiado los personajes, los lugares y la trama, pero se mantiene el acto de amor entre el hombre y el ser artificial.
E.T.A Hoffmann, uno de los inventores del terror moderno, ideó en su relato “El hombre de arena” un ambiguo amor. Nathanael es seducido por Olimpia, un infame artefacto con forma femenina. Al final, morirá presa de la locura.
A finales del siglo XIX Auguste Villiers de l'Isle-Adam escribió una de las primeras novelas de ciencia ficción en la que un hombre se enamora de una mujer artificial. La Eva futura. La novela adolece de rigor científico pero es reseñable cómo el autor se adelantó en uno de los tópicos más interesantes de la literatura: la fusión de los sentimientos humanos y la materialidad de las máquinas.
Millones de personas enamoradas, en la distancia, de imágenes reproducidas en revistas, cuadros famosos, fotogramas que emulan la figura de Irina Shayk o Rita Hayworth. Pigmaliones de luz que la pantalla del televisor ha esculpido en la soledad de nuestro salón. Enamorados de seres irreales. Ocurre a diario. Amamos a seres artificiales con el rostro de bellezas imposibles.

sábado, 14 de diciembre de 2019

CIENZA FICCIÓN







Es genial que se celebren en en Murcia actividades relacionadas con la ciencia ficción. Para mí ha supuesto una alegría haber podido estar presente en dos de las jornadas. El jueves 12 de diciembre participé en una mesa redonda junto al profesor y divulgador Sergio L. Palacios, un docente que usa las películas de ciencia ficción para explicar física en sus clases. ¿Quién no habría querido estudiar así, dios? También tuve la suerte de charlar con Laura Fernández, escritora a la que ya conocía por sus alocadas historias de ciencia ficción en las que el absurdo es el verdadero protagonista.
La mesa redonda fue de lo más interesante. Se habló de la vigencia del género de la ciencia ficción en nuestros días, de la relación entre cine y literatura, de Stephen King, de Philip K. Dick y de la ciencia ficción como literatura de ideas inagotables que funciona como diagnóstico de nuestra sociedad y del ser humano. Vivimos en un mundo de ciencia ficción y es fascinante.



El viernes impartí un curso intensivo de ciencia ficción y literatura en el que tuve la oportunidad de hacer un recorrido por el género desde sus orígenes, hablando de autores precursores como Luciano de Samósata, que en el siglo II ya inventó una historia intergaláctica, del estilo poético de Bradbury, de Lovecraft y su ensayo sobre la escritura de ciencia ficción, de las posibilidades de viajar en el tiempo, de Wells y del Anacronópete y de autores raros que están dando un giro a la ciencia ficción como Carlton Mellick III. También hubo tiempo para poner en práctica herramientas de escritura (y lectura) creativa, y analizar las diversas estrategias útiles para componer una novela de fantasía o ciencia ficción.
Una experiencia fantástica.



domingo, 8 de diciembre de 2019

PARTICIPACIÓN EN EL CICLO DE CIENZA FICCIÓN. TALLERES Y MESAS REDONDAS


El jueves 12 y el viernes 13 de diciembre participaré en Cienza Ficción, un ciclo sobre ciencia y literatura que organiza la Biblioteca Regional de Murcia. El jueves estaré en la mesa redonda sobre ciencia y el viernes impartiré un taller de ciencia ficción y literatura en el que hablaré del género, de su evolución, de sus características y también sobre cómo escribir relatos y novelas siguiendo patrones o a través de juegos que potencian la imaginación y la creatividad.
TIENES TODO EL PROGRAMA AQUÍ


domingo, 1 de diciembre de 2019

RESEÑA DE LAS SUPLANTACIONES EN "LIBRARIO ÍNTIMO" POR RUBÉN CASTILLO


El exescritor Rubén Castillo explica en el blog LIBRARIO ÍNTIMO cómo en la "maraña de sueños dentro de sueños, de realidades bifurcadas o neblinosas, de laberintos y trampantojos, tienen que moverse los personajes de la novela Las suplantaciones, de Pedro Pujante.
Al principio, el nivel de anormalidad se tiñe con unos colores “tolerables”, merced a la colaboración de Franz Kafka (el protagonista acude a Praga y se encuentra con la sorpresa de que su primo se ha convertido en un gelatinoso insecto). Pero muy pronto las cotas de trastorno alcanzan unas dimensiones difíciles de asimilar (el protagonista descubre que los demás no son quienes dicen ser, y que tampoco él resulta ser quien pensaba). A partir de ahí, el nivel de confusión crece, los planos se mezclan, y nadie sabe muy bien si está viviendo una pesadilla, si se ha vuelto loco o si tal vez la realidad ha comenzado a involucionar o deformarse".

domingo, 24 de noviembre de 2019

POR UN PAQUETE DE CELTAS, de JUAN GIL PALAO



Lo más difícil a la hora de componer un libro de relatos es la unidad. Suele ser habitual que el autor reúna en un volumen cuentos y textos que ha ido escribiendo a lo largo del tiempo y que finalmente, con mayor o menor acierto, logra juntar en un libro. Sin embargo, encontrará aquí el lector que todos los cuentos de esta antología están hilvanados y atravesados por hebras de temas afines: la violencia familiar, la violencia machista, el amor perdido o encontrado, el maltrato animal, la drogodependencia y sus consecuencias, el abuso de poder por parte de los progenitores y otros tipos de agresiones y traumas más sutiles que se producen en el seno familiar, como adicciones o el dolor por la pérdida. También es destacable cómo representa, a modo de crónica ficcional, sin filtros, el agotamiento de las relaciones, el desamor, las infidelidades y las costumbres. Y sobre todo, el libro cobra unidad a través de su tono intimista y directo, un tono que Gil Palao explota con solvencia para acercarnos a este mundo de emociones y episodios triviales pero inquietantes.
Resultado de imagen de POR UN PAQUETE DE CELTAS juan gil palaoEl relato que da título al volumen es quizá el más significativo. Y el más luminoso a pesar de las oscuridades que lo matizan. Un niño es enviado por su padre, un tipo violento y desaprensivo, a por un paquete de celtas. Y el niño, en un acto de valentía y hartazgo, decide no regresar. Esta decisión le cambiará su vida. Y sirve como mensaje esperanzador para todas aquellas personas que han sufrido y sufren la violencia desde dentro de la “institución del amor”: la familia. Es una paradoja, (sufrir en y por la familia) que Gil Palao explora en muchos de estos cuentos. Piezas inmisericordes y duras que radiografían la sociedad actual, España y su idiosincrasia.
Una escritura sin complejos, que desnuda el alma del individuo contemporáneo a la vez que hace un diagnóstico socio-cultural de nuestro tiempo. Juan Gil Palao no se detiene tan solo en la anécdota. Los relatos funcionan como metáforas aleccionadoras, mensajes de vida. Va más allá  el autor de la propia narrativa de entretenimiento y con precisión logra trasmitir un retrato certero de las administraciones, del aparato burocrático, las prisiones y también del sistema judicial.
Libro de ficción que se acerca más a la realidad que la propia realidad. Libro-denuncia, libro sincero, valiente. Un libro necesario.

jueves, 7 de noviembre de 2019

CÓMO SER ENRIQUE VILA-MATAS


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Quizá sea Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo (Acantilado, 2019), de A.G. Porta, uno de los libros más inusuales que he leído en los últimos tiempos. Consiste en un breve y delirante diálogo en el que se habla y no se dice nada, una suerte de puesta en escena sin escenario, veloz, inteligente y que va más allá de la propia lógica de la comunicación. Estamos ante una farsa que nos evoca a un Samuel Beckett risueño y desenfrenado, pero que en lugar de buscar la pureza del idioma tratara de contaminarlo a base de una profusión de mensajes cruzados y referencias. Es decir, un diálogo absurdo que gira en espirales sin llegar en ningún momento a concretarse. Sí, un libro un poco loco. A.G. Porta (Barcelona, 1954) ha absorbido muchos de los tópicos del "Universo Enrique Vila-Matas" para construir este minirretablo portátil. Es imposible acercarse al corazón de este librito sin las básicas nociones vila-matianas sobre literatura y ficción. Desde el mismo título, que hace referencia a una frase de Satie, que Villoro usaba para expresar la noción de personalidad de V-M, todo el libro está construido con citas, intertextos, pastiches y guiños a la obra del autor de El mal de Montano. Recordemos que la obra de V-M, en síntesis, y como él mismo ha señalado, consiste en un discurso en el que el autor se pierde en el anonimato que la literatura consigue crear. A.G. Porta también se pierde en el limbo de la literatura para convertirse en un ventrílocuo con la impostada voz de V-M. O de muchos V-M. Si toda obra de ficción es metaliteraria, aquí estamos ante un ejercicio excesivo que lleva hasta sus últimas consecuencias dicho postulado.
El argumento es lo de menos, casi una digresión más. Digamos que alguien se hace pasar por V-M, quien ha sido invitado a participar en una obra de teatro (o dos) en Broadway. Y que finalmente no se representan porque Alison, el alma del proyecto, ha desaparecido. Como en una novela de Auster, V-M se decide (o se imagina) que va busca de esa tal Alison. En cualquier caso, eso es lo que explica la contraportada del libro.
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Como en aquella película en la que accedían al cerebro de John Malkovich, aquí entraremos en la mente de V-M. Una mente construida de relatos, literaturas, teorías perdidas, metáforas sobre la metaliteratura, teorías vueltas a encontrar, críticas, recortes de autoficción y frases prestadas. Y siempre referencias a los tópicos del universo vila-matiano: la dualidad entre el escritor y el lector, la huida, la literatura infraleve, el estilo como marca autobiográfica y el emborronamiento entre literatura y vida.
Un libro firmado por A.G. Porta, pero que ha sido escrito desde y para Enrique Vila-Matas. En este librito, prescindible pero inteligente y hasta divertido, reconocerán los lectores de V-M los guiños. Para los que no conocen la obra de V-M mejor comenzar por otro sitio. O no, yo no sé nada, solo soy un reseñista, como todo el mundo.

domingo, 3 de noviembre de 2019

SE APROXIMA LA PUBLICACIÓN DE "LA INVENCIÓN DE LA REALIDAD"



En ensayo, Pedro Pujante presentará 'La invención de la realidad', un conjunto de artículos de «índole literaria en los que aborda -describe Fran Serrano- una serie de temas de referencia inagotable, como son la muerte, el crimen, el infierno, el demonio, los sueños, la relatividad del tiempo, etc., así como también cuestiones universales de la Teoría de la Literatura, como la ficcionalidad y la impostura de la creación literaria».

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domingo, 27 de octubre de 2019

LA PARTE OLVIDADA


Resultado de imagen de MARIENBAD GRILLETRecuerdo que una vez me llamó la atención una película (cuyo título y argumento he olvidado) porque no tenía ni principio ni final. Consistía en un fragmento, de apariencia banal, extraído de la vida. La película empezaba a mitad de algo y cuando acababa, sabías que no era el fin y que la vida de los personajes se prolongaba más allá, que su realidad trascendía la conciencia de los espectadores, y así se les dotaba de una profundidad, de un horizonte, verosimilitud. La realidad son fragmentos. Antes y después de la ficción se presuponía una vida. Recuerdo que en La insoportable levedad del ser, de Kundera, la trama era un lapsus en la vida de sus protagonistas, y después de  más de veinte años de haberla leído es de los pocos detalles de la novela que han sobrevivido en mi memoria. El autor de estas ficciones aparenta ser un demiurgo imperfecto y nos muestra solo una parte de sus criaturas, como si se hubiese olvidado del resto, o como si fuesen tan reales que viven por sí mismas.
Resultado de imagen de ULISES JOYCEEn unas notas sobre la novela y el cine explicaba Robbe-Grillet que el tiempo verdadero de la nueva novelistíca (y también del cine) era el presente. La película de Alain Resnais, El último verano en Marienbad, dura 120 minutos y según Robbe-Grillet ese es precisamente el tiempo real, el tiempo que tardaban los personajes en vivir todas las situaciones que la película nos permitía ver. Escribir una historia que dure el mismo tiempo que se tarda en ser leída es un ejercicio que nos invita a reflexionar sobre la duración de nuestra propia vida, sobre el tiempo de la ficción y su correlato real. Homero nos regala en La Odisea una aventura que dura diez años y que puede ser atendida en unas horas. Joyce, quien más fielmente ha reproducido el mito ulisíaco, acerca más el tiempo real y el ficticio, porque precisamente la odisea de Leopold Bloom dura lo que se tarda aproximadamente en ser leída. Hace coincidir el tiempo externo y el interno, aunque el tiempo interno de Ulises sea uno de los más prolongados tiempos que existen en la literatura. Aunque sea un tiempo distorsionado, ya que el tiempo de un pensamiento siempre es sutil, inaprensible. Pero, ¿no se tardaría más o menos un día en leer Ulises?
El tiempo es la memoria, la memoria no es otra cosa que tiempo acumulado, tiempo registrado. El tiempo, si no fuese por la memoria, por el registro de recuerdos, no sería nada. Tan solo una quimera. Qué más da que hayas vivido cien años si no eres capaz de recordarlos.
Somos lo que recordamos que somos, lo que recordamos que hemos vivido. Pero también lo que olvidamos. En las novelas, como en la vida, cuenta mucho lo que se obvia, lo que no se cuenta. Funes, ese alter ego de Borges, era capaz de recordarlo todo, que es como no recordar nada. El mismo Borges escribió en “La memoria de Shakespeare” que la memoria estaba formada de recuerdos y olvidos.
Los escritores olvidan detalles de sus obras para que estén vivas. Una novela detallada es un recuerdo falseado. El olvido es la parte de la novela más duradera.

jueves, 17 de octubre de 2019

LOS LUNES


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"¿Por qué existen los lunes?", suelen preguntarse muchas personas cuando el fin de semana ha acabado, amanece el primer día laboral, está nublado y el cuerpo resiente una leve nostalgia que se llama resaca. El lunes la gente se siente abandonada, desposeída. Abandonada como se sienten abandonados Adán y Eva al ser expulsados del Paraíso, porque los fines de semana son pequeñas parcelas de paraíso terrenal, breves cápsulas de tiempo y felicidad en las que viajamos en silencioso griterío arrebujados como fetos envueltos en el líquido amniótico del ocio, satélites a los que llegamos tras cinco días de trabajo y rutina para guarecernos del diluvio municipal y empresarial. Porque siempre llueve los lunes aunque haga sol y esté despejado el cielo.
Aunque el fin de semana más largo son las vacaciones estivales. El paraíso laboral en el que se olvida que tenemos una misión en la oficina, espacio-tiempo maravilloso donde/cuando dejamos de ser prescindibles, oportunos, necesarios. En las vacaciones nos transformamos en seres arbitrarios, tiramos el reloj por el pozo imaginario de la ociosidad, viajamos o no viajamos, pero nos alejamos de nosotros mismos vestidos con el traje invisible del emperador de la fiesta.
Reinamos en esa isla de días alargados que se apiñan y resbalan sobre nosotros mismos, transformándonos en una versión liberada, en la versión más irreverente de nosotros, con la vaga impresión de que en realidad ese sí que somos nosotros, no ese otro yo carnal y gris, rutinario y administrativo que recorre los días laborales como un empresario, un trabajador, un funcionario de la economía. Pero como todo sueño, como todo paraíso artificial y burocrático, las vacaciones se acaban y llega el gran lunes, ese día resacoso y fulminante en el que te enmascaras de nuevo con tu yo gris y rutinario.
Ese lunes, hoy día se ha convertido en un pasaje insobornable y por eso el hombre ha tenido que inventarse una nueva dolencia: el estrés postvacacional. El estrés postvacacional ha existido siempre pero como no se nombraba no existía.
Las cosas que no tienen nombre no existen en este mundo tan nominal en el que vivimos, fabricado de verbo, eslóganes y frases de Bucay. Por eso para evitarlo lo mejor que se puede hacer es dejar de nombrarlo, obviarlo, ignorarlo. De hecho, este artículo no debería haberlo escrito.
Por qué existen los lunes. No, los lunes no existen, los hemos inventado y nos los creemos. Solo existimos nosotros viajando por los días, felices y tristes, agobiados y gozosos, separando el sol veraniego de la lluvia otoñal y soñando que llegue el fin de semana, las vacaciones y el próximo paraíso, la siguiente parada en el viaje circular del calendario.

jueves, 10 de octubre de 2019

A LA OTRA ORILLA




“Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado
como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.
Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,
no sé si me querían, y si esperaban verme”.
Julio Cortázar


 No había retorno. El barco se deslizaba suavemente alejándose de la cada vez más lejana orilla del Río llevando consigo a la tripulación, a los soldados y a los prisioneros. Desde la orilla una mujer envuelta en una túnica blanca sollozaba, con las rodillas hincadas en el polvoriento suelo, con la pétrea mirada hundida en uno de los condenados. El barco era una pequeña mancha en la pupila de la mujer, una mancha que empequeñecía poco a poco y se perdía en las tinieblas incipientes del atardecer. La ejecución sería al alba. El alba era inexorable, el destino también.
  La brisa acariciaba las ramas de los vetustos árboles, y los juncos parecían decir adiós con verdes  y finas manos que se agitaban torpemente. La tarde caía como un manto anaranjado que abrazaba la cuenca del Gran Río. Tal vez algún lobo profirió algún melancólico y absurdo aullido pero ella no podía oírlo. No era capaz de oír nada que no fuese el agitado estruendo de su alma. Rompió a llorar con más fuerza mientras el oscuro río se tragaba el barco y la noche comenzaba a devorar el río. La otra mujer que la acompañaba imploró a la mujer de la túnica blanca que se levantase si no quería que los soldados, que se aproximaban como una sombra de rostros y espadas, la obligasen a correr la misma suerte que su amado. No obtuvo respuesta; su única obstinación era el barco que ya casi invisible avanzaba hacia la Muerte.
  En la nave rugían las voces de los soldados, comprobaban los grilletes de sus prisioneros, mientras éstos soñaban para eludir la nefasta realidad. Él intentaba adivinar entre las sombras de la orilla la figura de Ella. No lograba reconocerla, sólo era capaz de escuchar su inconfundible voz. Reconocía el innegable llanto que presagiaba su devenir. Por un instante pudo rescatar en su memoria un recuerdo que le reconfortó: se acaban de conocer. Es época de crecida, y los Dioses propiciarán un año de buenas cosechas. Ella está recogiendo agua del río. Se miran a los ojos. Él la ayuda con la vasija, roza su suave mano. La siente por primera vez… y ahora entre la pestilente oleada de nauseabundos hedores que emanan de la embarcación, olores a sangre y remota crueldad, surge otra vez ese aroma, ese recuerdo. Irrumpe un tenue pasado, un tiempo que ya ha sido gastado. Pero el presente es tan cruel que todo lo borra.

  El sol se ocultaba con inusitada lentitud. Las pocas personas que contemplaban marchar el barco, niños y mujeres desesperados, son ahuyentadas por el rotundo paso de un titánico destacamento con múltiples cascos, múltiples espadas. Todos huyen despavoridos excepto ella. Su dolor le impide moverse. El dolor, el amor. En ese momento no es capaz de diferenciar. El peso de la rabia contenida, del amor frustrado, son lápidas pesadas que le niegan su deseo de vivir. El soldado que encabeza el pelotón patea a la Solitaria, la mujer más desolada del universo. Se desploma sin oponer resistencia y acto seguido una fría espada entra por su pecho y parte su corazón. Su agrietado corazón. Agrietado. Su agonía se torna en un grito espeluznante que se pierde en la levedad de la temprana noche.
  ¿Has oído algo? Será la radio. No, está apagada, yo misma la apagué. Cariño, yo no he oído nada, ven, métete en la cama, ¿verdad que hace una noche preciosa? Contigo todas las noches son así, te quiero tanto… Yo también te quiero, si te perdiera no sabría que hacer. No sé porqué piensas en eso, ya sabes que siempre estaré a tu lado. Ya, lo sé, pero, ha debido ser ese grito tan extraño, era como un lamento, parecía tan triste…Cariño, siempre, siempre, siempre.
  En un vaivén de cuerpos un pie desnudo escapa de la sábana y golpea una copa de vino. La copa rueda por la mesilla y cae al suelo rompiéndose en mil pedazos, en mil gotas de vino que se derraman desde la mesilla hasta la alfombra.
  Un soldado levantó la cabeza y miró el despejado cielo con sorpresa, ¡qué extraño!, parece como si me hubiese caído una gota. Se tocó con el dedo índice la frente y se lo llevó a los labios, ¡de… vino? ¿Vino?, no seas estúpido, le inquirió otro soldado, será sangre de esta campesina, apresúrate, ya ha caído la noche. Ya es tarde, ha oscurecido, deja la copa de vino, mañana la recogeré. Le agarró con fuerza las muñecas mientras lo besaba en silencio, un silencio extraño y ceremonial. Él sintió la presión en sus muñecas cada vez menos tenue, el grillete parecía débil, y al fin inexistente. Se desprendió de las ataduras y aprovechando que los soldados bebían y conversaban distraídos saltó del barco y cayó en las oscuras aguas del río. Nadie se percató de su huida. Nadó con ímpetu, sus brazos se movían con agilidad, su cuerpo se estremecía cada vez con más insistencia mientras hacían el amor. Su mente repetía la imagen de ella. Ella lo abrazó con fuerza y sintió que la habitación del hotel se inundaba de un aroma exótico, una humedad inquietante. Tiemblas, ¿tienes frío? No, no es eso, es como si sintiera que me falta la respiración… Respiraba entrecortadamente, y al poco pudo distinguir la orilla del río. Llegó a ella exhausto. De inmediato reconoció el lugar: la arena dorada de la ribera, el templo en la distancia, los juncos. Se escondió entre unos arbustos hasta que los soldados estuvieron lo suficientemente lejos como para no verlo. Sabía que no lo había visto nadie, estaba seguro. Había dejado el coche a dos manzanas del hotel, siempre lo hacía así, con una precaución rigurosa. Encendió un cigarro y se lo pasó a ella, después encendió otro para él. Miró un momento a través de la ventana y fue capaz de distinguir la silueta de un enorme edificio gris con enormes cristaleras, vio el gigantesco templo de piedra, donde ahora estarían los soldados, los asesinos que había de vengar. Se acercó, aún temblando, hasta el cuerpo sin vida, hasta la túnica blanca que el polvo y la sangre decoraban en una macabra suerte de estampados ilusorios. Se agachó y abrazó el cuerpo exánime de su amada. Comenzó a llorar. Mi vida, ¡estás llorando! ¿Qué te ocurre? No lo sé, pero de repente todo me parece absurdo, este hotel de carretera, este amor dos veces por semana. Estoy cansado de esconderme de tu marido, de no poder pasear contigo por un parque a la luz del día, ¿sabes?, no sé cuánto podré resistirlo, te quiero tanto…La abrazó con fuerza, vio su cuerpo ensangrentado, sintió la flacidez de sus miembros que caían inertes. La apretó contra su pecho como si así pudiese devolverle la vida. La besó en la frente y creyó presentir un vago aroma a vino en sus vestiduras. A lo lejos se dibujaba una figura que provenía del templo. Alguien se acercaba, creyó oír pasos, primero lejanos y huecos, después sonoros y seguidos. Me han visto, pensó. Alguien llamó a la puerta de la habitación, ¡qué extraño, es muy tarde! Ella temió que fuese su marido, o tal vez un soldado. Las luces que se proyectaban desde las piras del templo multiplicaban las sombras. Con presteza se acurrucó tras los juncos. Su corazón embestía como un animal salvaje, saltó de la cama, agarró su ropa y a medias se vistió.  Esta vez ya no llamaban, golpeaban con violencia, con insistencia, sin duda, los golpes eran los de una espada contra las ramas de los juncos. Buscaban algo, se habían percatado de su huída. Oyó voces. Hablaban, alguien gritaba tras la puerta. Todavía no se había vestido del todo, no abras, tengo miedo, pero no es posible, a estas horas. Un bulto se movió entre los juncos. Los soldados se abalanzaron sobre él,  cuando de repente se abrió la puerta.  La habitación parecía deshabitada.  Juraría que estaban en esta habitación, señor. Sí, claro que conozco a su esposa, ha estado viniendo a este hotel de forma regular…Cariño, tengo miedo, dónde estamos. Se encontraron abrazados lejos del hotel. Tendidos en un suelo polvoriento, acariciados por una brisa cálida, en una noche remota. Aquellos soldados embrutecidos por la muerte, miraban a la extraña pareja con cara de asombro y maldad a la vez. Gruñeron en una lengua desconocida. ¿Quiénes son, dónde estamos? Tienen que estar… se lo juro. Miraron bajo la cama pero allí sólo encontraron el cadáver de una muchacha  envuelta en una túnica ensangrentada.

RELATO ACCÉSIT XII Certamen Literario de Narrativa Corta Asociación Consumo La Alberca (2007)
INCLUIDO EN "ESPEJOS Y OTRAS ORILLAS" (2011)