domingo, 22 de agosto de 2021

LA AMENAZA DE LA ILUSIÓN


 Que la realidad sea tan solo un escenario más ya lo sabemos desde hace quince siglos. Desde el teatro griego hasta nuestros días los hombres han ido tomando conciencia de que alojan bajo su piel un actor en potencia, y que cada situación puede ser contemplada como una actuación. Tanto Shakespeare como Calderón, antecedentes de Second Life y de Matrix, concibieron el teatro como un espejo con el que reflejar el teatro de la vida. Entrar en el mundo del teatro es descorrer una fina membrana a otra realidad. Y cuando baja el telón y regresamos al tablado de esta otra función que es nuestra vida, la duda de que también seamos personajes nos asalta. Este espejismo se ha llevado ya a sus máximas consecuencias. En la literatura el auge de la autoficción y la novela autobiográfica ha supuesto un debilitamiento de las fronteras entre vida y ficción. Y en la televisión, la telerrealidad se ha convertido en una nueva forma de conectar a los telespectadores con la ficción de un modo más directo, sin filtros ni concesiones. El argumento ya no es un elemento aislado. Es una masa informe, una bola de nieve sucia que se va creando sobre la marcha, en directo, imitando así los propios principios que rigen la realidad. Al aniquilar la ficción estamos también eliminando el estatuto de lo real.Desde hace unos años con la proliferación de las redes sociales y las realidad virtuales nos hemos transformado en seres hiperconscientes de que al menos hay dos realidades que se mezclan y se complementan. Una, en la que compramos el pan, vamos al trabajo y discutimos por nimiedades domésticas. Otra, más perfecta y armoniosa, que se puede consultar en Instagram o Facebook. Nadie ignora a día de hoy que muchas de las fotografías y vídeos que se cuelgan en redes sociales están tratados con filtros o programas que los alteran. Aun así nos los creemos y de algún modo somos felices consumiendo y mostrando esta otra vida de felicidad digital. Basta con buscar un escenario o un fondo verde y disponer de un teléfono móvil. La magia está servida. Asumir que vivimos en Matrix no es tan malo. Porque toda mentira encierra su núcleo de felicidad. Pero el simulacro avanza (o más bien nosotros avanzamos a través del simulacro) y llegará el momento en que la realidad virtual, la autoficción y la telerrealidad sean indistinguibles de la realidad. En China ya han creado un pueblo falso exclusivamente para que sirva de decorado para tomarte una foto y subirla a Instagram. Xianpu es una suerte de Disneyland para instragramers, un pueblo inventado que recrea una China rural ya inexistente. Como si fuese un parque temático de la irrealidad, poblado por actores que interpretan el papel de pescadores o campesinos felices. No creo que sea casual que este fenómeno esté teniendo lugar en China, el país de la copia y de las reproducciones piratas. Xianpu es una copia del pasado, un pueblo fake, una fotocopia de la realidad que sirve para construir ese imaginario de publicaciones, historias fugaces y likes, de pompa y fantasía que son las redes sociales. El show de Truman se desborda y se filtra en el show de la realidad.La hiperrealidad ya está aquí. Xianpu se expande. Un día no muy lejano estaremos todos viviendo en un lugar como Xianpu. Con la certeza de que no sabremos si es real o no. Porque la realidad, ya lo estamos viendo, dejará por fin de existir y la amenaza de la ilusión será sustituida por la ilusión pura. 

domingo, 15 de agosto de 2021

RETORNO (DIGITAL) A LA HOGUERA PRIMIGENIA

 


PUBLICADO EN LA OPINIÓN DE MURCIA

Cuando se producía el cambio del mundo oral al mundo escrito, Platón pronosticaba (y erró) que la memoria sufriría un daño irreparable porque ya no confiaríamos en ella debido a que “fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde afuera”. Sin embargo, la escritura no haría sino afianzar el conocimiento, preservar la cultura, extender una vasta red de mentes a través de los libros y hacer que nuestros cerebros alcanzasen un nivel de complejidad mayor.

Pero no sería hasta la invención de Gutenberg cuando la revolución se consolidase. La escritura, en forma de libro, se expandiría y estaría al alcance de millones de personas. Hasta el momento actual, en el que vivimos en un mundo textual, saturado de caracteres, de logos con letras, anuncios formados por frases y eslóganes, carteles con mensajes que nos apelan y libros y artefactos que descodificamos por medio de la lectura y que configuran, por exceso, ese simulacro, esa hiperrrealidad de la que hablaba Baudrillard.

Pero si la imprenta supuso un cambio de paradigma que implicaba un exceso de lectura, ahora, con las nuevas tecnologías e Internet el verdadero cambio supone pasar de un mundo de millones de lectores a un mundo de millones de escritores. Como señala Vicente Luis Mora en su ensayo La escritura a la intemperie hasta los años noventa el libro era el instrumento de trabajo literario, un instrumento que solamente sirve para leer. Sin embargo, ahora, la herramienta de lectoescritura ha sido desplazada por el ordenador, una máquina que físicamente se distribuye entre pantalla (leer) y teclado (escribir), lo que invita a los “lectoespectadores” a formar parte activa del proceso de escritura y hacer que el mundo se haya convertido en un mundo de escritores. Escritores que, como ha explicado Luis Mora, han podido proliferar y escapar del yugo de los modelos tradicionales. Aunque vislumbrar un mundo en el que todos escriben y nadie lee no es algo nuevo. Ya Borges, en un diálogo con Susan Sontag en el año 1985, decía que: “Escritores, sí, quedan muchos, pero lectores casi ninguno”.

Independientemente de que escribamos o leamos más que hace cincuenta o cien años, lo que está claro es que ahora los modos de producción y recepción han cambiado. La lectura y la escritura (entendidas como actividades compartidas) no están sujetas a una pluma o a una máquina de escribir y a un libro, a un autor y a un editor convencional. Ahora cualquiera puede escribir un estado de Facebook que leerán miles de usuarios. Una novela o un poemario que se colgará en Amazon y alcanzará a cientos de miles de potenciales lectores. O un texto improvisado que verá la luz en un blog personal que se podrá consultar en cualquier parte del Globo. La literatura (o la escritura literaria) no es ese viaje unidireccional romántico de hace un siglo que se proyectaba desde el escritor al lector por medio de un libro editado. Igualmente, leer no solo consiste en sentarse en una butaca con una novela entre las manos. Las tablets, los smartphones y demás dispositivos electrónicos han multiplicado las posibilidades de lectoescritura. El lector, desde estos nuevos dispositivos es apelado y transformado en escritor, entendiendo escritor como creador de contenidos: redes sociales, blogs, aplicaciones como Whattpad, mensajería de texto…

Por otro lado, resulta interesante constatar que las nuevas tecnologías, paradójicamente, esté propiciando una suerte de retorno a lo oral. Un retorno que, si bien no es ni será completo, sí que parece establecer un solapamiento, o al menos, como indica Vicente Luis Mora en el ensayo citado: “lo oral recupera el terreno perdido”.

¿Se está produciendo un retorno total a lo oral? Es impensable en la actualidad. Pero sí que se percibe, al menos, una mirada y una recuperación parcial de espacios dedicados a la comunicación oral. La proliferación de podcast (algunos de carácter narrativo, otros de naturaleza divulgativa). El imparable auge de YouTube, los audiolibros y el consumo masivo de series que, además de las imágenes, no son sino audios que desplazan la lectura como actividad narrativa de consumo hegemónica. Sintomática es en este sentido la arriesgada apuesta de Apple Tv: Calls, una serie de tele(¿visión?) basada únicamente en llamadas telefónicas, en las que tan solo se muestran imágenes de gráficos y poco más, confiando plenamente en el poder de la voz y en la sugestión que promueven algunas claves visuales.

Resulta extraño creer que algún día regresemos a juntarnos en torno a una hoguera a escuchar historias. Sin embargo, no debemos olvidar que seguimos siendo seres parlantes y que aunque sea por medio de dispositivos tecnológicos o redes sociales seguiremos hablando, narrando y trasmitiendo nuestras historias y fragmentos de ficción.

domingo, 27 de junio de 2021

EL ARTE DEL SILENCIO

 





Una reflexión sobre cómo el arte ha devenido en vacío.  PUBLICADO EN LA OPINIÓN DE MURCIA

Hace poco sorprendía la noticia sobre la venta de una obra de arte inmaterial. Una obra inexistente. El artista italiano Salvatore Garau declaraba que lo que realmente vendía era un vacío «que estaba lleno de energía». En un mundo cada vez más materialista, aunque parezca paradójico, no deja de ser sintomático que ciertos compradores necesiten gastar su dinero de un modo compulsivo, aunque sea en ‘nada’.

Nuestra relación con el arte, a lo largo de la historia, ha tomado distintos caminos. Uno de ellos ha sido hacia el vacío, la abstracción, el silencio. Desde el siglo XX se ponen de manifiesto estas tendencias con el arte abstracto, el suprematismo de Malévich o el mutismo exacerbado en las obras de Samuel Beckett, obras cuyas palabras invocan silencios. Ya Flaubert abrigaba el sueño de escribir «un libro sobre nada».

En el recientemente reeditado ensayo La so(m)bra de lo real, de Miguel Ángel Hernández ocupa uno sus más interesantes capítulos a la desmaterialización, a la miniaturización del arte emprendida por Marcel Duchamp con ready-mades como Un ruido secreto. Una obra que precisamente consistía en el ruido que un objeto (no sabemos cuál) producía. El artista británico Martin Creed llevó a cabo una instalación, conocida como Nothing, que precisamente se trataba de una habitación vacía. Nothing también es el título de la película más rara de Vincenzo Natali. Una historia en la que dos amigos descubren un buen día que alrededor de su casa no hay absolutamente nada. Solo vacío blanco. Nada.

En su ensayo, Hernández constata varios ejemplos de este arte del vacío o de la ocultación, que, como si del traje nuevo del emperador se tratase, tratan de provocar en el público una reacción intelectual (quizá moral) más que una impresión puramente estética. El arte se convierte en vaciamiento, en un regreso a lo real a través del efecto contrario a ver: no-ver. Si por algo se caracterizan las vanguardias es por romper con lo clásico. Y si la pintura figurativa fue reemplazada por la abstracción o el suprematismo, en las demás artes también se observa una tendencia al vaciamiento de la forma, a la sublimación de la idea mediante la ocultación. Y es en el vacío, en la nada, donde más espacio hay, paradójicamente, para que la idea o el concepto tomen forma. Recordemos que aproximadamente el 80% del Universo está formado por materia oscura, es decir, por ‘masa no visible’. Es decir, la realidad es más una nada invisible que algo visible.

Miguel Ángel Hernández recuerda el relato de Papini La nueva escultura, en el que se narra sobre una obra construida básicamente de humo. Una escultura efímera. Papini nos obliga a reflexionar sobre la fugacidad del tiempo y sobre la trivialidad del valor del arte, cuando al final del relato sentencia un personaje: «Que una estatua dure diez siglos o diez segundos, ¿qué diferencia supone con relación a lo eterno?»

Este cuento forma parte de Gog. Y es también en este libro donde podemos leer otra pequeña narración titulada Músicos que anticipa en más de veinte años la icónica pieza 4’ 33’’, de John Cage. Gog, el narrador, conoce a un músico que asegura haber inventado ‘la música del silencio’, porque «toda la música tiende al silencio». Gog describe el momento en el que llega a una sala de música. Allí se encuentran veinte músicos con sus instrumentos en las manos. Todos inmóviles. Cuando el director de orquesta da la señal para que comiencen nadie se mueve, «no se oyó sonido alguno»



LEER EL ARTÍCULO ORGINAL AQUÍ

viernes, 4 de junio de 2021

HOLOBIONTE, UNA EDITORIAL EXTRATERRESTRE

 Una de las editoriales más originales y con un proyecto más radical es, ahora mismo, Holobionte Ediciones. Puedes consultar su catálogo AQUÍ

Es una felicidad encontrar este tipo de editoriales alienígenas, que se atreven a publicar raros textos que quizá interesen a muy pocos, pero que por su propia naturaleza los hacen atractivos para los que nos interesamos por lo marginal y lo excéntrico. Holobionte Ediciones es un proyecto honesto y valiente, que apuesta por examinar las relaciones entre nuestra cultura y el arte, los terrores y los monstruos, el ciberfeminismo, la nueva carne o el terror cósmico de Lovecraft.

Nació en 2017 y ellos mismos se califican como una " una editorial independiente de pensamiento contemporáneo, posthumanidades y vanguardia(s)."

Su catálogo se nutre de ensayos, de libros extraños que difícilmente encontrará el lector en otro sitio. Quizá tan solo alguna editorial como Materia Oscura, San Soleils, Atalanta o Aurora Dorada también ofrecen en sus colecciones libros inclasificables que bordean los géneros y que abordan temáticas poco convencionales.

Algunos de los últimos libros editados por Holobionte son:



Meta-Futuros de Armen Avannesian. nos propone  "una lectura atípica y llena de claves para entender el tiempo que viene. Con el estilo certero de los aforismos, Meta-Futuros radiografía las ideas que han marcado los últimos años desde el campo de la filosofía especulativa; y, sobre todo, desde los campos sociales y políticos que preocupan en nuestros días: el Antropoceno, las crisis económicas y climáticas, la sexta extinción masiva, las nuevas tecnologías, los fenómenos globales y los nuevos sujetos políticos… constituyen un sustrato de interrogantes y retos inéditos que ya no nos permiten seguir pensando como hasta ahora".



"La guerra de deseo y tecnología (y otras historias de sexo, muerte y máquinas) es una compilación de ensayos, artículos, conferencias y relatos de ficción de Sandy Stone (a.k.a. Allucquère Rosanne Stone), urdida en colaboración con la autora para esta ocasión histórica, su primera edición en castellano. Aunque muchos de sus trabajos teóricos provienen de la década de los noventa, las ideas de Stone siguen siendo de una vigencia radical en nuestros días, en su pionero intento por repensar las estructuras binarias sobre el cuerpo, el género, lo «tecnológico» y lo «natural»"

La prosa de Stone es cercana y sus ensayos parecen textos autobiográficos, que se leen con placer y nos acercan a temas intensos pero con la frescura de una voz en primera persona.


En un mundo dominado por imágenes, en la era de Instagram y las pantallas omnipresentes, los estudios visuales nos resultan cada vez más vitales. Desde su primera aparición en 2006, La so(m)bra de lo real se reveló una obra profética que anticipaba nuestro «ocularcentrismo expandido» a la vez que la necesidad de articular un discurso de resistencia desde la so(m)bra. En este ensayo, el autor de El dolor de los demás describe un recorrido por las estrategias más extremas y transgresoras del arte, los «vomitorios» del espectáculo, el lugar por donde se entraba y salía del anfiteatro, para confrontarnos con lo Real. Partiendo del análisis del arte de Lacan, Miguel Ángel Hernández propondrá la «bulimia» y la «anorexia» de la mirada (el exceso y la falta) como estrategias para una dieta perversa del ojo. 

El escritor y ensayista Miguel Ángel Hernández analiza el devenir del arte contemporáneo desde Lacan y con una prosa elegante nos acerca a su peculiar visión estética del arte.

miércoles, 12 de mayo de 2021

LANZAMIENTO DE LA NOVELA "FLORES ELÉCTRICAS PARA KISURI"

 



Ya se puede realizar un encargo de precompra AQUÍ de la novela  FLORES ELÉCTRICAS PARA KISURI.

Estamos haciendo un lanzamiento  de la novela. Si se llega a los 50 pedido en preventa saldrá publicada en el sello editorial Malas Artes del grupo BunkerBooks. Anímate y hazte con un ejemplar.

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Flores eléctricas para Kisuri es una novela protagonizada por Hiruki, un joven sin identidad que se encuentra, sin saber cómo, atrapado en una ciudad alucinada llamada La Residencia. Una urbe violenta y oscura, poblada de niños mutantes, seres espectrales, presencias extrañas y perros eléctricos que recorren sus calles a la caza de víctimas. Es también un peligroso viaje onírico por las calles de un ultramundo sofisticado y perverso, una fantasía de supervivencia y terror, una aventura con la estética de un anime protagonizado por fantasmas provenientes de otra dimensión.

¿Es Kisuri un fantasma o una persona real que se aparece en un mundo de fantasmas?



«Flores eléctricas para Kisuri es una historia de fantasía, oscura ciencia ficción y terror urbano que te transportará a un mundo siniestro, absurdo y delirante. Si te gusta vivir experiencias distintas, sin duda con esta novela accederás a una de las más extravagantes historias que puedas imaginar. Un viaje por un universo anómalo, ubicado en algún lugar entre los límites de la realidad y los sueños. Una historia poseída por un humor grotesco, y repleta de sorprendentes revelaciones que nos adentrarán en una realidad cada vez más y más aterradora.



Junto a su protagonista, Hiruki, vivirás una serie de acontecimientos asombrosos, de carácter alucinógeno y de naturaleza sobrenatural. Pero esta novela, de ritmo trepidante y en ocasiones fantasmagórica, también nos invita a reflexionar sobre la fragilidad de la identidad y sobre el enorme poder de los sueños para construir una nueva realidad. Bienvenido a La Residencia, la misteriosa ciudad-pesadilla en la que transcurre esta historia de horror y de fantasía onírica».




Puedes leer la noticia completa AQUÍ


En el diario local Infolínea dedican una página completa al lanzamiento de FLORES ELÉCTRICAS PARA KISURI

martes, 23 de marzo de 2021

EL BIZARRO SEGÚN CARLTON MELLICK III






Ya sobrepasa el medio centenar de títulos la obra narrativa del escritor norteamericano, Carlton Mellick III (Arizona, 1977), uno de los popes del bizarro, género que parece, desde sus comienzos, haber nacido con la etiqueta de culto. Quizá porque, como ocurren con las películas de serie B y otros subproductos culturales, su falta de pretensiones y su manifiesto desdén por constituirse una expresión cultural de élites le convierte en un artículo genuino, original y desacomplejado. En síntesis, el bizarro es una literatura de naturaleza marginal, que se sustenta en estéticas del género de terror, la ciencia ficción soft, un surrealismo delirante, la fantasía, el humor negro y lo grotesco. Como se puede leer en Wikipedia el bizarro “es un género literario contemporáneo, que emplea a menudo elementos del absurdo, la sátira, y lo grotesco, junto con características del surrealismo-pop y la literatura de género, para crear obras subversivas, extrañas y divertidas”. Así, estas obras están deliberadamente saturadas de ingredientes, personajes inverosímiles, y buscan reventar el cerebro de quienes las leen con tramas y situaciones trepidantes, escabrosas o hiperrealistas. Aunque en el ámbito literario se presenta como un género más o menos novedoso que bebe del cine de serie B, David Lynch, Shinya Tsukamoto, los dibujos animados, la ciencia ficción, el wéstern, el terror y lo fantástico, se puede rastrear en algunos autores clásicos la semilla precursora de esta poética bizarra. En los cuentos de terror (y sobre todo en los de humor) de Poe, en las excesivas fantasías cósmicas de Lovecraft, en los ilógicos laberintos de Kafka, en los absurdos y en ocasiones crueles escenarios de Beckett, incluso en Dostoievski (pienso en su relato “El cocodrilo”) o en el grotesco relato “La nariz” de Gógol.

PUBLICADON EN REVISTA PENÚLTIMA


 LEER COMPLETO AQUÍ

domingo, 28 de febrero de 2021

Obras fantasmas

 



En este artículo se habla de esos objetos literarios o artísticos  que no existen, que han sido mencionados o ideados o proyectados pero nunca materializos.

Leer artículo aquí

miércoles, 24 de febrero de 2021

Infiernos posmodernos: reflexiones sobre los límites de la realidad y lo humano




Ya en La Odisea homérica, e incluso en el poema sumerio de Gilgamesh, el descenso a los infiernos es un motivo recurrente. El pasaje a esa otra dimensión, en la Antigüedad, era contemplando sin el asombro de nuestros días. Lo maravilloso estaba integrado en lo cotidiano, los dioses hablaban con los hombres y el mito funcionaba como fenómeno histórico. Pero ahora ese viaje al infierno funciona como ruptura, como quiebra de la realidad. 

LEER EL ARTÍCULO COMPLETO AQUÍ

PUBLICADO EN REVISTA HÉLICE Nº29

jueves, 28 de enero de 2021

CUENTOS DE HADAS, ZOMBIS Y EL FIN DEL MUNDO

 


PUBLICADO EN LA OPINIÓN 25 DE ENERO 2021

Leí hace poco un artículo en el que se reseñaba un estudio de la Penn State University, que constaba cómo las personas que  consumían películas de terror apocalíptico estaban más preparadas psicológicamente para afrontar situaciones como las que estamos viviendo con esta era Covid. La vivencia de este tipo de ficciones crea escenarios mentales preparatorios, que después en la “vida real” (qué extraña conjunción) nos sirven de modelos de aprendizaje. Puede resultar llamativo un estudio científico que parece más bien realizado por los creadores de “The Walking Dead” para animarnos a ver series catastrofistas. Pero si se piensa detenidamente no es nada extraño. Recordemos que desde tiempos remotos se han utilizado los cuentos de hadas de forma terapéutica con los niños. Las historias de chiquillos indefensos que se pierden en el bosque y son acechados por brujas y lobos constituyen una fuente de placer para los jóvenes, pero también sirven para enfrentar sus miedos en situaciones controladas. De hecho, como ya explicó Bruno Bettelheim, en su célebre Psicoanálisis de los cuentos de hadas, estas historias sirven al niño a comprender la realidad, a enfrentarse a sus miedos y así superar traumas. El cuento cumple una función vital en el aprendizaje de niños pero también en los adultos. De hecho, no es una casualidad evolutiva que a día de hoy sigamos invirtiendo tanto tiempo y dinero en consumir ficciones. El presupuesto de Netflix o Amazon Prime Video supera el de algunos pequeños estados. Las horas dedicadas a leer (no tantas) y a ver series de ficción es significativa. El cine y la literatura de terror nos ayudan a enfrentarnos al terror. Las cintas sobre mundos en descomposición (desastres, zombis, invasiones extraterrestres, monstruos del averno destructores) nos preparan mentalmente para una eventual catástrofe.  Pero esto no es nuevo. Habría que remontarse a las culturas hebrea y cristiana de los períodos helénicos y romanos, donde surgen los primeros profetas para advertir de la llegada de un nuevo orden. En la Biblia, recordemos, ya el “Libro de Daniel” trata de expresar el futuro de Israel y advertir del Juicio Final. El “Apocalipsis” de San Juan nos habla del fin del mundo. Un relato terrorífico, simbólico y oscuro que habría de servir a los creyentes a prepararse espiritualmente para lo peor. Desde los cuatro jinetes de San Juan a los zombis de George Romero hay una línea que atraviesa nuestra historia de fantasías y temores. Historias acerca de un final inminente que nos ayudan a comprender qué frágil es nuestro mundo.  Terribles catástrofes como que llegue el fin del mundo, tus padres te manden al bosque a perecer de hambre, que tu madrastra te mantenga encerrado en casa como un esclavo o que un lobo te aceche en el bosque camino a casa de tu abuelita.

 

jueves, 10 de septiembre de 2020

VERA, UN FANTASMA HECHO POR EL AMOR

Biografia de Auguste Villiers de l'Isle-Adam


Villiers de L`isle Adam se imaginó a una Eva Futura, que es la transubstanciación de la vieja mujer imaginaria a través de la nueva tecnología. Thomas Edison, el personaje de la novela, construye una ginoide llamada Hadaly para sustituir a una estúpida mujer de la que se ha enamorado su amigo Lord Ewald. Ahí encontramos una de las causas que justifican la invención de mujeres artificiales: la sustitución. No porque las mujeres de carne no sean necesarias o valiosas sino porque el hombre no es en ocasiones lo suficientemente inteligente para apreciar su valor. Muerto el deseo, se le da vida a la fantasía.

Pero es “Vera” el cuento de Villiers del que más me apetece escribir. Este relato es una de las más fascinantes historias de amor de la literatura francesa de todos los tiempos. Su primera frase es una declaración de principios: “El amor es más fuerte que la muerte…”, y casi resume todas las historias de amor verdadero.

La condesa D`Athol fallece en “una jornada sin nombre”. Pero el conde D`Athol no cree en la muerte, no cree que la muerte pueda suprimir la presencia fulgurante y sagrada de Vera. Su amor le obliga a verla entre sueños y vigilia, entre el deseo y una realidad sin tregua y apelmazada por la vulgaridad de su soledad. Continúa con su rutina, es feliz, la muerte de Vera le parece un sueño, ella sigue aquí. Vera es más que carne y presencia porque está “hecha de voluntad y de recuerdo”.

Raymond, el sirviente que al principio recela de la locura de su amo, con el tiempo, comienza a intuir la presencia innegable de Vera. El vestido negro entrevisto al girar un corredor, el sonido de la campanilla, quizá el eco de su voz que se filtra a través del muro de una alcoba. ¿Qué es un fantasma sino la materialización de una intensa idea?

El lector de este cuento es el que más claro tiene que Vera es real, que su muerte fue un sucio truco del conde de Villiers con el que perpetuar la imagen indeleble de un amor desgarrado y certero hasta el espanto mismo. Vera deambula por los párrafos del relato, aparece, se insinúa, hace una mueca, corretea ufana con una sonrisa roja y una lívida mirada de entidad del otro lado. A medida que pasa el tiempo todos, los personajes y los lectores de la historia vamos envejeciendo, acercándonos a la muerte. El tiempo pasa. Pero Vera está cada vez más viva y hermosa. Es decir, sigue siendo Vera. El conde ve brillar Venus en el cielo piensa: “es Vera”.

El conde nos conduce a su habitación, y conformada por la memoria y la voluptuosidad allí está Vera, esperándonos, como siempre ha estado. “Roger”, exclama una voz lejana. Se besan.

Tras el éxtasis llega la caída, la revelación: descubre el melancólico conde que está solo, descubrimos juntos que ella no ha sobrevivido a su muerte. Que los sueños son reales hasta que despertamos, que la vida es cierta mientras no dudamos de que estemos vivos. El amor es más fuerte que la muerte, pero la realidad es más poderosa que la vida.

Roger pide una señal, un camino por el que reanudar su viaje hacia el frágil amor. Y como cualquiera habrá adivinado, la llave que abre todas las puertas no es otra que la misma llave de la tumba de Vera. La muerte en nuestro destino, aunque siempre lo reconocemos tarde, cuando su inefable presencia es ya tan fuerte o más que la vida.

jueves, 9 de julio de 2020

EN EL DIARIO "EL NOROESTE" PUBLICAN UNA RESEÑA DE "LA INVENCIÓN DE LA REALIDAD"


La invención de la realidad, Pedro Pujante, Murcia Libro, 2020, 172 págs., 12€.

RESEÑA DEL ESCRITOR Y PROFESOR UNIVERSITARIO BASILIO PUJANTE
Si uno es un lector atento y tiene ciertos conocimientos de literatura, es capaz de intuir sin dificultades las influencias que han recibido la mayoría de los autores que lee. Salvo un puñado de escritores radicalmente originales o que se muestran refractarios a mostrar sus filias, la gran parte de los que escribimos transitamos sendas abiertas previamente por aquellos literatos que más nos han marcado. Es el caso, sin duda, del autor murciano Pedro Pujante, autor de una sólida trayectoria dentro de la literatura fantástica y de la ciencia ficción en cuyos libros se perciben las huellas de sus lecturas, especialmente, de Enrique Vila-Matas o de Franz Kafka. De hecho, Las suplantaciones (2019), su última novela, es una reformulación de La metamorfosis y en Las regiones inferiores de la muerte (2018) aparece Vila-Matas como personaje.
Debido a este profundo conocimiento de sus referentes que se observa en sus novelas y cuentos, no es extraño que Pujante, que también es crítico e investigador, haya publicado este ensayo titulado La invención de la realidad, que recoge treinta y ocho artículos de tema literario. Colaborador habitual de varios medios de comunicación, el autor murciano maneja un estilo divulgativo, en el que mezcla con soltura la erudición y la amenidad. Además, la breve extensión de la mayoría de los artículos y la ausencia de algunas convenciones que lastran la fluidez de la recepción del ensayo académico (notas a pie de páginas, referencias bibliográficas) convierten este libro en una obra de gran interés para cualquier aficionado a la literatura, sea cual sea su nivel de conocimiento sobre ella. Pujante, además, tiene la capacidad de trazar genealogías entre obras que aparentemente están alejadas en el tiempo, en el espacio o incluso en el género (son muchas las películas que en el volumen se citan) para crear constelaciones culturales en torno a un tema determinado.
La invención de la realidad se divide en cuatro partes, de las cuales la primera es la más extensa y heterogénea. Tomando como formato la reflexión sobre un asunto relacionado con la literatura sustentada en diversos ejemplos de obras relacionadas con el tema elegido, en esta sección, homónima al libro, repasa varias de las grandes cuestiones que han obsesionado a los especialistas a lo largo de los siglos. Así, hay artículos dedicados al tema de la ficción, los inicios, los mitos, el colonialismo, los espacios de creación de los escritores, la “muerte” de la novela o los finales. También se visitan temas más extraños como la literatura creada desde la cárcel, la publicada post mortem, los farsantes o los personajes abúlicos. No faltan textos que se detienen en un autor concreto, Shakespeare, en una obra, Rayuela, o en un personaje, Hamlet.

Las otras tres secciones del libro están dedicadas a tres de las obsesiones del Pedro Pujante autor, por lo que se deduce de sus novelas y relatos, y, por lo que se ve aquí, también de su perfil como crítico. En los cinco artículos de la segunda parte disecciona algunos aspectos de la obra de Enrique Vila-Matas, demostrando una vez más un gran conocimiento de este narrador. En “Más allá de lo fantástico”, dedicada a este género, destaca el artículo sobre el rumano Mircea Cărtărescu, autor al que Pujante le dedicó recientemente un libro teórico. Esta interesante y amena colección de breves ensayos que es La invención de la realidad finaliza con otros seis textos, agrupados bajo el título de “En un futuro imaginario”, dedicados a géneros como la distopía o la ciencia ficción. 


domingo, 21 de junio de 2020

Sobre "La invención de la realidad" de Pedro Pujante



Por Pedro Diego Gil López
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Esta obra está edificada hacia lo alto de la literatura con una colección de sólidos artículos, que inciden en los motivos que tiene la ficción literaria para profundizar en la realidad de una forma amena y coherente.
Pedro nos muestra un complejo edificio lleno de interesantes cuestiones. Primero propone que nos asombremos contemplando la fachada desde la calle de la realidad que compartimos, decorada con hermosos frisos del mundo clásico, llenos de héroes que han ido forjando la historia. Luego, nos invita amablemente a entrar en la gran pirámide de la cultura, informándonos de que en sus muchas habitaciones viven todo tipo de escritores. Una vez en el hall, decorado con el buen gusto que tienen las novelas negras para crear tétricos ambientes, nos deja libres para elegir por dónde continuar la visita. Desde la curiosidad que propone su lectura, nos deja libres en un espacio donde desatar nuestras emociones. Podemos elegir descender a los infiernos de la mano de Orfeo, acompañando a Teseo, siguiendo los pasos de Gilgamesh, o quedarnos en el interior del laberinto de la planta baja, donde el plagio obsesivo oculta la salida, y sólo encontrando a Borges nos liberaremos de las trampas que encierra. Desde la crítica literaria, Pedro nos da la opción de ascender a las plantas superiores con el poder de la palabra, a través de una escalera donde nos abordarán complejos y síndromes enraizados en las mentes de variopintos personajes. Los rellanos de la escalera están ocupados por auténticos mitos, colocados adrede para que nos asalten y nos roben los recuerdos. Hay pasillos por los que circulan robots que ponen a prueba la supremacía del ser humano sobre la inteligencia artificial, y que nos incitan a entrar en salas asombrosas, donde se nos enseña un futuro lleno de excitante ficción a través de lecturas infinitas. La propia edificación, propone a veces iniciar una escritura enfermiza, donde pueden aparecer males que se adentran en la mente, como el mal de Montano. Por eso siempre hay que tener mucho cuidado con aquello que se lee, la conjura de las letras es muy peligrosa, y el edificio que ha construido Pujante para nosotros, está lleno de novelas que pueden secuestrarnos, hipnotizarnos, incluso, extraviarnos en ciudades donde se comenten crímenes de todo tipo. El recorrido que ha planificado Pedro por las páginas de la obra, la invención de la realidad, está repleto de bibliotecas interesadas en asaltar al lector, con vocecitas que lo primero que te cuentan es un buen chiste de humor negro. Por eso hay que tener mucho cuidado con tropezarte con Hamlet, porque al preguntarte tú mismo si este príncipe está loco o no lo está, Shakespeare te puede atrapar para que seas otro personaje más de su maravilloso teatro. Pedro te aconsejará con insistencia que entres en la habitación de Rayuela (Yo también te lo aconsejo) porque mitificar obras literarias es reducir demasiado el espectro reseñable de un mundo que debe estar abierto a todas las novedades, novedades o viento fresco que hacen levantar ancla de los viejos puertos, para que nunca deje de zarpar el gran barco de la creatividad, y conseguir que nunca muera la novela. Así seguiremos dedicándole el protagonismo a la mujer amada, al hombre amado, aunque ni ésta ni éste existan y haya que inventarlos. Sin duda nos ayudaran los héroes, a veces criaturas incomprendidas, que luchan contra todo tipo de males, actuando valerosamente o simplemente quedándose quietos sin hacer nada. De este modo tan ameno, acompañando a Don Quijote, se llega a la tercera planta, donde tiene la sede una agencia de viajes que vende billetes de avión, para viajar de un libro a otro, a través de esos agujeros de gusano que procura toda exitosa narración. Aparecen hábiles escritores que comunican con su magia unas historias con otras, sorprendentemente, cumpliendo con el ansia del lector de llegar siempre más allá de la última hoja, de ese final que se queda en el aire, cuando termina una buena historia.
Uno de los agentes preferidos de Pedro, Vilas-Matas, está dispuesto a espiarnos para saber cuáles son nuestras preferencias, que te interrogará sin piedad y te formulará la pregunta siguiente: ¿Tú que libro eres? Una buenísima pregunta, sí señor, le dije yo, cuando me lo encontré leyendo la obra, se debería preguntar siempre eso mismo, antes de empezar a hablar con alguien desconocido. Después de darle una buena respuesta, valorará nuestra sagacidad de lector y nos hará una oferta irresistible, viajar por el tiempo.
Bueno, ya tenemos viaje, es hora de seguir subiendo. En la cuarta planta, _esto puede ser un sueño_, me encontré tirado por el suelo un libro con el título La realidad ha muerto. Leo en la sinopsis que a la realidad la mató lo virtual, de ahí que haya que resucitarla, inventarla de nuevo, saber que hay algo tangible, poderoso y absorbente donde adentrarnos. Tal vez por eso, Pedro insiste en su obra en señalar que el lector y el escritor se deben dar la mano a menudo. Pues nada, hay que ir a ello, a buscar a ese escritor para sacarlo de su caverna. Subo a la quinta, y ¡sorpresa!, ya he encontrado a uno, al mismísimo Pedro Pujante. El tío está como ausente y yo con su libro en la mano, instante en el cual lo llaman por teléfono y se larga rápidamente, desapareciendo por las escaleras. ¡Ya te firmaré el libro en otra ocasión, perdona! Le oigo exclamar, ya en las profundidades del edificio. Siempre tenemos un doble nuestro en el otro lado del mundo, reza un cartelito junto al número cinco, pero no hago caso y entro. Ver a mi doble sería una pasada, en la literatura es un tema recurrente, como bien indica Pujante; siempre aparece el que quiere ser y el que no desea ser como es, el que ama y el que odia, el experto y el inexperto. Pero recordando esa maldición que dice: el que ve a su doble es que va a morir, abandono la planta y sigo ascendiendo. Después de subir tantas escaleras, en la primera habitación de la sexta, un gran sofá me propone que me tire en él. Placentero es hacerlo, recostarte cuan largo eres, y casi me quedo durmiendo en ese trance. Sin duda lo más parecido a soñar es leer y lo más parecido a leer es soñar, ¡qué placentero es estar rodeado de ricos sueños y buenos libros! Y seguir viviendo bien despierto, acumulando nuevas experiencias cada vez más reales. Abro la puerta de una gran sala cuyas paredes están pintadas con letras. Son las primeras frases de grandes novelas, el cebo que debe ocultar el anzuelo, pendiendo del invisible hilo de pescar, que la caña del escritor sostiene en la orilla de su inventiva. En el centro hay una escalera de hierro en forma de espiral que asciende a una trampilla. Subo, la abro y accedo hasta la azotea de este edificio literario que Pedro a construido para el deleite de sus lectores. Desde allí podemos ver que no somos lo que éramos, ni lo que fuimos, y que sólo se nos ve en un paisaje donde únicamente hemos sabido guardar nuestra apariencia. Puede que ese sea el inquietante mensaje que nos deja esta obra.
En lo más alto de la construcción, se ve una veleta con los cuatro rumbos. Éste es un buen libro para guiarte con tu curiosidad como nave, por los territorios y mares que hay entre la ficción y la realidad que moldea la literatura, para poder llegar a lugares increíbles, donde los límites entre lo real y lo imaginario no existen.


viernes, 20 de marzo de 2020

CUEVAS DE ESCRITORES

Las pequeñas habitaciones y refugios disciplinan la mente,
mientras las grandes la debilitan.
Leonardo Da Vinci



Hay un espléndido relato del escritor norteamericano
Nathaniel Hawthorne titulado "!Wakefield" (el cuento
Resultado de imagen de LONDRES MAR EDITORfavorito de Borges, también de los míos), en el que su protagonista
permanece encerrado en un apartamento durante
veinte años por voluntad propia. Yo le dediqué un homenaje literario en un cuento titulado "El último Wakefield", que se incluyó en la antología Londres. En mi cuento un escritor trata de imitar al personaje Wakefield, en un viaje que realiza con su novia a Londres. Es un cuento en el que procuré imitar el patetismo del cuento de Hawthorne, aunque con resultados desiguales.
Wakefield no era escritor
pero sí el reflejo, más o menos voluntario de su autor. El
novelista norteamericano, al parecer, permaneció durante
largas temporadas de su vida encerrado sin salir de su habitación,
escribiendo sus relatos, sus historias e incluso poniendo
por escrito sus sueños.
No es raro encontrar en la intrahistoria de la literatura
infinidad de casos de escritores que han pasado gran parte
de su vida encerrados, escribiendo y escribiendo con la
única meta de culminar una obra, de redondear una novela,
de perfilar un libro de poemas. La escritura, a diferencia
del alpinismo, es una escalada que se celebra en el interior.
Sí que es cierto que algunos escritores han precisado de la
naturaleza salvaje para inspirarse –D. H. Lawrence, Conrad,
Melville, Stephen Crane, Jack London...-, o de lugares bulliciosos
–Jardiel Poncela, César Aira...–. Otros incluso han
sido destinatarios de la inspiración en el proceloso mundo
de los sueños –Coleridge recibió de las musas su poema
Kubla Khan mientras dormía–; cuando cabalgaban: Walter
Scott concibió su poema Marmion mientras montaba a caballo;
y algunos, más modernos, en el asiento de su Ford
T, como se cuenta respecto a Gertrude Stein. Pero en su
mayoría, los escritores han precisado de tranquilidad, silencio
y espacios sin distracciones. El prototipo de escritor ermitaño
nos lo imaginamos como a Henry David Thoreau,
quien, para alejarse de la sociedad y sus gentes, construyó
con sus propias manos una cabaña en Walden en la que
vivió durante dos años. Hay otros que se han aislado del
mundo por problemas de salud, como ocurrió con la poeta
americana Emily Dickinson (¿melancolía, agorafobia?).
Dos de los casos más llamativos de cuevas literarias se los
debemos a los escritores británicos Bernard Shaw y Roald
Dahl. Ambos se escondían en cobertizos, aislados de todo
y de todos, para poder incursionar en sus mundos ficcionales.
Shaw incluso llegó a construirse una cabaña giratoria
Resultado de imagen de wakefield hawthorne
en el jardín de su casa de Hertfordshire, que se desplazaba
con el motivo de orientarla y aprovechar mejor la luz solar
de los grises días ingleses.
Dahl, por su parte, también se instaló en su cobertizo
para poder escribir. En su interior disponía de un sillón
orejero y una tabla sobre la que escribía a mano. Una casa-
escritorio, en la que todos y cada uno de los utensilios,
muebles y objetos funcionaban al unísono para que el autor
galés pudiese concentrarse y crear.
Aunque hay muchos más casos de escritores cavernícolas.
Por ejemplo, Mark Twain, quien escribía en una casita
octogonal en la ladera de una colina. Otro escritor es Neil
Gaiman, autor de cuentos y novelas gráficas. Durante
poradas se ausenta a su cabaña y allí encuentra la inspiración.
Según él mismo explica: «uso el gazebo por épocas. Lo
uso, lo abandono por cinco años y luego lo redescubro con placer».
Para acabar no puede faltar en esta lista incompleta de
agorafóbicos grafómanos la novelista Virginia Woolf, quien
precisamente escribiera el ensayo A room of one`s own. En
él explica la necesidad del escritor (más bien escritora) de
disponer de un espacio propio para dedicarse a la propia
escritura. Woolf, que vivía en el sur de Inglaterra, en una
zona rural, disponía de una cabaña en la que poder escribir
asiduamente. Allí concibió obras como Las olas, una obra
en movimiento, paradójicamente.
Quizá en otro lugar se debiera hablar de las obras concebidas
en prisiones, textos cautivos, como aquellos póstumos
poemas de Wilde, muchas de las obras de Sade, poemas
de Miguel Hernández o aquel que inventó la novela:
Miguel de Cervantes.

Texto incluido en La invención de la realidad (MurciaLibro, 2020)