viernes, 29 de agosto de 2014

DUBLINESCA Y ULISES, JOYCE Y VILA-MATAS en EL COLOQUIO DE LOS PERROS POR PEDRO PUJANTE.

Algunas notas sobre la novela Dublinesca de Enrique Vila-Matas, vista desde el modernismo de Joyce.
Publicado en la revista digital EL COLOQUIO DE LOS PERROS.



 Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es autor de una variada y nutrida suerte de títulos, entre los que encontramos novela, ensayo, artículo literario y cuento. Su deambular funambulista y promiscuo por los géneros ha producido libros tan originales como inclasificables: Historia abreviada de la literatura portátil (1985) o Bartleby y compañía (2001), por citar algunos ejemplos.

        En sus propuestas más metaliterarias abundan constantes alusiones y referencias a autores y libros, siendo en muchas de ellas escritores los principales protagonistas, doppelgängers más o menos reconocibles del propio Vila-Matas, pliegues de su personalidad literaria. Su obra y su biografía se funden, constituyendo un universo literario original, repleto de guiños a su propia realidad y vida como escritor, inscribiéndose en la tradición de la autoficción.

SIGUE LEYENDO AQUÍ TODO EL ARTÍCULO CON PELOS, SEÑALES Y FANTASMAS

martes, 26 de agosto de 2014

RESEÑA DE MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ EN PRESENTE CONTINUO DE LA OPINIÓN

DOMINGO 30 / Ciencia ficción  
Te levantas temprano a correr. Quieres aprovechar el día y lo haces. Te encuentras a media Murcia corriendo por la mota del río. La fiebre del running se está yendo de las manos. Corres incluso tú, que en tu vida has hecho ejercicio. Desde luego, algo extraño está pasando. Esa misma sensación de extrañeza es la que tienen los habitantes de Orentes, el pequeño pueblo murciano al que van a llegar los extraterrestres enEl absurdo fin de la realidad, la novela de Pedro Pujante que consigues leer casi de un tirón durante la tarde. Supuestamente es un libro de ciencia ficción, pero en el fondo es una anti-novela llena de reflexiones sobre la literatura. El protagonista del relato intenta escribir un discurso de bienvenida para los extraterrestres, y mientras éstos llegan, el texto se llena de autores y referencias a obras de ciencia ficción, pero también a clásicos de la literatura. Y al mismo tiempo, mientras la llegada no acaba de llegar, la realidad comienza poco a poco a descomponerse. El espacio y el tiempo, e incluso la voz del narrador, empiezan a confundirse y modificarse. Disfrutas mucho con la lectura, que por momentos se vuelve hilarante. Un descubrimiento.
 
MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ
IMG_3290

sábado, 23 de agosto de 2014

PEDRO PUJANTE, FINALISTA EN EL XV PREMIO INTERNACIONAL SEXTO CONTINENTE DE RELATO

XIII Premio Internacional Sexto Continente de Relato Negro


El autor Pedro Pujante ha quedado finalista en el XV Premio Internacional Sexto Continente de Relato, que en esta convocatoria versaba sobre la Ciencia Ficción. El tema elegido era, como se puede leer en las bases 'Rusia y la extintaUnión Soviética. Desde viajes espaciales a la conquista espacial, pasando por la guerra en el espacio o los primeros pasos de Rusia y la URSS en la carrera espacial o temas de crítica enmarcados en los distintos géneros conocidos de la ciencia ficción.'

Su relato, Moscú siempre ha sido frío, aparecerá publicado junto al ganador y el resto de los finalistas. Además de cuatro destacados escritores rusos.

sábado, 2 de agosto de 2014

LA CULTURA MURCIANA


A lo largo de este curso han ocurrido muchas cosas relevantes en el mundo cultural murciano, algunas dignas de recordar, otras no tanto, de hecho ya las he olvidado. Pero muchas, como digo, positivas y que ya forman parte de nuestros recuerdos, de nuestra historia. Algunos amigos escritores murcianicos han publicado libros en Murcia: Vega Cerezo, José Óscar López,  Hermosilla, Morano,Paco Illán, Rubén Castillo, Illán Vivas, Alberto Caride, Juan de Dios García y un largo etcétera que no cabe en este apresurado artículo. Yo mismo publiqué un librito, lo que  me ha permitido conocer a mucha gente interesante en los actos de presentación y promoción, que a la postre, vienen a ser, fiestas literarias, encuentros con entrañables amigos.


Cuando acaba un período parece que una urgente necesidad de hacer balance nos acecha. Recapitular, catalogar los recuerdos e inventariarlos, para así poder pasar página, comenzar el siguiente episodio de nuestras vidas. Y por supuesto, a mitad de verano, qué duda cabe de que merece la pena rememorar una de las temporadas más fecundas y variadas de la cultura murciana.

 Es un placer poder ver cómo proliferan los libros y la cultura en esta Murcia. Otros grandes escritores extranjeros de reconocida fama se han acercado por nuestra huerta a presentar sus trabajos, el excéntrico Michel Houellebecq,  el afable Sergio Chejfec o Edmundo Paz Soldán, entre tantos otros. Murcianos han recibido galardones de indiscutible prestigio, como el último Premio Tusquets de Novela, que recayó en el vecino Ginés Sánchez.
Festivales literarios, como La Mar de Letras, Escritores en su tinta o la segunda entrega del cada vez más consolidado ELACT. Además, otros festivales de cine como el IBAFF o el FICC son ya legendarios. Concursos prestigiosos como el Rendibú, en el que todas las artes confluyen. Y muchas más actividades  y certámenes que hacen de Murcia una ciudad puntera en cultura y atractiva. 
Las salas de teatro también han experimentado en este último año un crecimiento en cuanto a calidad de las actuaciones y número de asistentes. Obras como El malentendido de Camus con una imponente Cayetana Guillén Cuervo, o un shakespeariano Otello encarnado por el murciano Daniel Albadalejo.
Han aparecido nuevos sellos editoriales que parecen cobrar brío y fuerza, Raspabook,  que ha venido para quedarse o, por ejemplo, La fea burguesía, recién fundada editorial con un proyecto ambicioso y bonito, murciano y renovador. O Balduque con un único pero prometedor título: Martillo.
En el diario La opinión se ha estrenado recientemente un suplemento cultural: ‘Libros’, que como su nombre indica viene a ampliar ese mundo de la literatura que los libroadictos siempre celebramos.
Hubo un tiempo en el que parecía necesario emigrar a Madrid o Barcelona para participar del ambiente cultural, para poder relacionarte con gente interesante y empaparte de nuevas tendencias estéticas. 

Ahora, uno tiene la impresión de que aquí en la Huerta de Murcia sobran los motivos, que diría Sabina, para quedarse. Hasta las tertulias parisinas ya tiemblan, y algún que otro bohemio se ve frecuentando nuestros sitios.
Viva Murcia, feliz verano.


sábado, 26 de julio de 2014

RECOMENDACIONES VERANIEGAS EN EL SUPLEMENTO LIBROS

El absurdo fin de la realidad •Pedro PujanteEl absurdo fin de la realidad
Pedro Pujante


(Colección 2999. Nº: 3) 



El absurdo fin de la realidad cuenta la inminente llegada de un ovni a un pueblo mediterráneo y la preparación de sus habitantes para recibir a los visitantes alienígenas. El narrador relata cómo prepara un discurso de bienvenida para los extraterrestres, salpicando anécdotas, reflexiones sobre literatura, filosofía, cine, humor, necrofilia romántica y chascarrillos vecinales a partes iguales. Pero a medida que el día de la llegada del platillo se acerca, las cosas se complican. Fenómenos extraños comienzan a ocurrir en el pueblo: saltos en el tiempo, aparición de misteriosas puertas que comunican con otras dimensiones, visiones estrambóticas y un final delirante e inesperado que dará un giro a toda la novela hasta convencernos de que la realidad no es más que un espejismo, un teatro del absurdo. ¿Una sátira de Bienvenido, Mister Marshall en la España de un futuro probable que sigue siendo la misma? Algo de ello hay. Metaliteratura con Camus, Dostoievski, Kafka, Quentin Tarantino, Keats, Coleridge, Shelley, Byron y muchos más genios de la pluma que conforman el universo paranoico de nuestro protagonista. El absurdo fin de la realidad es la obra ganadora del I Premio 451 de Novela de Ciencia Ficción.

martes, 15 de julio de 2014

LA MAGDALENA POSMODERNA



DESMONTANDO A PROUST





Las palabras del año pasado pertenecen al lenguaje del año pasado. Las palabras del próximo año esperan otra voz.’
T. S. ELIOT
La vida es fragmentaria. Y nada ocurre de un modo lineal. Trozos de existencia se amontonan, con sus personas y personajes habitando en ella con sus sueños y sus recuerdos. Como las frases de un libro raro que no llegamos a comprender del todo. Dalí decía que le encantaba leer libros de Física porque no los entendía. Lo fácil nos aburre sin ser Dalí. Quizá sea la razón del magnetismo que ejercen novelas como Ulises. O las pinturas de Dalí. La vida ya fue considerada por los escritores modernistas compleja y para nada reducible a unas páginas ‘realistas’. Por eso se sublevaron literariamente y cambiaron el curso de las letras. Eliot con la poesía, Joyce y Woolf con la novela, Beckett en teatro, etcétera. Mataron al padre, siempre el mismo ritual que nos permite avanzar en nuestro entendimiento del mundo.
 Buscamos el futuro, anhelamos nuestro futuro, por eso cambiamos el presente, lo asesinamos a diario. Pero por lo general la vida mental no se vive hacia delante, nada se atisba del mañana incierto.  Nada, sino que existimos en una recuperación continua de nosotros mismos. ¿Hacia atrás, revolviéndonos en nuestra caótica memoria? Porque los recuerdos están ahí, es cierto, pero no ordenados, no se dirige uno a ellos como el que camina por un sendero diáfano de una sola dirección, sino a través de un laberinto, con miles de opciones, que se anulan entre sí de un modo arbitrario. Habría que leer alguna novela de Juan José Saer, por ejemplo Nadie nada nunca, para entender este movimiento circular, recurrente e insistente, perforador del lenguaje y de la acción para acceder a la imagen que intento rescatar.

Si hubiese que escribir un libro proustiano de nuestra era –cuyo tema fuese la recuperación de la memoria-, la magdalena contemporánea estaría revestida de productos químicos, y el viaje-recuerdo que nos depara estaría condicionado por miles de sustancias artificiales, mezcla de panadería y ciencia ficción. La magdalena hoy es más fragmentaria que nunca y está contaminada de ordenadores y redes sociales y otros paraísos artificiales; no es una masa uniforme de harina y azúcar. Es colectiva que es lo mismo que decir anónima. Contiene los posos de una civilización global cada vez más extraña e indescifrable, que se trata de psicoanalizar continuamente y que nos abandona en la cuneta de la Historia como ciudadanos huérfanos en el entramado de una metrópolis vasta e inabarcable. Nuestro pasado y nuestros mitos están cada vez más lejanos. Hemos pasado, aquí en España, por Francisco Umbral, ahora caminamos con Javier Marías y Vila-Matas. Hemos leído a Cărtărescu. Ya no queda inocencia en nuestra vida literaria para mirar atrás en busca de las inocentes migajas de la magdalena proustiana. Hemos superado a Sade, hemos llegado a Tarantino. ¿Hacia dónde vamos?

El viaje al pasado es un no-viaje, un vi(r)aje a un no-tiempo, un trayecto desprovisto de realidad física, tangible, un camino que se bifurca en los lodazales de la materia impuesta por las modas, la ciencia, el arte, la superstición, la densidad virtual; la magdalena es de miles de sabores nuevos y viejos, ácidos, alucinógenos, literaturas reencarnadas de fantasmas enérgicos, emulsionantes, E-333. La magdalena está pixelada, fotografía de una magdalena de látex, síntesis de dimensiones virtuales en la que nuestra conciencia se diluye y ya no sabemos si recordamos o inventamos, si la magdalena es una promesa comercial de una marca de productos alimenticios o el vano recuerdo de nuestra añorada niñez. Nuestra niñez también es un símbolo de otra cosa, de una película que grabaron para nosotros los adultos, Steven Spielberg y las bicicletas BH o los libros de Verne, Bradbury y Philip K. Dick. La ciencia ficción está anticuada, lo que equivale a decir que somos mortales y que lo sabemos.


 La magdalena posmoderna está a mitad de camino del bizcocho maternal, la leche con Colacao, la poesía de Lautréamont y la masa industrial cargada de grasas saturadas y palabras diminutas que nos hacen soñar pesadillas de otros. Nuestra memoria  es inventa, todo recuerdo es ajeno, prestado.
Nuestra magdalena será cualquier día una foto en la red de una magdalena que se parece a la nuestra pero que no lo es. Quizá por eso haya que seguir inventándonos, recordando las viejas magdalenas de Proust pero sin renunciar a las que están por venir. Es preciso que inventemos un lenguaje extraño para que seamos legibles en el futuro. Todo lo demás ya no nos vale.

Pedro Pujante. Suplemento LIBROS. Diario La Opinión 12/VII/2014