miércoles, 25 de marzo de 2015

MAÑANA JUEVES PRESENTAMOS LA NOVELA DE ANTONIO PARRA SANZ: LA MANO DE MIDAS






La mano de Midas
Pedro Pujante y Antonio Parra Sanz dialogarán sobre Sergio Gomes, un detective muy particular que acaba de llegar a Cartagena.

Habrá sangre, misterios y mucha acción.

Os esperamos a todos.



















domingo, 22 de marzo de 2015

LO FANTÁSTICO COTIDIANO



Publicado en el suplemento Libros de La Opinión de Murcia (21, marzo, 2015)
Fantástico vs Maravilloso
Siempre me he interesado por la parte fantástica de la literatura. Sin embargo esta afirmación parece estar en radical oposición a mi desinterés por la novela épica, por El señor de los anillos y demás narraciones de mundo fantásticos. Pero no lo está. Trataré de explicarme.
Como dicen algunos especialistas del género fantástico –Castex, Caillois, entre otros- lo fantástico tiene lugar cuando se  produce esa intromisión de lo inexplicable en la realidad, cuando la trama de lo cotidiano se rasga, como una sábana arañada por una mano invisible, desconcertante e inexplicable. Y por supuesto, en un mundo tan específico como la Tierra Media, que un dragón robe un anillo con poderes nada tiene de particular ni de fantástico. Es un acontecimiento de lo más trivial y predecible. En ese mundo maravilloso, ninguna cotidianidad se ha visto truncada. Al igual que una tortuga habla en una fábula. Al igual que Peter Pan vuela y tiene trato con las hadas en Nunca Jamás. Por lo tanto, para que se produzca la percepción de lo fantástico, el acontecimiento debe ser traído a nuestro mundo, a lo cotidiano y trastocarlo. Un libro sobre dragones no es fantástico, es maravilloso, pero no fantástico.  
Terrores cotidianos
Recuerdo a alguien hablando de terror. Y decía que ya no nos asustan los monstruos, porque no creemos en ellos, como quizá sí creían nuestros antepasados, los lectores anteriores al siglo XIX. El caso es que como contrapartida al monstruo, hemos tenido que recurrir a otros terrores fantásticos más cotidianos. Más creíbles y cercanos. Por ejemplo, una casa que es invadida por presencias desconocidas; el descubrimiento de un mundo imaginario que está comenzando a apropiarse de la realidad; la existencia de tu doble acechando en la noche. Lo  que quiero matizar es esa forma con la que lo fantástico se presenta en la actualidad: a través de lo cotidiano.
Quizá quienes mejor entendieron esto fueron los autores hispanoamericanos: Borges, Rulfo, Cortázar, Levrero, Francisco Tario… La lista es larga como la noche. Y todos son deudores del praguense: Kafka, el inventor de las fantasías cotidianas, el urdidor de laberintos urbanos, pesadillas que conectan con un consuetudinario pasillo de juzgado de primera instancia.


Lo fantástico está aquí
Lo fantástico cotidiano. Quizá no sea tan moderno. Las historias de fantasmas, incluyendo el espectro de Hamlet, ya situaban a seres excepcionales en espacios comunes. Sin embargo, estas apariciones o espectros tenían un simbolismo, eran metáforas de otra cosa: la vida después de la muerte, la fuerza del espíritu, la voluntad del alma, etc. Todo, al final, escondía una explicación o una razón de ser, un sentido trascendental. Por ejemplo en Don Juan o Hamlet, que aparezca un fantasma tiene que ver con la venganza. En el siglo XIX, muchos espectros simbolizan el amor imperecedero (Vera o Aurelia); y es que muchos fantasmas son eso, símbolos: restos de una maldición, de una promesa incumplida, anuncios de algo,  de una vida que no consiguió culminar. Además, los espíritus y fantasías del siglo XIX (y anteriores) provienen de otro mundo diferenciado del real, ese lado oscuro y siniestro, que cuanto más terrorífico es, más consigue dotar de consistencia a este nuestro. Por contraste, el mundo de los espíritus y de la fantasía solidifica el real, el de los vivos, el de la razón.

 En las fantasías contemporáneas no ocurre tal cosa.  Lo fantástico está inscrito en el propio tejido de la realidad. Y no tiene por qué haber una explicación que lo justifique. ¿Por qué se convirtió en insecto el joven Samsa? No lo sabemos. La realidad (y lo fantástico) carece de sentido, el mundo es inexplicable en sí mismo, no hay una frontera clara que separe el inframundo de lo cotidiano. Todo está entreverado, el mundo es caótico; el hecho fantástico tiene lugar aquí y ahora, y no hay una explicación que nos salvaguarde de lo extraño. La fractura tiene lugar en la propia realidad, en la propia conciencia del personaje, del lector. No hay un infierno al que viajar para luego pode regresar sanos y salvos a casa. No. Lo extraño sucede en tu mente, en tu hogar (como le ocurre a ese hombre que comienza a vomitar conejos en un memorable relato de Cortázar).
 Hay algo que no se puede explicar. Antes, podían ser espectros o casas encantadas. Ahora no, ahora es la misma realidad la que carece de sentido, se distorsiona, está fragmentada y no hay manera de ordenarla. Por lo tanto estamos llegando al asunto central: en qué consiste lo fantástico hoy día. Lo que sorprende y nos maravilla es la ambigüedad, la duda, lo inexplicable, lo insólito por irracional que se instala en nuestra realidad. Lo cotidiano se vuelve el marco perfecto.
En cuentos de Borges o Cortázar, que transcurren en el metro, en Buenos Aires o frente a un acuario de axolotls, podemos de repente asistir a una maniobra sutil del destino o de una fuerza  inexplicable que no se nos explica. Una casa que es invadida por una presencia ignota, un pequeño punto, bajo una escalera, que concentra todos los lugares y momentos del universo…
Gregor Samsa, el ciudadano anodino, inaugura la literatura fantástica moderna. Y con él sabemos que lo fantástico puede tener lugar en cualquier momento y lugar. Aquí, ahora. Las fronteras han sido derrumbadas y lo fantástico nos aguarda tras lo cotidiano.


jueves, 19 de marzo de 2015

ROCÍO PARA DRÁCULA DE FERNÁNDO LÓPEZ GUISADO



Todo libro de poemas es un catálogo de sueños, pesadillas o fantasmas de su autor. A veces, también, una radiografía del paisaje de su geografía emocional y generacional. O intelectual, es casi lo mismo, cuando nos referimos al ámbito poroso, sutil e intangible de la poesía.
En este ambicioso proyecto literario Fernando López Guisado (Madrid, 1977) factura su imaginario y lo envuelve con ironía, ensoñación, amor, gatos, inteligencia sensible y fantasmas. Referencias al cine de terror, a la música y a la cultura apuntalan este edificio personal y lo dotan  de mayor profundidad, universalidad si cabe. ‘Rocío para Drácula.’ es  un ‘relato’  posmoderno e inconcluso, es poesía, intuición…
La poesía de López Guisado no es del todo cómoda ni complaciente con el lector porque lo sitúa en el filo de la incesante interrogación, del hastío, la duda y el dolor extraño que se troca en sustancia incomunicable.
Hay distancia y soledad en algunos de estos versos. Pero también momentos de ternura, guiños a su propia cotidianidad esmaltados por una feliz fantasía. Y aunque a veces nos nombra objetos y animales de su propio mundo (del nuestro, del verificable) los poemas ocurren en un Más allá indescifrable y cargado de símbolos.
En esta cotidianidad tan urgente y próxima encontramos salas de espera en hospitales, mesas con tazas, recuerdos de la infancia,  mar, noche, matemáticas, vampiros asustados y felinos que nos vigilan.
El poeta también construye un diálogo con el amor, con alguien a quién él dedica su amor, pero lo filtra a través de lo onírico y lo socava el deseo. El ser amado se trasmuta en una presencia invisible, hilvanado por el aéreo material del que se tejen los sueños y la necesidad.
Con una prosa equilibrada y un lirismo profundo, que no renuncia a la inclusión de un catálogo de referencias urbanas y actuales, López Guisado ha elaborado una enciclopedia de sueños, amor y silencios. Un lugar junto a las olas en el que siempre es verano; un  ámbito del que jamás se ha escrito porque quizá no existe hasta que el poeta lo nombra; una definición nueva del deseo, en la que el ser anhelado es capaz de crear a su propio creador.
Un libro complejo, a pesar de su aparente sencillez, que nos habla de todo aquello que no se puede expresar con palabras.

Quizá, cualquier reseña de un libro de poesía sea siempre superflua, porque lo que el poeta ha querido contar ya estaba en el poema. Por eso, solo me anima a escribir estas líneas el deseo de que otros lectores puedan ser partícipes de la experiencia única que supone la lectura de este singular libro.

lunes, 16 de marzo de 2015

LOS ÚLTIMOS DE JUAN CARLOS MÁRQUEZ



LOS ÚLTIMOS
JUAN CARLOS MÁRQUEZ
SALTO DE PÁGINA, 2014


La Ciencia Ficción, sobre todo en su vertiente de anticipación, ostenta el mérito de saber comprender el presente desde el futuro, reescribiéndolo como si de un palimpsesto se tratase, pergeñando una biografía imaginaria de nuestro devenir. En este sentido, se suelen alabar en muchos casos, los aciertos que el escritor haya tenido respecto a sus profecías. Su clarividencia, su intuición. A mi entender, estos aciertos no son la parte central de una obra que, recordemos, es literaria. El goce estético –y aquí estoy con Harold Bloom- no ha de estar supeditado a las aportaciones científicas del escritor a su obra, sino a su sensibilidad y su capacidad de hacernos partícipes  de ese mundo que ha creado. Y creo que Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) en esta breve distopía lo logra con creces: crea un universo creíble, humano y desolador.



    La novela cuenta la historia de un grupo de supervivientes a un Apocalipsis que duró, como la Creación, siete días, haciendo de la existencia un palíndromo de tiempo. En unas condiciones extremas, un reducto humano, una familia y poco más, consigue llegar a una nave espacial y emigrar hasta Marte, donde se desarrollará la segunda y última parte de la novela.
En la primera parte, en la Tierra el oxígeno y los recursos escasean. Además,  seremos testigos de atroces ataques de seres mutantes malformados y antropófagos. Memorable e impactacte es esa escena de una repulsiva hembra devorando a su recién nacido hijo, como el Saturno goyesco.

    En la segunda parte, estos héroes ocasionales deberán encontrar una forma de aclimatarse a Marte. Márquez plantea la terraformación, es decir, los personajes pretenden crear una atmósfera similar a la de la Tierra para perpetuar la vida en el planeta rojo.
Los últimos es una novela corta, dividida en capítulos muy breves, a veces incluso inferiores a la página. Esta economía verbal consigue despojar al relato de florituras innecesarias y trasmitir la sequedad, angustia y frialdad que han de estar experimentando los propios héroes. Procedimiento que nos recuerda a Plop o Frío, novelas apocalípticas sobre la crueldad, del malogrado y genial Rafael Pinedo, también publicadas en Salto de Página.
Además, este escamoteo de información,  y la elipsis a la que recurre Márquez, consiguen que las imágenes a las que nos enfrentamos cobren viveza. Como si visionáramos instantáneas cinematográficas de una intensidad inusitada, en las que no todo se nos cuenta, en las que la imaginación del lector debe de poner de su parte. Y si en algún momento la narración parece exigir un texto más extenso, el conjunto final de la novela se presenta compacto, sin fisuras, con una dicción y una estética acordes a su propia narración, que aunque escueta y concisa, se permite algunos fogonazos de altura poética: ese supermercado visto como un ‘escenario fantasmal’ o esos paisajes de carretera de ‘una belleza de postal del Más Allá.’

     La novela, además, está contada a modo de diario, lo que acrecienta su impacto, inmediatez y verosimilitud.

       Este álbum de frías estampas de un mundo desolado, no obstante, en su recorrido final se tiñe de cierto optimismo, se vislumbra un cálido soplo de esperanza. La raza humana, quizá, no esté a punto de sucumbir.
Como en Interstellar, The Road o Walking dead;  como en todas y cada una de las novela apocalípticas que se han pergeñado a lo largo de los últimos decenios, Los últimos nos habla de la supervivencia de la especie, de las vicisitudes del ser humano en un fin del mundo inesperado y caótico y de su capacidad para enfrentarse a sus propios fantasmas interiores.

       Tal vez su único inconveniente sea la recurrencia de algunos elementos, bastante manidos ya a lo largo y ancho de este género: mutantes caníbales, reducción de la especie humana por una hecatombe, un viaje a Marte poco verosímil…


     Pero la originalidad con la que Márquez bosqueja la historia, la fuerza y concisión del lenguaje y la poderosa energía de algunas imágenes hacen que Los últimos se imponga como una gran e interesante epopeya contemporánea.

PEDRO PUJANTE

martes, 10 de marzo de 2015

EL LEVANTE. LA HILARANTE ODISEA DE MIRCEA CARTARESCU

Publicado en LIBROS, suplemento de La opinión de Murcia, sábado 7 de marzo


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El levante se ha comparado con el famoso episodio de ‘Los bueyes del sol’ de Joyce. James Joyce, en el <Capítulo XIV> de Ulises, trató de emular todos los géneros literarios de la literatura inglesa, mediante juegos de palabras y la adopción de los lenguajes de cada época. En El levante, ya sea porque la literatura rumana no nos es tan conocida, o bien porque la traducción –por cierto, excelente- ha debido de sacrificar algún juego en virtud de un mejor acercamiento al público español, estos juegos referenciales no son tan evidentes. Pero no por ello dejará el lector de apreciar los divertimentos, muchas referencias a la cultura y a la historia, y sobre todo, a la literatura universal.



Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) es el escritor rumano más interesante y celebrado en la actualidad. Cada vez que se escucha su nombre suena de fondo el  sutil aplauso de un posible premio Nobel. Autor de una copiosa y heterogénea obra, en España se ha publicado hasta el momento bastante de su prosa narrativa y el primer tomo de su trilogía Orbitol (Cegador), una vasta crónica que entremezcla memoria, fantasía y relato épico, con una prosa abigarrada y críptica. En sus cuentos y novelas de corte fantástico destacan su plasticidad, su mirada evocadora, una gran sensibilidad y originalidad en la búsqueda de temas; además de la capacidad para crear un universo propio y deslumbrante, en el que su ciudad natal, Bucarest, se erige como escenario onírico y mitificado. Un Macondo centroeuropeo, con tonalidades ocre, en el que las estatuas cobran vida y los personajes deambulan entre la realidad, la locura, el deseo y los sueños.
Y ahora Editorial Impedimenta rescata El levante, una obra que en un principio se configuró como un poema épico, pero que su autor ha transformado en prosa. En alguna ocasión el propio Cărtărescu ha explicado esta evolución en su propia escritura. Según él, la poesía le sirvió durante un tiempo, pero finalmente la desechó porque para lo que tenía que expresar no le era suficiente. Empezó como poeta en el Cenáculo de los Lunes, siendo uno de los mejores dotados escritores de su generación, hasta convertirse en el narrador más interesante de las letras rumanas actuales.
El levante fue escrito a finales de los años 80 y en él ya se pueden encontrar algunos de los temas y obsesiones del autor bucarestino: intertextualidad, ironía y barroquismo. Por sus páginas desfilan personajes caricaturescos, embarcados en una aventura de dimensiones cómico-épicas, en pos de la salvación de Rumanía de sus enemigos griegos. Una parodia del género de la epopeya, pero que de algún modo la sobrepasa, porque la contiene y consigue deshacerse de sus propias premisas. Como Cervantes hiciera con la novela de caballería, Cărtărescu reinventa el poema épico, un poema posmoderno y delirante, y crea una historia divertida y repleta de referencias. 

Conviven en esta novela-poema personajes históricos con otros salidos de cuentos de hadas. Además, como suele ocurrir en la obra de Cărtărescu, el propio autor, en un juego de espejos pirandelliano, hace su aparición estelar en el relato, tratando de no influir en su discurrir ni en las peripecias de sus criaturas de ficción. Y no solo se contenta el autor con participar en su propio juego literario, también se dirigirá al lector, en un tú a tú cercano y despojado de solemnidad que hace de esta divertida obra literaria una pieza indiscutiblemente original, repleta de matices y digna de uno de los mejores escritores de la actualidad.
El mayor mérito de este libro-juego es su versatilidad. Por momentos, el lector tiene la sensación de estar sumido en una odisea moderna, en el que Ulises es un poco más divertido y no viaja solo en su singladura. A veces, uno tiene la impresión de estar leyendo una obra de steampunk, con zeppelines sobrevolando el cielo de un mundo decimonónico pero mediterráneo y alucinógeno, en el que no faltarán extraños aparatos, escenarios mágicos y personajes esperpénticos. Mestizaje entre la parodia del clásico latino Luciano de Samosata y un absurdo Ionesco.
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Los anacronismos, la burla y la intertextualidad se suceden. La prosa y la poesía- a veces con cierto tono elegíaco que desentona acertadamente con la trama, causando estupor y perplejidad- se combinan, en un baile incesante de música, fiesta, acción, batalla y colorido. Quizá el único inconveniente de El levante sea que la prosa de Cărtărescu presenta un excesivo uso de neologismos, extranjerismos y arcaísmos, además de un barroquismo que en ocasiones sobrecargan el texto.

No obstante, El levante es una obra necesaria para comprender la complejidad de este autor rumano. Un autor que no deja de sorprendernos por su heterogeneidad, su capacidad para trasmutar la literatura en pesadillas (Nostalgia, Cegador, Lulu) o  felices sueños (como sucede en este libro), y hacernos partícipes de un universo repleto de abundantes símbolos, enigmas y fantasías.

lunes, 2 de marzo de 2015

EL OTRO. DESDOBLAMIENTOS Y DUALIDADES LITERARIAS


PUBLICADO EN SUPLEMENTO LIBROS, LA OPINIÓN DE MURCIA EL 21 DE FEBRERO 2015



‘Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica.’
J.L. BORGES

En la mitología y folklore germánicos la visión de tu doble representaba la muerte o era un augurio de fatalidad. Según escribió el dramaturgo sueco Strindberg,  ‘el que ve a su doble es que va a morir.’
La Literatura, no obstante, ha sabido absorber  esta potente imagen, el asunto del doble, y la ha convertido en trasunto narrativo, simbólico y estético.
Quizá es durante el Romanticismo cuando con más fuerza emerge el tema del doble o del doppelganger. Anteriormente se puede rastrear en algunas comedias de Plauto (Anfitrión) o de Shakespeare (La comedia de los errores), quienes juegan a que dos hermanos gemelos e idénticos sean confundidos, creando así situaciones hilarantes y paradójicas.
No obstante, como decíamos, será en el Romanticismo cuando el tema del doble suscite mayor interés. No hay que olvidar, que durante este período, como reacción al exceso de raciocinio que imponían las filosofías materialistas y positivistas, los escritores comenzaron a buscar en el mundo interior del ser humano, en lo irracional y en lo onírico.
Es por lo tanto el asunto del doble una forma de representar la dualidad del ser humano, enfrentar su parte oscura e indagar en la porosidad de la identidad. Espejos, sombras, espíritus que se nos parecen, que son nosotros mismos…
Uno de los primeros autores relevantes que se ocupó del doble fue E.T.A. Hoffmann. En su novela Los elixires del diablo (1815) encontramos a un protagonista perseguido por su propio doble.
  Más adelante, obras emblemáticas como El Horla (1886) de Maupassant o Doctor Jekyll y Mr. Hyde (1886) comienzan a conformar literaria y estéticamente este fenómeno. En la célebre nouvelle de Stevenson se puede apreciar la dicotomía entre el bien y el mal, entre lo racional y lo impulsivo. El doble nos habla de nuestras propias ambigüedades, de nuestra fragmentaria y contradictoria personalidad.
En las piezas de Maupassant, el doble no es tratado como en Stevenson, no supone una dicotomía bien definida de la personalidad. Por el contrario, sus personajes –como su autor- sufren una enajenación que les hace distorsionar su realidad. De hecho, en sus últimos años de vida, Guy de Maupassant sería víctima de visiones, alucinaciones y manías persecutorias. La locura y la literatura jamás estuvieron tan alineadas en un mismo hombre.
Más adelante, ya entrados en el siglo XX, el tema del doble es tratado desde una perspectiva más metaliteraria, con una sensibilidad distinta, que se aparta del ámbito del terror para formar parte de la literatura neofantástica. Una literatura con una cosmovisión más acendrada y que busca explorar asuntos filosóficos o existenciales, expresar la complejidad del mundo. Como sabemos, autores de la talla de Borges o Cortázar han empleado el doble en algunos de sus más conocidos relatos.
Borges escribió sobre este tema en ensayos y poemas. Pero sus obras más relevantes, en las que el tema del doble es central, son los cuentos El otro y Veinticinco de agosto, 1983. En  El otro, un joven Borges tiene  un encuentro con un anciano Borges. El relato se convierte en un diálogo (monólogo) sobre literatura, arte y vida, en el que el autor argentino se adentra en su propia conciencia, analiza el paso del tiempo en su discurrir histórico y experiencial, a la vez que nos regala un magnífico relato sobre la continuidad de la identidad, la vida y la memoria.

En Veinticinco de agosto, 1983, un Borges se encuentra con el otro Borges, algo mayor, que pretende suicidarse. Otra vez, el tema de la muerte, la identidad fracturada y la literatura se alían en una composición extraña y memorable.
Cortázar también escribió numerosos relatos en los que el tema del doble está presente. En Lejana, una joven argentina siente la presencia de una mujer que vive en otro país, que es otra pero que también es ella misma. Al final, acabarán encontrándose, intercambiando sus identidades. Algo similar ocurre en el cuento Axolotl, en el que un hombre que visita en el acuario los ajolotes, terminará identificándose con los anfibios hasta el extremo de llegar a ser uno de ellos, encerrado para siempre en la pecera, en el mundo acuático. En otra pieza titulada La noche boca arriba, Cortázar nos cuenta la historia de un personaje que tras sufrir un accidente  en moto comienza a soñar que es un indio precolombino. En el transcurso del relato, la alternancia de mundos (siglo XX/América Precolombina) y estados (sueño/vigilia) provocará una inversión, acabando el relato con la sorpresa de un indio que soñaba que era un hombre que tuvo un accidente en moto. Aquí, por supuesto, no podemos dejar de acordarnos de ese relato de Chuang Tzu en el que un hombre sueña que es una mariposa, que al despertar no sabe si es una mariposa que sueña ser un hombre.
Muchos son los libros reseñables sobre este interesante asunto. William Wilson de Poe; El doble de Dostoievski: una especie de anticipación de Kafka. Dos imágenes en un estanque, de Papini, de quien a buen seguro Borges tomó prestado algún elemento. The jolly corner, de Henry James, cuento extraño en el que paradójicamente, es un hombre quien persigue a su fantasmal y pretérito yo, aquel que hubiese sido si hubiese vivido en otra casa que finalmente abandonó. De la literatura actual, rescataría un cuento del joven escritor francés Bernard Quiriny. En sus Cuentos carnívoros (2005), la pieza titulada El episcopado de Argentina, da una vuelta de tuerca al tema del doble, proponiendo a un solo personaje que habita en dos cuerpos.  
Por supuesto no puede faltar en mi lista el autor rumano Mircea Cărtărescu, quien en su novela Los gemelos, incluida en Nostalgia (2012), nos propone una visión del amor, la angustia y la disolución de la identidad, con una prosa y una creación de atmósferas dignas de uno de los mejores autores de nuestro tiempo. Como en Lejana de Cortázar, aquí el doble es producto de una fusión o intercambio de identidades, entre un atormentado joven y su amada.

El otro, como diría Platón, está en nosotros mismos. Y quizá, el propio lector, al término de cualquiera de estas historias duales, convendrá en que su propio yo ha padecido algún cambio y ya es el otro.

jueves, 26 de febrero de 2015

CRITICAR LIBROS MALOS. EL ARTE DE PERDER EL TIEMPO


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En algunos blog literarios se dedican a criticar libros. Eso está bien. Lo curioso viene cuando te encuentras que son reseñas dañinas, que ahondan en lo oscuro del texto, buscan solamente errores, destacan los posibles equívocos y puntos débiles del libro. Muchas veces, incluso, basándose en prejuicios personales, en deficiencias lectoras u opiniones subjetivas. Lees la crítica y ningún acierto tiene el libro, eso es extraño, pero todo es posible, hay libros realmente horrorosos. Y sobre todo, descontextualizando frases, consiguen hacer que estas parezcan tontas, simplonas o fallidas. Y para colmo, todo en un tono jocoso, que se acerca más al monologuista de la Paramont que al amante de la literatura. Y lo más sangrante de estos poco amistosos lugares son los comentarios, de gente que no ha leído el libro pero que igualmente se ensaña con él, dando la razón al bloguero y aplaudiendo sus ocurrencias. Lo que no entiendo es cómo una persona, hay que ser estúpido y/o malvado, dedica tanto tiempo de su vida a leer y criticar libros que no le gustan. O es un resentido o un ingenuo que pretende hacerse el malote. Auden decía que reseñar libros malos es dañino para el espíritu. Y ciertamente, tantos libros buenos hay que ni un segundo de la vida lectora debería dedicarse a los malos. El alma humana es un enigma, qué duda cabe, y quizá este tipo de reseñas no dejen de ser un nuevo género literario, que transita entre la parodia, la bufonada y la literatura multimedia.

Sigan leyendo buenos libros.